Cochabamba, Bolivia, Domingo 13 de agosto de 2017
Revista Así

Lecturas sutiles La era de la angustia

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Por: Roberto Cueva | 13/08/2017
El psicoanálisis es una práctica que rescata la singularidad. El saber producido en el análisis de un sujeto no puede ser aplicado en el tratamiento de otro. El análisis del mismo síntoma en dos personas diferentes arroja determinaciones y causas radicalmente diferentes. Desde esta perspectiva todo síntoma es particular.

Sin embargo, la experiencia analítica permite circunscribir ciertas coordenadas subjetivas que constituyen lo que llamamos Subjetividad de la época. El sujeto de la experiencia analítica no es ahistórico, sino epocal.

Esto nos permite aislar síntomas sociales característicos de cada época; y así como afirmamos que el síntoma patognomónico del siglo XIX fue la insatisfacción (por represión) del deseo, formulamos que el síntoma social propio del siglo XXI es la angustia.

Vivimos en la era de la angustia y encontramos su presencia no solo detrás de los síntomas clínicos más habituales sino además detrás de las acciones y de los modos de vinculación característicos de nuestra época.

Prácticamente no hay una sociedad en cualquier zona del planeta que no viva bajo los efectos de la angustia: sea que se la vincule con la posibilidad de ataques terroristas o se la relacione con los efectos de la acción de grupos económicos transnacionales que producen la miseria de poblaciones enteras, o con la “invasión” de estos indigentes a los países económicamente más desarrollados, o con el envenenamiento del medio ambiente por la utilización de agroquímicos y el calentamiento global, o con la posibilidad de una contienda bélica de carácter planetario, o con –más modestamente- la posibilidad de perder el trabajo y no poder mantener y educar a los hijos.

El psicoanálisis postula que el hombre del siglo XXI ha perdido su lugar en el orden social porque este “se ha desordenado” y las instituciones en que este orden se encarnaba se diluyen progresivamente: el rol cardinal de la familia se licúa a favor de saberes especializados que enseñan cómo se debe educar; las figuras de autoridad (herederas del padre) languidecen, las naciones-estados dejan su lugar al mercado mundial y los ciudadanos se convierten en consumidores.

El debilitamiento y la progresiva caída de este orden (eminentemente simbólico) barre con las identificaciones subjetivas “clásicas”, que son sustituidas por modelos pret-à-porter provistos por el mercado; las manifestaciones subjetivas se aplastan y crece, cada vez a un ritmo más sostenido, la incidencia de las imágenes, la sujeción a los objetos que nos provee la técnica y el empuje a encontrar, en ellos, nuestra única forma de satisfacción.

No es de extrañar la omnipresencia de la angustia, de la vida amenazada por los ataques de pánico que presentifican, a su manera, la disolución de todas las coordenadas subjetivas. No es de extrañar la búsqueda (a veces torpe) de un ámbito

en que lo subjetivo se aloje. En estas condiciones, el psicoanálisis del siglo XXI juega su partida.



NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio, Responsable de la columna, al correo claudiamen@hotmail.com Visítanos en Facebook: LECTURAS SUTILES








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