Cochabamba, Bolivia, Domingo 16 de julio de 2017
Ramona

La Iluminación de Antezana, o el impulso del descubrimiento

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Por: Mijail Miranda Zapata | 16/07/2017
Es un autor que con tan solo dos novelas se ha situado en un importante lugar de la literatura boliviana. Su primer obra, La toma del manuscrito, le valió un Premio Nacional. Años después, con El amor según, Sebastián Antezana un rostro narrativo completamente distinto. Hace pocos días, el escritor nacido en México, pero paceño de corazón, sorprendió presentando una colección de cuentos: Iluminación. Quizás ese sea el rasgo principal en su escritura, su constante búsqueda, quizás sobre las mismas obsesiones y preocupaciones, por encontrar otras formas de narrar.

Sobre el largo tiempo transcurrido entre sus dos últimas publicaciones, su actividad académica en el extranjero, su vocación por explorar siempre nuevos territorios y su apuesta por los relatos más breves, el autor habló con la RAMONA, adelantando además las actividades que tendrá en su próximo paso por Cochabamba.



-Ha pasado mucho tiempo desde tu última publicación, ¿Por qué decides tomarte este tiempo?

Han pasado más de seis años desde que publiqué mi último libro, pero haber dejado pasar ese tiempo no fue una decisión consciente sino que obedeció a procesos lentos y a momentos caóticos de escritura, al trabajo que estoy haciendo en varios proyectos a la vez y a cuestiones de la vida cotidiana que siempre están presentes. Pero sobre todo, creo, Iluminación, mi primer libro de cuentos, me ha tomado tanto tiempo porque es un libro que trabajé y retrabajé con mucho cuidado, entre otras cosas porque para mí, pese a su aparente carácter diáfano y directo, el cuento es un género difícil, que demanda mucha concentración e intensidad, capaz de rendir al mejor escritor en su engañosa distancia corta.



-¿Cuán difícil te resulta conciliar la vida académica con el trabajo creativo? ¿De qué manera se influyen ambos?

No me es difícil en ningún sentido excepto en lo que se refiere a los tiempos, al hecho de que trabajar en un campo, digamos el académico, me quita tiempo de trabajar en el creativo. Pero fuera de eso la dinámica académica y la pulsión creativa tienen mucho en común, en realidad porque la academia demanda mucha creatividad, un alto grado de imaginación, visión crítica y trabajo con el lenguaje, requisitos todos también imprescindibles a la hora de dedicarse a la ficción. Así, como te digo, fuera del asunto del tiempo, ambos discursos para mí son dos facetas que en realidad pueden verse como una sola.



-En tus dos libros anteriores encontramos registros narrativos completamente distintos. Ahora te animas al cuento, ¿con qué se encontrará el lector de Iluminación?

Con un conjunto de cuentos disímiles, que escribí en momentos distintos y motivado por proyectos diferentes, que sin embargo, durante los años siguientes, fui corrigiendo y rescribiendo hasta llegar a darles, espero, una especie de aliento común, un vínculo que tiene que ver con exploraciones de la vida privada, con la conformación de distintos espectros de lo familiar y la familia, y con el aparente acercamiento a instancias de revelación que termina por no serlo, o por quedarse en el borde, o por estancarse a los límites de alguna trascendencia.



-¿Se podrán encontrar vestigios de tus anteriores obras, o te encaminaste a un proyecto completamente nuevo?

Creo que es un proyecto bastante distinto a mis dos anteriores libros, aunque quizás se mantengan latentes en él algunas viejas preocupaciones ya visitadas antes. Pienso, sin embargo, que soy alguien a quien le interesa visitar siempre nuevas zonas o no necesariamente repetirse en la exploración de un mismo territorio –o quizás sí hacerlo pero siempre modificando el mapa que pretende abarcar ese territorio–.



-Giovanna Rivero y Paola Senseve, coinciden en que los relatos guardan una fauna de personajes muy particular. ¿Cómo llegaste a ellos?

Los de los cuentos son personajes bastante variados, aunque en ellos tal vez puedan verse, otra vez, unas cuantas variables repetidas: personas mayores que se enquistan en el núcleo duro de la vejez, parejas que rompen o se mantienen juntas por algún elemento que representa una fuga de lo real o que casi escapa al realismo, animales que se erigen como figuras totémicas difíciles de descifrar o que son capaces de ellos explicar a sus “dueños”, etc. Llegué a ellos de forma bastante intuitiva, manteniendo siempre una distancia, aceptando que nunca sabría todo de ellos o asumiendo de forma voluntaria que serían personajes para mí parciales, pues esa es otra de las cosas que me interesó hacer en Iluminación, escribir con un ojo abierto y el otro cerrado, sin tratar de saberlo y contarlo todo, moviéndome en un territorio de misterio y revelación a partes iguales.



-Senseve también habla de una “poética muy marcada” en “Iluminación”. ¿Cuál es el vínculo que tienes como lector con la poesía? ¿Y desde tu narrativa?

Soy un lector muy cercano de poesía, siempre me ha dado experiencias de lectura intensas y capaces de desarmar y armar mi forma de ver las cosas. Por lo general no escribo poesía pero sí me interesan esos gestos poéticos fundamentales, que muchas veces se pierden en la narrativa, que son el trabajar el lenguaje, el ser capaz de minarlo, desdoblarlo y replantearlo, y el construir un ritmo, un aliento verbal sostenido, una cierta cadencia que va mucho más allá de la musicalidad o la fonética y que tiene que ver con aquello que late detrás de las palabras, con una suerte de segundo discurso que se erige, invisible, tras el primero. En mi propia escritura trato siempre de mantener constantes esos aspectos, el trabajo con el lenguaje y el trabajo con el ritmo. Son dos de las grandes lecciones que yo obtengo de la poesía.



-En los últimos años has ejercido la docencia en distintos espacios. La próxima semana, en Cochabamba, brindarás un taller express, ¿Nos puedes adelantar qué temas abordarás?

Voy a dar una pequeña clase, me parece que de dos horas de duración, en la que se hablará sobre los detonantes de la escritura, es decir, sobre el origen –siempre difuso, siempre difícil de registrar– del acto creativo, en este caso de la ficción. ¿Cómo se empieza a escribir una historia?, ¿por qué se lo hace?, ¿para qué?, son algunas de las preguntas que trataremos de responder durante la clase.



Periodista - @mijail_kbx





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