Cochabamba, Bolivia, Domingo 10 de septiembre de 2017
Ramona

DEATH NOTE O LA INFLUENCIA DE JOHN HUGHES

El autor propone una crítica, muy a su estilo, sobre el cómic y, principalmente, la adaptación realizada por Netflix del animé Death Note.
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Por: Mauricio Rodríguez Medrano | 10/09/2017



Lo que diga a continuación atraerá una horda de enemigos a la puerta de mi casa (ok, no. Sólo me harán bullying a través de Facebook). Death Note es un anime sobrevalorado. Repitan después de mí: S-O-B-R-E-V-A-L-O-R-A-D-O. ¿Por qué? Su trama repetitiva. ¿Por qué? Un personaje clisé (L). ¿Por qué? Sus capítulos rellenos (sobre todo después de la muerte de L).

Otra cosa es el manga (aunque tampoco es la gran obra maestra-Miyazaki-Hideaki Anno-Yasutaka Tsutsui).

Dicho esto, hablaré de la película de Netflix. Ya sé que estamos cansados de las versiones estadounidenses live action de series de animé (hice huelga de seis días después de ver la versión de Dragón Ball y salí rengando después de ver Ghost in the sell). Ya sé que estamos cansados que los japoneses sean reemplazados por caucásicos que además de ser malos actores, son tan sosos como una sopa de maní sin maní (ni carne ni llajua ni fideo).

Death Note es otro fracaso. Pero no porque no se parezca al anime. No porque sus actores sean malos. La respuesta es sencilla: un guión mal trabajado. O mejor: un guión para adolescentes entre 13 y 15 años. Entonces esta película es un estreno de verano (de las películas que ves una vez y luego te besas con tu novia adolescente y entrechocan los frenillos).

Adam Wingard (¿?) decide adaptar a las pantallas, en menos de dos horas, un anime que al menos verlo completo tarda una semana (si estás con insomnio: tres días con sus noches). Y a momentos aparece tan videoclip de David Guetta, que hasta te puedes animar a bailar.

El otro problema es la creación de personajes tan planos que uno cree que Donald Trump es un gran científico estadounidense. No hay un móvil para que el pobre Light empiece a matar (estoy de acuerdo que una púber quiere matar por cualquier motivo por sus hormonas a flor de piel, pero hacer ficción no es mostrar la realidad sino crear verosimilitud). Ni para que en menos de cinco minutos revele al amor de su vida que él es el asesino (ok, seguro quería llevarla a la cama, pero hay otras formas. Créanme, hay otras formas).

Lo que puedo resaltar de la película es la creación CGI de Ryuk que mola (como dirían nuestros amigos españoles). Además, la voz de Willem Defoe (pero tampoco compensa que Light haya gritado como niño que ve volar a una cucaracha). Además, sus frases que causaban cierto miedo (Ryuk dice a Light: ¿Sabes cuál será el primer nombre que sugeriré cuando la libreta ya no sea tuya?).

Aquí es donde pido a las compañías filmográficas estadounidenses que dejen de adaptar animes (ni siquiera se les ocurra tocar a Miyazaki). Pero el poder es el poder (es como pedir que se frene la construcción de la carretera del Tipnis).

Aquí es donde pido a los otakus (que en La Paz y Cochabamba son más que los que pertenecen al MNR) que dejen de pedir que las adaptaciones sean iguales a los animes o a los mangas.

Una película no se hace sólo con buena fotografía (esto ya debería saberlo Zack Snyder) ni con frases copiadas de la obra original. Una película es la conjunción de un buen guion, con una buena fotografía, con buenos actores y, sobre todo, un buen director (pregunten a Kim Ki Duk o a Gus Van Sant o, los más exigentes, a Tarantino).

Ahora sí (otakus del mundo unido) pueden venir a mi casa y lanzar piedras o invitarme a uno de sus festivales. Eso sí, si quieren perder dos horas de su vida, vean Death Note. Igual deben saberse la trama, porque tendrá una secuela.

P.D.: Igual hay versiones live actions pésimas y japonesas.

Periodista

zion186@hotmail.com








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