Cochabamba, Bolivia, Domingo 8 de octubre de 2017
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Lecturas sutiles

 ¿Qué significa tener un hermano?

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Por: ALEJANDRA TORRES SILES | 08/10/2017


Los padres y las madres suelen tener una

visión un tanto idealizada sobre la futura

relación que se entablará entre hermanos. Serán muy amigos, inseparables, uña y mugre, compartirán todas sus cosas y se querrán mucho. Pero esta visión idílica (relación amorosa) del asunto, con la llegada del segundo hijo, suele venirse muy a menudo abajo.

La causa de ello, es la aparición de los celos, afectando a ese primogénito que de pronto constata que ha llegado un intruso, que le arrebata una parte considerable del amor,

la entrega y el tiempo (en especial la madre) que se le dedicaba.

Sigmund Freud: lo llamó “complejo fraterno”. Jacques Lacan, psicoanalista francés, destacaba que los celos ocupan un lugar prioritario en la relación entre hermanos.

Estos debían comprenderse, a su juicio, afectando la constitución subjetiva, marcan la pasión en juego, el odio y el amor. La fraternidad estaba sellada de entrada por la “intrusión” de un semejante, llegada de un nuevo hermano, que el niño puede percibirlo como una intrusión. Es importante la posición que ocupa el “hermano (a)” en la familia.

El nacimiento de un niño va ocupar un lugar particular, es acogido en

el deseo de los padres. Si algo hace vivir al recién nacido, es la madre (la función de madre no necesariamente es la madre biológica). En el momento en el que tenga a ese bebé, va formando un deseo idealizado para cada hijo (serás doctor, poeta, modelo, cantante, etc.) un deseo enigmático, un deseo inconsciente que nos permite vivir.

Por lo tanto, todo dependerá del lugar que ese hermano vaya a ocupar para ese niño, sin olvidar el valor que los padres adjudiquen al recién llegado y de qué modo sigan tratando al primer hijo.

A la vez, este punto, es un misterio en la redistribución de sitios familiares. Reitero mi pregunta: ¿Qué cosa es un hermano? Todo hermano

es un semejante, es decir, un otro que participa del lenguaje, posee

una imagen, un cuerpo similar, pero diferente siempre al de uno mismo. Alguien con el que podremos compararnos, enfrentarnos y pelearnos, como un espejo. La presencia de hermanos suele desencadenar efectos contradictorios, pueden existir malos y buenos recuerdos, escenas que podrían haber sido olvidados, malentendidos o maldades cometidas entre hermanos.

El hermano puede presentar una función de dos caras: un compañero de juegos, el que guía y orienta incluso acompaña. Y otra de rivalidad, competir por el cariño de los padres, tareas en el colegio, relacionamiento con sus pares, etc.

¿Qué sucede con ese niño, que el nacimiento de un hermano, lo vive como una intrusión? rabietas y protestas, habla como un niño pequeño; escaso apetito, posturas desafiantes hacia los padres, familiares

y profesores, conductas agresivas con el hermano: pellizcarle, arañarle, morderle, mayor tendencia a padecer enfermedades; disminución

del rendimiento escolar.

Los celos, la envidia y la rivalidad entre hermanos, son estructuralmente inevitables dentro del psiquismo humano. Son sentimientos derivados de la estructuración psíquica que se produce tras la llegada de quien

antes no estaba en la familia y que de pronto muestra su presencia.

Este artículo nos permite mostrar desavenencias fraternales, los padres debiéramos intervenir lo menos posible; por supuesto si aparecen

insultos en extremo hirientes o agresiones físicas malintencionadas

es imprescindible la presencia.

Me parece que es esta una actitud prudente y necesaria para que

entre ellos mismos aprendan a resolver sus conflictos y a arreglárse-las en el ejercicio dialéctico del ceder y pactar; y en el duro ejercicio

de compartir.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse

con Claudia Méndez del Carpio, responsable de la columna,

al correo claudiamen@hotmail.com

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