Cochabamba, Bolivia, Domingo 24 de diciembre de 2017
Ramona
CINE/COLUMNA

El último Jedi, sin spoilers

Sobre la película estadounidense dirigida por Rian Johnson y actualmente en carteleras del país.
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24/12/2017



Digamos que un fanático de Star Wars es un religioso ortodoxo (los fanáticos de Star Trek también, pero son menos ortodoxos). Digamos que tiene una doctrina que inició con Episodio IV: Una nueva esperanza. Su biblia son las primeras tres películas que salieron entre 1977 y 1983. Las frases que dicen los personajes son casi versículos y las utiliza en la vida diaria.

Como religioso, niega que exista otra película perfecta frente al canon original (Una nueva esperanza, El imperio contraataca, El retorno del Jedi). Incluso, niega al padre (George Lucas) cuando decidió remasterizar el canon clásico. Y quiso crucificarlo cuando decidió dirigir las precuelas (La amenaza fantasma, El ataque de los clones, La venganza de los Sith).

Como religioso, niega que existan errores en el canon clásico (¡son películas perfectas!). Por ejemplo, que Obi Wan Kenobi hable de su pupilo, que hasta ese entonces ni siquiera era el padre de Luke. Por ejemplo, que un soldado del imperio se haya golpeado la cabeza con una puerta de una nave. Para el fanático de Star Wars, cada error tiene una explicación (algunos lo llaman fe y otros, la fuerza).

La realidad es otra: cuando George Lucas decidió filmar contra viento y marea Una nueva esperanza, creía que iba a ser solo una película y no una saga (por eso trató de asegurar su vida vendiendo todos lo derechos del filme a la 20th Century Fox y él decidió quedarse con los derechos de marchandising: muñecos, juegos, etc.).

George Lucas apostó por lo seguro (o era su ascenso o era su destrucción en el mundo de Hollywood). Imitó mucho de la trama de La fortaleza escondida, dirigida por Akira Kurosawa. Y sacó a flote una primera película que debía llamarse Adventures of Luke Starkiller, as taken from the Journal of the Whills (luego solo se llamó Star Wars).

El proyecto fue concebido como una película de clase B que era para niños y terminó siendo uno de los primeros blockbusters (grandes producciones) más taquilleros de la historia. 40 años después, los fanáticos de Star Wars se rasgan las vestiduras con el nuevo episodio: El último Jedi (en España lo titularon Los últimos Jedi).

Es que un religioso nunca aceptará el cambio (para él es la muerte de toda su concepción de vida, de su cosmovisión). Y Rian Johnson es el cambio, con ciertos matices, pero cambio, al fin y al cabo.

El último Jedi es una película diferente frente al canon clásico. Existen muchos giros de tuerca y tramas secundarias, y es un respiro a una forma de hacer películas de clase B, con un presupuesto de clase A. Porque, no olvidemos, Star Wars (la franquicia de Star Wars) es un blockbuster de clase B, desde sus inicios. No deberíamos esperar filosofía o revelaciones sobre nuestra existencia (para eso tenemos a Ingmar Bergman).

Como película de clase B, tiene muchos errores (como no debo dar spoilers, solo digo que habrá momentos en que dirán: WTF). Pero es disfrutable, frente a otras películas de clase B como La Liga de la Justicia o la parodia de Thor o incluso Spider Man Homecoming. Digamos entonces que Star Wars va un poco en contracorriente a toda esa sarta de superhéroes de estos últimos tiempos.

En Rotten Tomatoes (sitio especializado de rating de la crítica) se sitúa a El último Jedi después de El imperio contraataca, en valoración positiva. Yo diría que Rogue One está después de El imperio contraataca y luego El último Jedi, que es altamente recomendable si no eres un fanático acérrimo (religioso) de Star Wars.

Además, Rian Johnson dirigió varios capítulos de Breaking Bad. Y eso es suficiente.

Periodista y escritor - zion186@hotmail.com



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