Cochabamba, Bolivia, Domingo 3 de septiembre de 2017
Ramona

Contando la muerte de un sueño: apasionante, profunda y descarnada

Compartimos la lectura a un título poco conocido en la escena literaria local, que según el autor de esta columna merece una particular atención. Una mirada minuciosa a la obra de María Reneé Rojas, escritora boliviana residente en España.
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Por: Julio Ríos Calderón | 03/09/2017



“Cuando muere un sueño es porque una pesadilla se ha apoderado de él. El poder contarlo, luego, es el haber hallado el coraje necesario para afrontar el miedo. Perdido aquello que nos ha estado paralizando el alma, comenzamos a respirar, a abrazar de nuevo lo desconocido sin temores, y en ese preciso instante, el mundo, que es el de todos los seres que lo habitan, comienza a cambiar benévolamente en nosotros”.

En un relato, que podría ser autobiográfico, Rojas refiere lugares como la plaza Colón en Cochabamba, la farmacia y otros escenarios que la escritora aborda. Dejemos a ella sumergir al lector en sus recuerdos, y seamos nosotros los que perdamos todo posible contacto con la desvaída realidad que nos rodea.

La novela muestra lo real a través de una irónica fantasía que asoma apasionada, profunda, descarnada y, en un intento de mirar en retrospectiva el ayer, advertimos la presencia de la Caperucita Roja y su representación por intermedio de un juego.

En cuanto a la metáfora y su coexistencia con el cosmos, Rojas amalgama el origen y naturaleza de Plutón que tuvo a los astrónomos largo tiempo desconcertados. Una primera hipótesis nos muestra que fue un satélite que había escapado de Neptuno sacado de órbita por Tritón.

De otro lado “el wiskhy de don Walter” y la descripción que Rojas hace: dibuja en detalles físicos el carácter de un hombre, su rostro, sus manías, vale decir, el lado temido de la entendida infancia. Así aparece en un itinerario nostálgico, la mención a la niñera, a la cocinera, al puente de Cala Cala, donde apreciamos que pasó de todo. No hace falta describir la narrativa, al contrario, importa cómo interpretaremos aquello que la mayoría de las personas sienten cuando se apodera el temor hacia la muerte. La autora enfoca este aspecto, como onírico y lo traslada a un mundo de imágenes descarnadas en forma de pesadillas.

La temática del libro cuestiona nuestra propia muerte, el fallecimiento de nuestra pareja, de familiares o de alguna persona cercana. Y nos hace dar cuenta que al despertar no podemos deshacernos de la angustia por haber sentido esa pérdida aunque sólo fuera un sueño.

Rojas procura –habrán diferentes opiniones e interpretaciones– verter un mensaje de la muerte en un sueño. A pesar de la inquietud que nos producen las pesadillas relacionadas con la muerte y, en contra de lo que pudiera parecer, soñar con la muerte no se convierte en una premonición, ni siquiera en un aviso de desgracias. En líneas generales, los sueños con muerte reflejan un cambio en nuestro interior (la infancia en el caso de la novela).

La interpretación, en consecuencia aparece como una suerte de alquimia, donde nuestro inconsciente no está preparando para un cambio importante en nuestra vida, y no tiene por qué ser negativo, puede ser una nueva oportunidad, un nuevo despertar, un traslado, una nueva relación o simplemente un motivo para replantearnos nuestro estado vital actual.

Narrativa de hechos muy positivos son los que se desprenden de las pesadillas, a nuestro entender, en la novela de Rojas, en las escenas en las que aparecen muertos o la muerte.

Nos aseguran las palabras de la autora que por el miedo y por la angustia no consideremos la atención, si esas personas muertas que aparecen en nuestros sueños nos hablan, es porque se trata de mensajes trascendentales que llegan desde lo más profundo y que podemos utilizar para encontrar el equilibrio emocional.

La novela proyecta una fuerza orientada hacia fines trascendentales capaces de hacer girar sus ruedas sobre las insospechadas avenidas de los sueños y sus despertares.

“Chipiriri mon amour”, es, sin vacilación, la narración enmarcada es una técnica literaria que consiste en la inclusión de un relato dentro de una narración principal.

A grandes rasgos, se pueden distinguir dos usos de la expresión enmarcada de Rojas. En el primero, el argumento principal ocupa la mayor parte y la narración insertada tiene una duración breve. En el segundo, la manifestación principal funciona como un contenedor para incluir varias historias juntas, las que ocupan el grueso del espacio de su obra. Aquí la narración suele consistir en un personaje o un grupo de personajes que se reúnen para contar y escuchar historias. Relata una circunstancia sutil que para dar mayor realce a sus páginas, hace que el lector jamás se aburra y dentro la obra expresa un cuento dentro de un cuento.

Los sueños son misteriosos. Hay una cantidad de teorías sobre por qué soñamos pero nadie sabe con seguridad cuál idea es la correcta o si cada una está correcta en cierto grado. Aquí nombra “la libreta negra”, el diario que puede ser de un sueño, que puede refrescarnos la memoria y ser una fuente increíble de perspicacias sobre nuestro mundo interior. Llevar un diario de sueños, vemos en los capítulos del libro, requiere un poco de autodisciplina pero, una vez que tengamos el hábito de llevarlo, es probable que sea una fuente de largo plazo de consuelo e interés, ambas situaciones, plasmadas en la literatura ávida de la novelista cochabambina.

Podría afirmarse -con igual convencimiento- que los sueños son en realidad los pensamientos de los ángeles de la guarda. Y nadie podría discutirlo: porque si los sueños existen, por qué no pueden existir los ángeles que los sueñan.

Los capítulos del libro transcurren en una enigmática imaginación dedicada a la muerte en los sueños. Es lo que más nos interesa y lo único de lo que sabemos de algo, después de tantos años como escritores practicantes. Y al respecto ella tiene certezas, y también algunas convicciones. Y esas ideas no son las tablas de la realidad, sino algunas indicaciones para saber encender la linterna cuando, digamos, “yo camino por las habitaciones oscuras de una casa”.

“Es de bien nacido ser agradecido”, es el título último de la novela Contando la muerte de un sueño, de Renée Rojas. Este refrán nos lo enseñaron, posiblemente, nuestros mayores. Agradecer es acordarse y corresponder con gratitud y prontitud por un beneficio recibido.

Así la vida humana, en la narrativa de Rojas, no se concibe sin la ayuda de los demás Es un error pensar que todo lo que hacen por nosotros es una obligación, y, por tanto, que no hay que agradecer nada. Una persona que sonríe es, generalmente, alguien fiable y que sabe corresponder. Toda la vida es don, es regalo. Toda la vida dependemos de los demás. La gratitud es señal de elegancia personal. Es pues la realidad de un sueño. De agradecer al Gran Arquitecto por despertar vivos.

Sin duda, la escritora Renée Rojas es poseedora de notable talento, de imaginación y una clara inteligencia demostrada en la vida real que le tocó vivir, con un sueño, y la fantasía de narrar una trama por intermedio de una exquisita novela.

Sobre la autora

Conocida por su entorno íntimo con el nombre de Monina-Renée Rojas, la escritora nació en Cochabamba y estudió Ciencias Políticas en Mount Holyoke College. Estudió el bachillerato en el Anglo American School de Cochabamba y Cherry Creek High School.

Vive en Palma de Mallorca, escenario de España, donde vivieron un intenso amor, Frederic Chopin (compositor y pianista polaco, conocido como “el poeta del piano”) y la escritora George Sand.

jrioscalderon@hotmail.com - Periodista y escritor boliviano








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