Cochabamba, Bolivia, Domingo 10 de septiembre de 2017
Revista Así

Lecturas sutiles Mover-se para no estancar-se

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Por:  Isabel Mostajo Salazar | 10/09/2017
El ser humano a lo largo de la vida programa varios proyectos, que están a punto de realizarse o ya se concretaron, planes generados por el deseo, donde el sujeto se mantiene activo y útil para la sociedad, lejos del terreno de la depresión. Esto tiene un beneficio particular, el dar un respiro a la mente, liberar la energía puesta en el cuerpo, en este caso; la psiquis, para no exceder los pensamientos sobre problemas o dificultades por las que estemos atravesando evitando que juegue en contra nuestro, por tanto; si pensamos en lo mismo continuamente la energía se concentra y no se expande, no se libera, se queda en pensamiento puesta en el cuerpo, no existe una canalización, una vía de escape, una liberación.

Mientras más concentrada la energía, más densa se convierte, y a medida que pasa el tiempo, la angustia gana terreno y la depresión deja de ser una simple visita convirtiéndose en parte nuestra. Los pensamientos de índole tanática comienzan a construir formas inimaginables.

Generar planes, de alguna manera, llega a postergar el enfrentarse con el vacío, coloca un límite a eso que llamamos angustia. Permitirse estar activo, te mantiene pensando en qué vas a hacer mañana, pasado mañana, el mes y el año próximo. Causa deseo, provoca que te sigas moviendo, que te plantees como realizar esos proyectos, cómo encontrar la manera de ejecutarlos.

Eso sí, tiene que comenzarse, porque podría quedarse en ideas, solamente en imaginario,

sin llegar a concretar-se.

Una dimensión imaginaria muy seductora y cautivadora, pero vacía y, es necesario adentrarse en la vía simbólica es decir; que el proyecto se realice, más allá de los resultados, ir transitando-haciendo, para llegar a un saber-hacer, un saber que involucre al proyecto y a ti mismo en ese proyecto. Ir descubriendo como funciona, como funcionas en él, como se fusionan tú y él.

Un saber-hacer que se va dimensionando a medida que uno envejece. Son experiencias

que en un comienzo las tejes, y luego en cierta medida se van haciendo solas.

Puedo aludir a mi práctica clínica en la cual

acude un paciente que se encontraba dentro

del terreno de la depresión, un sujeto de 83 años, que despliega un deseo calado en lo más profundo de su ser, convertido en deuda consigo mismo, el de aprender a tocar guitarra.

Desde muy joven continuamente se imaginó tocando guitarra para conquistar y dar serenatas, y nunca lo realizó, porque sobraban las excusas para ir e inscribirse en una academia musical. Dentro de las sesiones, por un lado, el sujeto pudo poner en marcha su deseo y por otro,

el tiempo ha cobrado un valor muy distinto.

Decidió pasar clases de guitarra, y ha tocado en un teatro, en la presentación de graduación de su clase. Sus compañeros eran niños de 9 y 10 años, y ahí estaba él dando por primera vez un concierto, una serenata a su amada esposa.

La atmósfera en la actuación invitaba a perci- bir; el agradecimiento a los suyos, que tanto

lo apoyaron y tan generosamente le daban ánimos a continuar, y la satisfacción, el afecto de amor que el su- jeto sentía por

concretar ese deseo, soñado tantas veces, y situado dentro

de su historia y su subjetividad.

El sujeto se permi- tió el no renunciar, el insistir, para con-tinuar moviéndose, transitando-sé.

El proyecto operó como recurso simbólico, para mantener lejano al territorio de la depresión, sosteniendo al sujeto con entusiasmo en la vida.

De ello, obtenemos dos importantes conclusiones, la importancia de esbozar y contar con

proyectos que den sentido a la vida, y lo fundamental de materializarlos moviendo-se, para

hacer la vida.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio, responsable de la columna, al correo electrónico claudiamen@hotmail.com

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