Cochabamba, Bolivia, Domingo 7 de mayo de 2017
Revista Así

Lecturas sutiles Medicación y psicoanálisis

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Por: Mariela I. Camacho Subieta | 07/05/2017



Actualmente, los fármacos son usados y prescritos para solucionar todo tipo de males. Se entiende por medicación a una prescripción que después de un estudio, caso por caso, tiene el objetivo de acortar un malestar que es meramente biológico; se habla de medicalización para designar el uso de fármacos como una solución o tapón a las interrogantes de una persona con padecimientos o sufrimientos propiamente humanos y no de orden biológico, aunque estos afecten en cierta medida al cuerpo,

lo que implicaría una reducción de todos los

malestares a lo orgánico.

La medicalización encuentra su sostén en el “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM, por sus siglas en inglés)”, manual que ha extendido las patologías a casi todas las conductas y emociones humanas, situando como anomalías malestares comunes que ahora pueden explicarse en lo orgánico y un compuesto químico.

La masificación del uso del medicamento se encuentra relacionada con un mandato que rige a la sociedad actual “el estar siempre bien”, una satisfacción permanente que elimine todo tipo de sufrimiento, dolencia o pesar. El fármaco ha hecho posible callar pasiones, deseos, insatisfacciones, angustias, preguntas sobre la existencia, estrés y otras. Lo contemporáneo exige una satisfacción que debe ser constante e inmediata y al parecer obligatoria.

Pero, es imposible eliminar la angustia, toda persona se confronta a experiencias dolorosas porque para lo humano es imposible que todo funcione, cuando la angustia emerge existen dos vías para su tratamiento, la primera está relacionada con una búsqueda individual, aquella que a la luz de la época parece una rareza.

La segunda encuentra respuesta y tratamiento en un saber colectivo, mediante el uso de medicamentos, drogas, y otras modalidades. La fe puesta hacia el fármaco puede estar motivada en tres tipos de registro: en el primero, se encuentra la esperanza de volver a la normalidad, no pensar sobre la responsabilidad de ese malestar, no angustiarse, no deprimirse, alejar lo extraño, refugiarse en el supuesto efecto de bienestar provisto por la ciencia.

En el segundo, el medicamento es visto como un amo, mismo que tiene un nombre más allá de lo genérico, ya sea rivotril, prozac, viagra, clonazepam, ritalin y otros, es el responsable del bienestar, tiene el poder sobre quien lo consume y asegura evadir la responsabilidad subjetiva.

Sin embrago, en lo real ese medicamento que manda, que rige una satisfacción o la mantiene haciendo que la persona se aferre a ella, solo otorga un alivio momentáneo, alivia un malestar sin encontrarle una solución al problema de origen.

La necesidad cada vez mayor de tratar malestares comunes con medicamentos hace pensar que con el tiempo los seres humanos van perdiendo la capacidad de lidiar con las emociones más propias de esta condición. Si el medicamento silencia lo humano, reduciendo todo malestar a lo orgánico, el psicoanálisis abre otra vía de tratamiento.

No pretende acallar nada, habilita un lugar donde se pueda hablar sobre eso,repensar las vías por las que una persona se encuentra en esa situación y qué responsabilidad tiene en ello para que sea el mismo sujeto quien encuentre un camino diferente, encontrando así su propio sentido.

Lo que se trata es de guiar hacia el conocimiento de sí mismo que permita registrar cuál es la raíz de ese sufrimiento, para luego reconocer como uno se encuentra implicado en ese padecimiento, saber sobre sí, que aunque lleve tiempo, y no prometa un alivio, es necesario para que se pueda confrontar el vacío estructural, al que cada uno debe inventarle una solución, no promete curas imposibles, sino una invención más soportable.



Nota: Para cualquier consulta o comentario sobre la columna, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio al correo claudiamen@hotmail.com Visítanos en Facebook : LECTURAS SUTILES





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