Cochabamba, Bolivia, Domingo 3 de septiembre de 2017
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Por: Bartolomé Leal | 03/09/2017
Mi caduco amigo Mauro Yberra nunca deja de repetir, para roer mi tenacidad, que ya no escribe más, que la literatura le da lata, que mejor se dedica a batallar con las finanzas y la familia; aunque eso también la da lata, que todo le da lata en suma. Igual se manda a cambiar año a año a Londres, ahora anda en los PROMS. En la última conversa que tuvimos me dijo: además, ¿para qué escribir? Sé que soy un mediocre. Mi literatura es, corrijo, era, una imperfecta mierda, anodina y superficial, estúpida y grisácea. No soy capaz de construir un personaje digno ni armar una trama coherente. Nunca llegaré a crear a alguien como Lionel Asbo. ¿Lionel cuánto?, le pregunto.

Siempre cierra los ojos ante mi ignorancia de lo británico. Yberra padece de una ridícula angloflia, aunque lleva medio siglo tratando de dominar el idioma. No lo logra. Me temo que sufre cierta forma de dislexia. Dice: me refiero a la novela Lionel Asbo. El estado de Inglaterra por Martin Amis, 2014. Lo ataco: ¿es el hijo del soporífero Kingsley Amis? Hace rato que ha superado al padre, pedazo de ignorante presumido, replica. Calma, amigo, le digo, que te va a subir la presión. Habla, ¿qué tiene de notable ese tal Lionel Asbo, novela y personaje? Amis le debe haber copiado el patronímico a Messi, para vender, sin percibir que los futboleros no leen libros, añado.

Yberra se explaya sin escuchar mis agresiones. Pues en tormo a Lionel Asbo, un bruto lumpen, un hooligan, a quien sólo interesa beber cerveza y agarrarse a bofetadas en los pubs, dejando tras eso un historial de detenciones, construye un personaje que refleja la Inglaterra del último medio siglo. Tiene seis hermanos que se llaman John, Paul, George y Ringo, más otro que se llama Staurt (el Beatle olvidado) y uno más que no me acuerdo. Todos de distinto padre. La madre lo parió a los doce años, con su hermana melliza Cilla, muerta, madre de su querido sobrino Desmond, de padre negro. Pues tío Li se hace millonario al ganar la lotería con un boleto robado e inicia una nueva serie de desmadres, a otro nivel. Ya con eso, Leal, tienes un panorama narrativo colosal.

Bueno, Yberra, ¿qué quieres que te diga? Pienso que con eso armas una novela chistosa, cochina, cachonda o pachanguera, pero no necesariamente buena literatura. Calla, Leal. Estoy hablando de un libro de 350 páginas que se leen como un cómic, donde se pasa revista a las diversas clases sociales de Inglaterra, incluidas sus formas de hablar, pero además a la toponimia de la ciudad de Londres, a sus hoteles y estadios de fútbol, a sus horribles departamentos para la clase baja y a su diversidad cultural, a sus vomitivas comidas y sus perros feroces, todo eso marcado por el contrapunto entre tío Li y el sobrino Des, donde la figura de la abuela, llamada Grace, juega el rol de madre de todos los vicios. No faltan la emoción y el horror. Lo he disfrutado tanto como a Dickens, Leal. Para mí no más escritura, jamás podré, jamás nadie ha podido, tal vez nadie podrá jamás, escribir algo tan frutoso y bellaco. Lo firmo, afirmo y reafirmo, resopla Yberra.

Bien Yberra, le espeto con malevolencia, quizá no estés tan muerto como presumes. Pero hay algo que falla, ¿leíste la novela en inglés como corresponde a tanta enjundia anglotérmica? Sabes que no, suspira Yberra, pero te puedo asegurar que está bien traducida, el traductor se mete y explica las soluciones que ha adoptado, por lo menos las escriturales; y agrego, para que bajes de tu monte Olimpo de la altura de una bosta de caballo, que tus libritos… Mejor me callo, Leal, sigue con tus ilusiones.

Escritor






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