Cochabamba, Bolivia, Domingo 3 de marzo de 2019
Revista Así

Héctor Sandoval: entre cámaras y trombones

Reconocido en el medio por su trabajo como fotógrafo, Pitty (como lo conocen), comparte su tiempo entre su profesión y la pasión por la música.
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Por: TEXTO: NICOLE ANDREA VARGAS FOTOS: MARCELO JAVIER MENESES V. | 03/03/2019

Héctor Sandoval durante una presentación de la Banda Intercontinental Poopó de Javier Gonzales.

Pasión, entrega, perseverancia y coraje son algunas de las palabras que definen a Héctor Sandoval Viscarra. Su arma de trabajo es una cámara acompañada de varios lentes, lista para disparar el flash cuando sea necesario. Ha cultivado ese oficio desde muy joven y, gracias a su labor, obtuvo el recono-cimiento profesional del medio en el que se desenvuelve.

Lo que muchos quizás no conocen de Héctor es que, cada cierto tiempo, se deprende de su cámara, se pone un traje colorido, un casco simbólico, toma su instrumento musical (trombón) y se lanza a las calles al compás de la Banda Intercontinental Poopó de Oruro, de la que es orgullosamente miembro.

La curiosidad, parte esencial de Héctor, lo llevó a incursionar en el mundo de la música sin tener ninguna preparación ni conocimiento previo. Pero, gracias a su determinación y constancia, logró, en pocos meses, ser parte de una de las bandas más importantes del país.



AUTODIDACTA

Oriundo del departamento de Oruro, se mudó joven a Cochabamba debido a unos problemas de salud de su abuela Enriqueta Viscarra.

Desde que era pequeño tenía una afición especial por la música de banda, cualquiera fuese el ritmo, lo importante era la sensación que le producía ese espectáculo.

En 2011 un amigo suyo le propuso integrarse a alguna banda para tocar en Carnaval. Al principio no le dio mucha importancia, pero después la idea cobró fuerza y, ese mismo año, se lanzó a Oruro a escoger a la que quería pertenecer.

Con la condición de que aprendiera, lo más rápido posible, a tocar cualquier instrumento musical, lo aceptó la Banda Intercontinental Poopó. Comenzó con el saxo soprano.

“Empecé como cualquiera. Haciendo ´gritar´ al ins-trumento. Más bien que vivo en una zona en la que la gente se va a trabajar temprano, porque si no, seguro que me botaban por todos los ruidos que hacía”, cuenta -en medio de risas- Héctor.

Dueño de un talento innato, aprendió a tocar a “oído”, escuchando los acordes y siguiéndolos. Su primera participación la realizó en la fiesta de la Virgen Santa Cecilia, en noviembre del mismo año.

El saxo lo acompañó hasta el año 2013 cuando decidió cambiar a trombón. Siguió con ese ins-trumento hasta el 2014 cuando la caída de una pasarela enlutó el Carnaval de Oruro.

“Unos 10 minutos antes de que caiga la pasarela, nosotros estábamos debajo”, cuenta Sandoval y añade: “Para mí fue muy duro. Eran mis compañeros de música. Después de que me enteré me retiré, dejé de tocar”.

Ese hecho marcó significativamente a Héctor y, sumado a que sus tiempos en el trabajo como fotógrafo cambiaron y eran más limitados, dejó de tocar hasta la festividad de la Virgen de Urcupiña del año pasado.

La experiencia ahora está de su lado. Se toma con más calma el oficio de ser músico y cumpliendo la promesa que le hizo a la Virgen, volvió a Oruro junto a sus fieles compañeros: el trombón y la cámara. l

Docencia

Desde su época en el colegio Alemán de Oruro comenzó a dar algunas clases a sus mismos compañeros sobre el uso de la cámara. Poco a poco halló el gusto en la docencia y se convirtió en una de sus actividades.

Los sociales y las fotos para revistas son la fortaleza de Héctor, quien, a partir de su experiencia, prepara sus clases y transmite su pasión por esta profesión.

Dictó clases en la Corporación Educativa Catec desde el año 2008 hasta el 2018, periodo en el que se relacionó con cientos de estudiantes que valoran su trabajo.

“Me gusta enseñar porque pienso de que no sirve de nada guardarse los conocimientos, eso hay que compartir”, dice Héctor.  



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