Cochabamba, Bolivia, Domingo 7 de enero de 2018
Ramona
[La Lengua Popular]

Mañana es mejor

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Por: Iván Gutiérrez M. | 07/01/2018



Cada que iniciamos un año, en él adherimos todos nuestros deseos de conquista, de estar mejor. Existe una extraña sintonía en la forma en la que afrontamos el final de cada año y nos disponemos a encarar lo que vendrá. Hay un deseo casi inocente de creer que es posible tener algún tipo de control sobre todo ese otro que termina invadiéndonos, haciéndonos a veces tan eternos y, en la misma proporción, tan microscópicos.

A los pocos días de haber pasado la fiesta de fin de año, he escuchado historias desde las más hogareñas, románticas, de desamor, de bailes, de meditación, de salud energética, de pasividad, y de patéticos viajes a provincias para encerrarse en algún hotel junto a todo el aparato discursivo de una vida de destrucción basada en una exagerada y falsa vida irreverente y carente de genialidad. En todos, en alguna medida, existe el espíritu de sobrevivencia. Queda implícita, a pesar de lo impuesto de cada historia, la intención de cicatrizar lo que fuimos en ese panteón de los 356 días ya consumidos.

Todas las personas en sus vidas tienen una historia tejida en la posibilidad de lo imposible. Todas las personas en algún momento han sentido que estaban siendo parte de algo totalmente irrepetible. Todos, debajo de los ojos, conservamos un amor que nos ha dejado, y ese es el que regula la potencia de nuestra mirada. Todos hemos sufrido un adiós y, a partir de esa fractura, hemos desechado todas las ficciones de lo imposible para, en esos mismos términos, volvernos pesimistas, realistas, maduros, escapistas, incrédulos, cobardes.

Tengo varios amores en mi vida: la literatura, que hasta este momento no me abandona y yo de vez en cuando suelo dejarla; mis amigos que quedan y para nada no los que se fueron, el fútbol, el boxeo, mi familia, mujeres, el cine, los autos, las motos, los tatuajes y la música. Todos en alguna proporción me han abandonado o con dificultad he sido yo el que se ha alejado. Pero el último es el que siempre me recuerda el peso de la palabra sobrevivir. La música no solo es un amor particular, sino es la que congrega a todos esos amores convocados. Hay algo especial, de sobremanera mágico al observar pasar la vida en un par de minutos desarrollándose en una canción. Creo que por esos minutos la palabra sobrevivir cobra la extensión del cielo.

Embajada Boliviana es una banda punk argentina fundada en 1992. Llegué a saber de ella por la cercanía que tenía el emblemático y genial Ricky Espinosa, vocal de Flema, siendo parte de una movida rica en propuesta para el movimiento punk. No sé los motivos exactos del nombre, pero me entusiasma saber que exista una banda con ese nombre.

Con el tiempo, Julián Ibarrolaza, el vocalista, emprendió un proyecto como solista. Lo único que puedo decir es que cada canción está envuelta en tal sinceridad, dulzura y libertad que, al reproducirla, quema los oídos. Ibarrolaza es un sobreviviente de todo el convulsionado movimiento punk argentino de los 90. Pero es un sobreviviente que genera fuego, ese cálido, el que está bueno para reservar al borde de la cama, antes de que el mundo se vaya a la deriva. Ese fuego es el que Julián manipula en la guitarra y en la delicada voz.

“Sos el par mil en la habitación donde te quedaste un día. / Sos el reloj soñador en mis horas preferidas” (Canción: “Par mil”).

“La ciudad se queda sola luz del alma conexión. / Los pianos desafinan amor para los dos mañana es mejor. (Canción: “Mañana es mejor”).

“Las horas pasan/ fantasmas viajan/ flotando van/ sin rumbo/ ansiosos por volver” (Canción: “Amores cruces”).

Todas las decisiones tienen una carga dolorosa y bella. Y de repente, en la última instancia del tiempo, podemos dejar alguna de ellas sueltas en ese amplio mar del olvido, y a la vez podemos dar la bienvenida para que las nuevas se tornen en cargas más amenas, más necesarias y menos puntiagudas.

Iniciamos el año de La Lengua Popular con la voz de Julian Ibarrolaza, esperando que todas nuestras decisiones sean mejor mañana, que canten con la sobrevivencia bien sintonizada. Esperando que cada anillo que ponemos en el dedo tenga el peso de la autenticidad siempre, el deseo de la voluntad intacto. Porque mañana es mejor, a pesar de que cada pérdida posee de bueno el circulo vacío que deja. Nada impide volver a llenarlo, volver a darle la bienvenida. ¡Salud! Iniciamos La Lengua Popular. Que les sea grato.

Filósofo y escritor - gutimoscovan@gmail.com





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