Cochabamba, Bolivia, Domingo 12 de febrero de 2017
Revista Así

Lecturas sutiles La venganza una respuesta fallida ante la frustración

Aumentar tamaño de letra Dismuir tamaño de letra Dismuir tamaño de letra Dismuir tamaño de letra Dismuir tamaño de letra VOTAR
  • Actualmente 0
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
RESULTADO
  • Actualmente 60.813953488372
Compartir
Por: Claudia Sandra Palau | 12/02/2017
La venganza es un sentimiento que intenta mitigar el profundo dolor que se experimenta frente a una frustración.

Ante lo insoportable, angustiante de la insatisfacción el sujeto intenta resarcirse planeando su venganza, algo que ponga al que supone responsable de su tristeza, en las mismas condiciones.

Que otro sufra, que se sienta humillado, que padezca el mismo maltrato.

Freud en “Introducción al Narcisismo” plantea que el sujeto enfermara, si por causa de su frustración no puede amar. En los casos de venganza, lejos del amor, nos encontramos con la contra cara, el odio que busca encarnarse en un

destinatario.

El sujeto con su sed de venganza, lejos de amar alimenta el odio. Por este motivo, toma una aparente distancia de la triste realidad en la que habita y se dedica a que prolifere su hostilidad planeando estrategias que tengan como único destino el perjuicio del rival.

Freud en la disolución del complejo de Edipo afirma que el rival es aquel que representa para el niño un obstáculo frente a su satisfacción. En estos casos, como una suerte de repetición de aquellas experiencias vivenciadas durante la infancia, aparece un nuevo rival hacia quien dirigir su furia.

El sujeto procura mediante la venganza obtener un alivio de su malestar causado por la frustración, una salida frente a lo insoportable de las interminables preguntas del neurótico.

En lugar de los interrogantes es tomado por los laberintos tramposos poblados de amplias variedades de ideas crueles, que en la mayoría de los casos no se llevan a cabo y que son solo una respuesta infantil frente a la angustia castratoría.

El Otro pasa a ocupar la mayor parte de su interés, está pendiente, calcula, observa que le puede llegar a molestar. Ese otro odiado pasa a ser la idea central de su preocupación, de este modo, intentando perjudicarlo, se perjudica, ya que su realidad comienza a tener un objetivo, lejos de obtener satisfacción, intentando elaborar su dolor, es nuevamente víctima de otro engaño, supone que el alivio llegara luego de producirle sufrimiento al rival.

¿Y después qué?, ¿Cuál será la nueva meta?

Creo que la principal dificultad consiste justamente en la meta, que de no poder llegar a sublimarse alcanza niveles verdaderamente destructivos, que en la mayoría de los casos termina atentando contra el propio sujeto. Es común en los casos de crímenes por venganza que luego de cumplirse con el objetivo, muere quien lo lleva adelante, ya sea por suicidio o por enfermedad. Lo intenso, constante de la pulsión de muerte no logra saciarse, siempre se pone en marcha un nuevo desafío, que aunque en apariencia simulen ser disimiles, en el fondo son muy similares. Se trata de fuerzas que se originan y nutren de la misma fuente, lo mortífero, el tanatos, eso que se pone en marcha de forma feroz y que no llega a ser tamizado, descargado e inviste en forma atroz.

Por lo tanto lejos de superar la frustración, la venganza como un intento infantil de superar el malestar, arrastra al sujeto a su propia destrucción, ya que ese sentimiento hostil es la ruta directa que lo conduce a la enfermedad o a la muerte.






Copyright © 2003-2017 Opinión. Todos los derechos reservados.