Cochabamba, Bolivia, Domingo 28 de enero de 2018
Ramona

A don Nicanor, desde Sopocachi

Sobre una dedicatoria del fallecido poeta Nicanor Parra a quien fue el gran amor de su hermana Violeta, el también músico Gilbert Favre.
Aumentar tamaño de letra Dismuir tamaño de letra Dismuir tamaño de letra Dismuir tamaño de letra Dismuir tamaño de letra VOTAR
  • Actualmente 0
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
RESULTADO
  • Actualmente 0
Compartir
Por: Claudio Sánchez | 28/01/2018



La muerte de Nicanor Parra es suficiente motivo para preguntarse por él en Bolivia. Poco sé de que si estuvo o no en nuestro país, que si alguna vez viajó hasta estas tierras en las que su hermana Violeta Parra vivió el gran amor de su vida con Gilbert Favre, destacado quenista suizo que fue miembro fundador del recordado grupo Los Jairas. Lo que sí sé, es que tengo una historia por contar sobre estos tres personajes, a quienes hoy reúno, con la memoria, en la ciudad de La Paz.

¿Qué queda de los que se van? Esta podría ser la gran pregunta para empezar el relato. Aunque poco quede de verdad en él. Lo que es cierto es que, durante varias décadas, reposó en uno de los estantes de la biblioteca de mi abuelo un libro con un título ya mítico para las letras universales: Poemas y antipoemas de Nicanor Parra, en su tercera edición publicada en 1967 por Editorial Nascimento (Santiago de Chile). Más allá del valor intrínseco de esta obra, este ejemplar en particular tiene un “algo más” que lo hace diferente y único.

En su primera página, nada más al abrir el libro de tapas blandas, se encuentra una dedicatoria hecha de puño y letra por el propio poeta: “Al gringo Gilbert Favre, que le puso las cuatro peras al Dios Pan. Su hermano chileno Nicanor Parra. La Reina, 67”. ¿Qué es aquello que aquí se esconde/atesora? Hay en las palabras dedicadas que se esparcen en las primeras hojas de los libros más que simples oraciones, muchas veces hay ocultos mensajes que tan solo los directos involucrados (autor-lector) pueden entender, y que quedan para la posteridad como atalayas a donde retornar cuando uno vuelve a los libros, que son siempre puertos para retornar y/o partir.

La dedicatoria tiene al menos dos detalles que pueden ser fácilmente entendidos y puestos a consideración de cualquier lector. Se trata del lugar y la fecha desde donde se escriben estas palabras, aunque la fecha también tenga tantas posibles interpretaciones como alguno de los poemas de Nicanor.

La Reina es lo que se llama una Comuna en Santiago de Chile. Fue allí que Violeta Parra instaló la Carpa que, así como se la nombra, en su literalidad fue eso: una carpa de circo. Sin embargo, este espacio tenía un objetivo noble y su existencia encontraba motivos importantes desde el planteamiento inicial de su función. La Carpa de los Parra debió ser un centro cultural con dos grandes objetivos, la formación académica y la investigación del folclore durante el día, y en su faceta nocturna ser la peña que cobije a los artistas que quieran expresarse. Si bien al principio los objetivos se cumplieron, no fue fácil mantener encendido el espíritu de este espacio. Luego de una breve época de decadencia, que coincidió con una profunda depresión de la cantante, fue La Reina el testigo mudo que el 5 de febrero de 1967 soportó el suicidio de Violeta.

“La Reina, 67”. Así termina la dedicatoria de Nicanor Parra para Gilbert Favre. Mismo año, mismo lugar de la muerte de Violeta. Se pueden formular nuevas y más preguntas, aunque a esta altura de la vida ya nadie pueda dar respuestas. Ninguno de los tres protagonistas de esta historia tiene palabras sobre esto que ha quedado escrito. Ambos, Parra y Favre, ya no están en este mundo. Nicanor falleció –también– en la Comuna de La Reina, donde tenía ubicada su residencia.

El libro autografiado por Parra, que durante tantos años ocupó un lugar en esta biblioteca ubicada en Sopocachi, guardará por siempre el secreto, la energía con la que escribe el poeta cada una de sus palabras para el músico que su hermana tanto amó, y por quien Violeta Parra escribiría la tan famosa canción “Gracias a la vida”.

Valga esta nota para recordar que la canción fue escrita durante su estadía en la ciudad de La Paz en la mismísima Peña Naira, que estaba ubicada en la calle Sagárnaga, muy cerca a la basílica menor de San Francisco.

“Gracias a la vida” es el tema que abre Últimas composiciones, el último disco que grabó Violeta Parra. Es en ese LP que también se encuentra la desgarradora composición “Maldigo del alto cielo”, luego de la cual, y como final del lado A, se encuentra la famosa “Cueca de los poetas”, que termina como deben terminar estas cosas, con un: “Corre que ya te agarra/ Nicanor Parra”.

A sus 103 años falleció Nicanor, quien de seguro ha dejado en Bolivia más que una dedicatoria para un suizo escrita en su libro. El tiempo dirá con sus propias absoluciones qué es lo que Parra deja en este país. Serán solo sus palabras las que aquí permanecen en sus poemas, o hay también cierto azar que todavía falta ser contado por quienes aún quedan y compartieron con Violeta y Gilbert la noche y su música en esta ciudad de La Paz, protagonista silenciosa del gran amor/desamor de estos dos artistas, a quienes hoy los nombramos celebrando la vida con sus misterios y glorias.

Crítico e investigador de cine - mardecine@gmail.com



  • QUIENES SOMOS:



Copyright © 2003-2018 Opinión. Todos los derechos reservados.