Cochabamba, Bolivia, Domingo 1 de octubre de 2017
Ramona

Tres poemas de Ricardo Jaimes Freyre (2)

Publicamos la segunda parte de una selección de tres obras desconocidas del gran bardo boliviano, escritas a temprana edad. 
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Por: Kurmi Soto Velasco | 01/10/2017
Aunque los poemas que presentamos en esta sección sean composiciones de juventud, habría que notar no solamente la impresionante madurez de un jovencísimo Ricardo Jaimes Freyre, que por aquel entonces tendría unos escasos 17 años, sino también la fuerte presencia de motivos que serán esenciales para el modernismo.

Se considera que este movimiento literario, fundamental para las letras latinoamericanas, nace junto con la Revista azul (1894-1896) en México y la Revista de América (1894) en Buenos Aires, sin embargo estos textos permiten cuestionar esta tradicional periodización y nos llevan a interrogarnos sobre un modernismo temprano que, quizás, tenga sus raíces más profundas en la Bolivia decimonónica.



Pasión# 1



Bajo el océano impetuoso

y estrelle su incierta furia,

en las playas que visciera [sic]

la primavera fecunda;

Retumbe el trueno sombrío

y esconda su faz la luna

al contemplar del relámpago

la viva luz que fulgura;

Tras violentas sacudidas

tronos derriben las turbas

y los altares profanen

entre sacrílegas luchas;

Los funerarios cipreses

alcen sus ramas desnudas,

cual silenciosa plegaria

en el borde de una tumba;

Eleve la mente humana

pedestales a la duda,

y a la antorcha del ateo

ilumine nuestra ruta;

El fuego de las pasiones

mantenga en perpetua lucha

la poesía del alma

contra la materia impura;

No en el fragor del combate

busca inspiración mi musa,

ni el terrorífico estruendo

de la extremecida [sic] natura;

La soledad y el silencio,

la claridad de la luna,

las flores de la pradera

que el tibio ambiente perfuman;

Las dichas puras del alma,

el amor que es la ventura,

el sentimiento que brota

de una mirada profunda;

Eso inspira al arpa mía,

mil endechas de ternura,

que en sus giros lleva el viento

al sol que mi senda alumbra;

A la que absorbe mi vida

llena de esperanzas y dudas

y me hace entrever el cielo

entre nubes de oro y púrpura

A la que mi pecho adora

y a mi alma de dicha inunda,

a la que encierra en sus ojos

un poema de ventura;

Si el corazón me desgarra

del dolor la mano aguda,

si me ataca el desaliento

que el odio y maldad procuran;

Si espinas en mi camino

colocó una mano injusta,

y al pasar mi dolorida

frente, envenenadas punzan;

Mi arpa soñadora eleva

mil endechas de ternura,

que en giros lleva el viento

al sol que mi senda alumbra.

A ella dirijo mis cantos

porque ella inspira mi musa,

y es la flor más hechicera

del jardín de mi ternura.

La Paz, 1883.





Al gran poeta Gaspar Núñez de Arce# 2



¡Alienta, oh poesía! ¡No del mundo

entre el ciénago inmundo

desaparecer verás tu imagen santa,

alienta que en el pérfido combate

ni se humilla ni abate

el que tu impulso celestial levanta!

Alienta que en la hora postrimera

como el ave agorera,

del mundo entre las ruinas pavorosas

Aun vivirás cuando el postrer latido

del corazón vencido

se pierda entre el silencio de las fosas.

Ya no eres, no, la tímida doncella

que al fulgor de una estrella

o ante el pálido rayo de la luna,

vagaba por los campos temerosa

de la pasión fogosa

que la materia a la ilusión aduna.

Te ha tornado el combate grande y fuerte,

ni humillada ni inerte

te ve el siglo prosaico y corrompido,

que el delirio te llama y no comprende

que aquel que no te vende

en la lucha jamás será vencido.

Aún hay mortales que con fuerte mano

del corazón humano

rasgan el velo material y doble

y su senda ignorar recorriendo,

sus fibras conmoviendo

lo turnan a su impulso grande y noble.

Aun hay un hombre en cuya frente brilla

el fuego sin mancilla

del inspirado genio del poeta;

sufriendo de los tiempos el embate

su acento en el combate

prestará fuerzas al cansado atleta.

¿Por qué, ¡oh gran vate!, el miserere cantas

si con tu voz levantas

las mismas ruinas que lloró tu lira?

¿No ves que de tu genio los fulgores

van sembrando con flores

ese mismo desierto que te inspira?

Todo abarca tu musa. Enamorada

a la dicha pasada

canta llorando en su inmortal Idilio

y entre el amor, el llanto y la esperanza

tan dulce lira alcanza

el florido laurel del gran Virgilio.

En confuso tropel las mil pasiones

envidias y traiciones

rabia y dolor y muerte y desventura

en el fondo sombrío se divisan

del cuadro que improvisan

el Vértigo sangriento y la locura.

Del bardo inglés el último lamento,

su conmovido acento

su adiós postrero y su postrer saludo

arranca de tu lira vibraciones

cuyos acordes sones

retratan su dolor perenne y mudo.

¡Oh, gran poeta! De tu lira brota.

como inspirada nota

del concierto divino, la esperanza

y ya es el huracán enbravecido

ya el doliente gemido

del que algo espera que jamás alcanza…

¡Oh, lid eterna! ¡Bárbara porfía

de la noche y el día!

¡Del alma que comprende su grandeza

y el áspid mordedor del desencanto!–

¡paso al sublime canto!

–Visión de Fray Martín…

la lucha empieza.

¡Lucha con un deber grande y sagrado

“sediento, devorado

por impuras pasiones y deseo”,

imagen fiel de la conciencia humana

cuya luz soberana

arrancó de los cielos Prometeo!

¡Oh, Núñez de Arce! ¡La severa historia

sus páginas de gloria

prepara ya para escribir tu nombre,

y el son, eternamente, de tu lira,

la masa que te inspira

conmoverán el corazón del hombre!

La Paz, junio de 1883.

Literata - kurmisoto@hotmail.com.ar



# # 1 Las verdades, sábado 2 de junio de 1883.

# # 2 Las verdades, martes 12 de junio de 1883. Gaspar Núñez de Arce (1834-1903) fue uno de los principales representantes del romanticismo español.



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