Cochabamba, Bolivia, Domingo 24 de marzo de 2019
Ramona

Esa chapuza que llamamos cine boliviano

El estreno del filme Avaroa. El sol de gloria, de Camilo Maldonado y Omar Terrazas, da lugar a una disección de algunas de las taras del cine nacional y de la bolivianidad.<BR>
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Por: Santiago Espinoza A. | 24/03/2019



Ha querido la fortuna que el Día del Cine Boliviano coincida este año con el estreno de Avaroa. El sol de gloria, una película nacional escrita y dirigida por Camilo Maldonado y producida por Omar Terrazas. (La alusión a ambos no es gratuita, pues la campaña promocional y los créditos del largo sugieren que Terrazas, quien reivindica la “idea original”, pugna por ser más visible como autor del filme que Maldonado.) Y ya se sabe que la fortuna suele ser una malparida.

De Avaroa (y no Abaroa) podría decirse que es el peor regalo posible del cine boliviano a la figura de Luis Espinal, en cuya memoria –por la fecha de su asesinato, el 21 de marzo de 1980– se creó el día para celebrar la cinematografía nuestra. Alguien cruel, no yo, podría afirmar que una cinta de su calaña podría enfurecer a Espinal, crítico, periodista y realizador de cine, tanto –o más– como debió hacerlo ese documental caricaturesco de Eduardo Pérez Iribarne, titulado Lucho San Pueblo. Algún otro irrespetuoso, tampoco yo, diría que el filme de marras fue pensado para alterar la paz eterna del héroe del Topáter.

La película del tándem Maldonado-Terrazas –quienes antes que pelear por su paternidad, bien podrían exigir exámenes de ADN para que no les achaquen a tan desafortunada criatura– es un despropósito cinematográfico casi total, que parece más un homenaje involuntario a Boquerón, de Tonchy Antezana, que a la memoria del mártir marítimo boliviano. Es un proyecto oportunista y patriotero que apela a la memoria de nuestra más dolorosa herida colectiva como país, la pérdida del Litoral ante Chile, para confeccionar un largo artesanal y colegial de pretensiones históricas, tan mal contado (¿tan plana y aburrida habrá sido la vida y muerte Avaroa?), ambientado (nunca aparece el mar y todo pasa en la campiña cochabambina), actuado (solo se salva Francisco Bayá en el papel de un coronel roto), musicalizado (con una mezcla de melodías de juegos electrónicos con guitarras sintéticas de porno soft) y postproducido (los efectos de balazos y explosiones son más de Atari que de PlayStation, mientras que las heridas con sangre parecen inspiradas en el Test de Rorschach y las señales de Arrival), que, además de las inevitables carcajadas, produce pena y hasta ternura. Hubo buenas intenciones, quiero creer, pero nada más. La misma historia de siempre para condescender nuestro peor cine.

La película falla en casi todo lo que podía haber fallado y hasta en lo que no podía. Lo único que funciona apenas, y solo por unos segundos porque es conjurado por la torpeza de sus hacedores, es el registro documental inicial del 1 de octubre de 2018, día en que Bolivia volvió a perder el mar ante Chile, esta vez, “por culpa” de La Haya. (Imagino que, como casi todos los bolivianos, sus productores creyeron que la Corte Internacional de Justicia nos daría la razón y, con ella, la excusa perfecta para sacarle plata a una taquilla embebida en los fastos del triunfo que no fue ante Chile.) De ahí en más, se prodiga en una antología de dislates que no me merece mayor comentario (más aún habiendo en estas mismas páginas una crítica exclusivamente abocada a ese propósito). Lo que, en verdad, me interesa de Avaroa es su cualidad caleidoscópica para revelar las señas de nuestro cine –más– chapucero (¿o chapucero cine?).

A su manera, Avaroa revela la chapuza con que suele acometerse una parte sustantiva del cine boliviano: con más entusiasmo que talento, con más improvisación amateur que oficio técnico-narrativo, con más clichés que ideas. Es más, si la defensa de Calama fue tan chapucera como la muestra el filme, tan chapucera como su propia realización, tan chapucera como una parte sustantiva de nuestro cine, no debería sorprendernos que nos hayan despojado del mar con la misma facilidad con que se le quita un chupete a un niño.

Se me ocurre que la chapuza está lejos de ser solo una seña de identidad de nuestro cine. Intuyo que se trata, más bien, de una cualidad idiosincrásica de la bolivianidad. Así que el estreno de Avaroa no podía ser más oportuno para celebrar la chapuza con que solemos hacer cine en Bolivia y con que solemos ser bolivianos. ¡Feliz Día del Cine Boliviano! ¡Feliz Día del Mar! ¡Feliz Día de la Chapuza Nacional!

Periodista – santi.espinoza@gmail.com

II Jornadas de Cine Boliviano. Lugares de la Mirada



El Centro Cultural de España en La Paz, la Cinemateca Boliviana e Imagen Docs realizan las “II Jornadas de Cine Boliviano. Lugares de la mirada”. Esta actividad se desarrolla en el marco de la conmemoración del Día del Cine Boliviano -21 de marzo- y la conmemoración del trigésimo aniversario de la película La Nación Clandestina (Bolivia, 1989), del director y guionista Jorge Sanjinés.

En 2017 se celebraron las “Primeras Jornadas de Cine Boliviano: La mirada cuestionada”. En esta ocasión se interrogaron las formas en que miramos y en la que nos mira el cine. Para ello nos acercamos a las pedagogías de la mirada, la crítica cinematográfica, las representaciones sociales en el cine nacional y la obra de Jorge Sanjinés.

Para estas “II Jornadas de Cine Boliviano: Lugares de la mirada”, reflexionaremos sobre las relaciones que establece el cine con otros cuerpos e imaginarios, como también con otras esferas de lo sensible. Pensar el cine y el lugar de la mirada que este proyecta y construye afecta a su producción y su consumo. Por ello, es necesario establecer un espacio de discusión y divulgación de estudios y sensibilidades sobre temas que afectan a nuestra cultura cinematográfica nacional.

El Centro Cultural de España en La Paz, la Fundación Cinemateca Boliviana e Imagen Docs tienen el agrado de invitarles a las “II Jornadas de Cine Boliviano: Lugares de la mirada”, que se desarrollarán en las instalaciones de la Fundación Cinemateca Boliviana entre los días 25 y 29 de marzo de 2019.

Ingreso libre

· Sala Luis Bazoberry / Cinemateca Boliviana

Programa

LUNES 25 // 19.00H

Cuerpos en el plano, corporalidades en el cine boliviano

Participan: Claudia Joskowicz, Ana Rebeca Prada, Mijail Miranda

Modera: Juan Fabbri

MARTES 26 // 19.00H

Imaginando Bolivia

Participantes: Diego Mondaca, Yolanda Mamani, Aldo Padilla

Modera: Santiago Espinoza

MIÉRCOLES 27 // 19.00H

Cine y política. Imaginarios políticos en el cine boliviano

Participantes: Alfonso Gumucio, Santiago Espinoza, Andrés Laguna

Modera: Aldo Padilla

JUEVES 28 // 19.00H

Arte contemporáneo y cine

Participantes: Juan Fabbri, Sebastián Morales, Alba Balderrama y Daniela Franco

Modera: Sergio Zapata

VIERNES 29 // 19.00h

· Exhibición de La Nación Clandestina - 30 años-

Sala 1 – Cinemateca Boliviana

Conversatorio “Jorge Sanjinés en el cine boliviano”

Participa: Andrés Laguna



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