Cochabamba, Bolivia, Domingo 12 de noviembre de 2017
Ramona

No todo lo que brilla es oro o de los feminicidios románticos

Crítica de “Coto Colorao”, obra de Voyeur Teatro (Santa Cruz) que se prresentará el 16 de noviembre en el XIX Festival de Teatro Bertolt Brecht. Hoy la actividad continúa con las piezas “Momo”, de Octáfono Radio Teatro (La Paz) y a ponerse en escena a las 17.00 horas en el Instituto Eduardo Laredo (Av. Ramón Rivero casi Oquendo); y “Chancho” de Chakana Teatro (Santa Cruz), que actuará a las 19.30 horas en el proyecto mARTadero (C. 27 de Agosto casi Ollantay, exmatadero municipal).
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Por: Mijail Miranda Zapata | 12/11/2017



¿Qué sucede cuando decides abordar la violencia de género y el machismo de la sociedad cruceña desde un relato propio de su folclore, sin cuestionarlo, ni siquiera en sus términos más básicos y evidentes? Reproduces, involuntariamente (?), aquello que dices querer criticar. Algo así sucede con “Coto Colorao” de Voyeur Teatro, que deja un gesto de desconfianza en el rostro y un regusto amargo en el coto al final de la función, más allá del talento y las buenas intenciones del elenco.

El inicio es seductor, referencias culturales vernáculas por doquier, interpretaciones cautivantes y una atmósfera zigzagueante entre los universos de la vida y la muerte, esa misma de Tirinea o Pedro Páramo. Perfilan un rostro ameno que con los minutos cae en lugares comunes y adopta para sí una militancia con lo tradicional que estremece, por su tozudez, y deja en entredicho la validez de propuesta.

No hablemos ahora del correcto montaje, lleno de alegorías a la cultura popular y provincial del oriente boliviano, con una correcta distribución espacial y un ordenamiento milimétrico de los desplazamientos, siempre en concordancia con el relato y el ánimo que encarna cada secuencia. Esta pulcritud, no obstante, se torna melosa hacia los últimos minutos de la extensa puesta en escena.

Aunque Voyeur Teatro ponga todos sus esfuerzos sobre el escenario -es evidente que lo hace- para abordar la problemática de género en el oriente boliviano, y el país en general, la construcción del relato hecha por tierra cualquier intento.

Porque la protagonista femenina es un ser voluble, que nunca toma una sola decisión consigo misma y queda a merced de su captor, el monstruoso Coto, o de su ocasional amante, el donjuan del pueblo -que no duda en abandonarla apenas queda “preñada”-, porque la locura del amor romántico aún puede ser usada como atenuante ante un asesinato, porque un hombre que ama también usa la fuerza y siempre tiene una buena justificación, porque la mujer -para ser plena- debe dejarse amar, porque la picardía y la galantería en los varones todavía son el makeup ideal para la cobardía. Por eso y tantas cosas más, todas bien detalladas a lo largo del montaje.

Así, el resto del cuento, muy al estilo de las más recalcitrantes fábulas infantiles de Disney, transcurre entre las cavilaciones y excesos de los tradicionales machos cambas que, entre grotescos chistes, reafirman su condición, y los chismes de ancianas cizañeras, también consumidas por su propio machismo.

En ese sentido, el humor, siempre construído desde el lugar común y no desde el ingenio o la ironía, no hace más que remarcar aquello que para muchos aún parece ser posible: la violencia contra la mujer puede acabar fácilmente siendo un chiste, siempre acompañado de una risotada general, y una mujer muerta, aun dentro una representación teatral, puede ser fácilmente la única culpable de su siniestro destino.

Con una iluminación impecable, aunque meramente incidental, y una notable musicalización hecha en vivo, la propuesta de Voyeur Teatro, dirigida por Jorge Calero, no tiene, pues, en su forma, nada desdeñable, ni adolece ninguna carencia técnica o estética.

Sin embargo, desde lo conceptual, traiciona de entrada su premisa y, engañosamente, pretende dejar sobre la platea una moraleja (¿innecesaria? ¿obvia?) sobre lo perniciosa que es la violencia contra la mujer en nuestra sociedad. Mientras, de fondo, suena una canción en la que una adolescente es asesinada por haberle sido infiel a su esposo, porque así son las cosas, porque las mujeres le deben respeto al matrimonio, porque así lo narra un cuento popular, porque el que ama maltrata y puede redimirse, porque la agenda feminista todavía parece ser un exceso de unas pocas revoltosas.

“Coto Colorao”, por la calidad de su montaje, se convierte en un artificio peligroso si es que no se tiene la guardia levantada y, por el contrario, se sucumbe al encanto de su silueta. Decenas de sonrisas y buen ánimo al final de la función no condicen con las lúgubres estadísticas de feminicidios (¿tema central de la obra?) en nuestro país.

Quizás nos vaya mejor haciendo musicales (a lo Broadway) y menos “reflexiones” sobre la problemática de la mujer en nuestra sociedad.

Periodista - @mijail_kbx





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