Cochabamba, Bolivia, Domingo 3 de septiembre de 2017
Ramona

 La Ópera Chola

Publicamos el prólogo del libro La Opera Chola. Música popular en Bolivia y pugnas por la identidad cultural (Plural Editores), del investigador Mauricio Sánchez Patzy.
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Por: Gérard Borras | 03/09/2017



Cuando nos conocimos en Cochabamba, en el Palacio de Portales (Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño) en el año 2001 en el marco del Simposio Internacional dedicado a la Música en Bolivia, Mauricio Sánchez Patzy nos hablaba con entusiasmo de La ópera chola y en aquel entonces, los que asistíamos al evento nos quedamos impresionados por la riqueza del panorama musical de Bolivia que dibujaba su autor, pero también por el enfoque del análisis propuesto. Años después, Plural Editores y el Instituto Francés de Estudios Andinos acordaron publicar el texto al que se le añadía post scriptum que tomaba en cuenta varios elementos más actuales.

El lector tiene entre sus manos un libro sumamente original. Mauricio Sánchez Patzy nos ofrece aquí un texto denso, teóricamente muy bien sustentado, que se propone un objetivo ambicioso, un reto (digámoslo así): entender, explicar, evidenciar las complejas relaciones, las articulaciones que existirían entre la producción y consumo musical y la construcción de identidades colectivas contemporáneas. Dicho de otro modo, plantea la hipótesis seductora de que la música popular en Bolivia (no necesariamente boliviana) tiene un papel de gran importancia, para no decir central, en la elaboración de las narraciones fundamentales que participan de la identidad nacional, de las identidades nacionales. O sea, tratar de explicar Bolivia contemporánea a través de la música popular.

Presentado de semejante manera, entendemos que este estudio no es un libro sobre la música en Bolivia o mejor dicho, no solamente sobre la música. Es un entramado mucho más rico y complejo. Percibimos aquí la clara influencia de la sociología, disciplina universitaria del autor, pero también, en telón de fondo, la de la etnomusicología que hizo de las relaciones entre música y contexto social la columna vertebral de sus pesquisas. Cómo y con qué procesos las músicas suscitan interpelaciones individuales y colectivas de diversas índoles: proponer une reflexión sobre lo que es Bolivia como comunidad imaginada y creada…por la música popular.

Para lograr semejante objetivo, el autor nos sumerge en un universo musical popular abrumador. Aunque se defienda de cualquier deseo u objetivo de brindarnos un mapa exhaustivo de lo musical popular boliviano, nos quedamos anonadados frente a semejante panorama, frente a la erudición de semejante mosaico que cubre un periodo que va de los años 50 a los años 2000. Esta es la otra originalidad del estudio que rompe barreras disciplinarias para bosquejar en medio del proyecto sociológico, un panorama claramente histórico, porque como lo dice justamente Mauricio Sánchez Patzy, la música popular requiere ser considerada como un proceso.

La ópera chola propone un enfoque más amplio que lo que habían dibujado, hasta ahora, investigaciones de corte antropológico o etnomusicológico. Claro, varios investigadores citados y reconocidos por sus aportes están presentes en el texto, pero no teníamos hasta la fecha un análisis que abarcara un panorama tan vasto y tan completo sobre estas complejas relaciones entre música y sociedad.

Son tres las macro-tendencias sobre las que se apoya el análisis: la música folklórica y neofolklórica, la música « moderna » (entiéndase rock, jazz, pop, balada…) y la música tropical muy marcada por la cumbia. El autor lo reconoce, es una elección arbitraria, pero es ampliamente suficiente para dar a entender los mecanismos elegidos.

Tres momentos, tres compases que contribuyen a dar validez a la propuesta formulada por el autor, tres momentos y su post-scriptum, su colofón, logran, a mi parecer, el objetivo. Sí, no cabe duda, la propuesta es acertada. Basta con leer las primeras páginas del capítulo dedicado al folklore y neofolklore y constatar cómo el proyecto de los gobiernos sucesivos (y muy claramente desde la época de la Guerra del Chaco) encontraron en el folklore musical en particular, un eje articulador para construir esta imagen de la nacionalidad, cuando no de un nacionalismo o un patriotismo. Y no faltan ejemplos. A pesar de su ubicación más distante en el tiempo, a pesar de los altibajos de la aceptación de este género musical, el colofón nos muestra que esta veta no ha perdido vigor en nuestros días con el episodio del grupo María Juana en Viña del Mar en 2013, en pleno momento de tensiones con el vecino chileno.

Pero el conocimiento y la mirada aguda de Mauricio Sánchez Patzy muestran con virtuosismo cómo la ruptura roquera de los años 60 (que convivió con el folklore y neofolklore) supo superar la contradicción y conciliar lo nacional con el espíritu universal y moderno del rock. Es una de las originalidades de la música roquera boliviana que pudo crear, inventar adaptaciones que llegaran a fusionar el rock con, a veces, la música étnica y la tradicional popular. Pruebas de ellos abundan con grupos como Wara, Khonlaya y Climax, Atajo en épocas más recientes. La propuesta sigue funcionando.

La cosa parecía más compleja con la música tropical, el tercer compás del análisis. ¿Cómo una nación imaginada y fabricada como andina podía aceptar integrar una música cuya narrativa e imaginario se presentaba como opuesto a sus valores y representaciones? Muchas cosas a priori lo impedían. Y sin embargo la dinámica de la creatividad de los músicos, artistas, pero también de los promotores musicales (Higinio Mamani creador del sello Cóndor, Doña Inés Yujra comerciante de abarrotes convertida en negociante de espectáculo, Don Gerardo dueño de local bailable, y muchos otros) llegaron a inventar e instalar una producción que lograra el milagro. Esta parte del texto de Mauricio Sánchez Patzy es sin duda la que más informaciones y esfuerzo de síntesis moviliza para bosquejar un panorama que se volvió mucho más rico y complejo con la modernización de la tecnología de la reproducción y difusión musical.

Quisiera añadir un punto. Lo dijimos al inicio, y como lo manifestó el autor, este texto no quiso ser un libro sobre la música. Sin embargo se presta a por lo menos dos lecturas. La que propone el autor, y la que me saltó a la vista (por no decir al oído) a medidas avanzaba en la lectura: este libro es también a su manera una historia, como nunca se había escrito hasta ahora, de la música popular boliviana, de la música popular en Bolivia. Es un desfile impresionante de artistas y de sus creaciones: Felipe V. Rivera, Arturo Sobenes, Gladys Moreno, Raúl Shaw Moreno, etc. con reconstituciones puntuales de su vida. La historia musical y artística por ejemplo de R. Shaw Moreno, gran intéprete, es un verdadero deleite. De igual manera Mauricio Sánchez nos ofrece un historia pormenorizada de lo que fue un centro mundialmente conocido del neofolklore, la peña Naira, de lo que fue el protagonismo de Los Jairas, el itinerario de los grupos como Savia Nueva, Los Kjarkas, Los Payas, Wara, etc. Con un conocimiento casi enciclopédico descubrimos el itinerario artístico de muchos de los actores y también un sinnúmero de referencias sobre las producciones de la música neofolklórica boliviana. Este esquema funciona de igual manera para las partes dedicadas a la música rock o moderna y a la dedicada a la música tropical, con el apoyo, el enriquecimiento de las notas de pie de página (abundantes) que escriben casi otro libro, en las que dominan siempre la voluntad pedagógica, la riqueza de los datos, la erudición del autor.

Al final, si todavía quedaran dudas, Mauricio Sánchez Patzy nos ofrece un libro que marca una etapa en la investigación de las ciencias sociales bolivianas. Evidencia todo el provecho que los investigadores (sociólogos, historiadores, musicólogos, etc.) pueden sacar del análisis de las músicas en sus contextos históricos y sociales. Mucho tiempo desdeñada en los espacios académicos por sin duda carecer de interés para muchos o por ser asociada a lo frívolo o vulgar, la música popular capta cada vez más la atención de los estudiosos y no sólo en una perspectiva de historia de la cultura. Esta “Ópera chola”, la veo y la escucho también como una sinfonía donde tocan todos los instrumentos de la orquesta (folklórica, moderna, tropical) en su diversidad pero que producen un solo y mismo sonido, espejo en el que se pueden mirar muchos de los bolivianos de ayer y de hoy, para reconocer y comprender mejor una parte de su propia nación.

Profesor e investigador de la Universidad Rennes2-Francia








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