Cochabamba, Bolivia, Domingo 14 de mayo de 2017
Revista Así

Lecturas sutiles Acerca del “Costo hundido”

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Por: Diego Maldonado Vallejos | 14/05/2017



¿Son inteligentes las decisiones que tomas a menudo?

“Estoy tres años estudiando derecho y no me gusta nada la carrera; pero ya que lo empecé, pienso terminarlo”; “mi negocio no funciona; como he invertido tanto dinero no puedo dejarlo. Tengo que invertir más para salvarlo”; “me enteré que mi pareja me es infiel; pero la perdono. Ya estamos cuatro años y no podemos terminar así”.

Estos, y muchos más, son ejemplos de “la falacia del costo hundido (o irrecuperable)”. Este es un efecto cognitivo que se hace presente en los seres humanos y generalmente nos impulsa a tomar decisiones

que no nos convienen. Lo curioso del costo hundido

no es el gasto per se, sino la influencia que provoca

en las decisiones posteriores: cuanto más inviertes en un proyecto, sea cual sea, más te atas emocionalmente a él; y más se te dificulta el abandonarlo.

Caemos en esta trampa más a menudo de lo que nos gustaría reconocer. Si te tomas un momento, seguro puedes pensar en muchos eventos en que te viste en una situación así.

¿Por qué son las personas vulnerables a este efecto?

Porque a nadie le gusta perder. Punto. Actuar así

es parte de nuestra naturaleza, no siempre podemos evitarlo. El no aceptar la realidad es poner un velo imaginario y, por ende actuar de manera irracional. ¿Inofensivo? Para nada, en el peor de los casos te sitúas en un callejón sin salida por mucho tiempo.

Abandonar un proyecto en el que has invertido emociones, energía y recursos es asumir que nunca recuperarás en totalidad esos recursos. Dichas situaciones están, por tanto investidas de afecto, y alimentan el imaginario del “más vale malo conocido...”, empujándonos a decisiones que no necesariamente son las que nos brindan beneficios.

¿Qué hacer al respecto?

Si una situación no va a mejorar, sin importar cuántos recursos, energía y tiempo les inviertas, es mejor (más saludable) abandonarla. Al cavar un agujero en el lugar equivocado no debes hacerlo más profundo. Lo lógico es salir de allí a la brevedad posible; mientras más se posterga, más le cuesta a uno volver a la superficie. Aunque hayas invertido recursos que ya no son recuperables, el conocimiento no te lo quita nadie, adquieres elementos que pueden servirte más en el futuro. Desde esa perspectiva, quizá resulte menos doloroso abandonar algo.

Enfrascándote en una carrera que no te apasiona, un proyecto que no tiene dirección o una relación disfuncional, estás quitándote la oportunidad de estudiar algo que te guste, empezar un proyecto que sea sustentable, o darte la oportunidad de conocer una persona que valga la pena.

Busca ser consciente de cómo te afecta el costo hundido al tomar de decisiones. No siempre es posible cambiar cómo te sientes; pero sí es viable detectar cuando estás siendo irracional, y actuar en consecuencia, aunque el “instinto” te diga lo contrario. El poder lo tiene uno mismo.

Piénsalo. El tiempo es demasiado valioso como para gastarlo en un callejón sin salida. Acepta tus errores, elabora duelo y sigue adelante. La infinidad de posibilidades que ofrece la vida es solo una de las cosas que la hacen tan bella.

NOTA: para cualquier consulta o comentario sobre la columna, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio al correo claudiamen@hotmail.com

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