Cochabamba, Bolivia, Domingo 16 de julio de 2017
Ramona

Presentan El periodista tonto

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Por: Antonio Rivera Mendoza | 16/07/2017

Dico Solís

Vienen expertos, periodistas o no, y nos llenan de conceptos sobre cómo se debe hacer periodismo. Nos ilustran acerca de la teoría “horizontal” de alguien qepd, que había sido el gran periodista boliviano; recurren al inefable que escribe las supercrónicas, nos dan Gabo por aquí Gabo por allá.

Llegan verdaderas joyas de teóricos, premiados con recetarios, señoras con distinciones y títulos, en fin, desfilan a lo largo del año invitados por centros culturales, oenegés, universidades y otras instituciones. La concurrencia, periodistas, estudiantes de Comunicación, lectores y ciudadanos que han caído para el vino de honor, beben sus palabras, asienten, admiran… Y se van por donde han venido.

Se van a sus redacciones, aulas y domicilios con la esperanza de que la ósmosis haga el milagro. Que los convierta en los periodistas, los periodistas, en estudiantes 100 puntos, los estudiantes. Pero no lo hace. El milagro debe hacerlo uno mismo y se precisa no la admiración gratuita a estos expertos, sino la admiración de uno mismo cuando ha conseguido hacer lo que debe hacer.

Este antimanual se pone al servicio de los periodistas y aspirantes. Su método no es teórico, sino el de señalar sin rodeos algunas facetas concretas del mundo periodístico al que pertenecí poco más de 20 años.

Uno que quiere ayudarlos, puede, en vez de seguir insistiendo en sus virtudes, anotar sus defectos, que son más que aquellas. Tal vez así los que vendrán serán menos como los que están.

Como los “amas” de nuestra vieja cultura (ama k’ella, etc.), parece más efectivo aconsejar que no seas así o asá y no hagas esto o esto otro, para que puedas vivir una existencia valiosa y una profesión sin remordimientos.

El periodista tonto no está creado por mi imaginación. Tiene fuentes. Tiene nombre y apellidos. Trabajó conmigo (no son todos ni todas, pero en algún momento todas y todos lo fueron, lo fuimos) y trabajé con él. Lo leí en los diarios, es director, redactor, editor, comentarista, editorialista, etc. Lo vi en la televisión, es presentador, reportera, invitado, “analista”. Lo escuché en la radio, como todo esto y hasta como actor de publicidad. Lo interpreté. En suma, fui varios de ellos.

En algunos capítulos es el periodista tonto, en otros, la periodista tonta, para variar, por equidad de género y porque es así. En el título del librito ha quedado el masculino, por azar y porque, dado el tema, no podía usar ese falso recurso de la @ que es sólo un signo de arroba. Por otra parte, como lo “ejercí”, me parece justo ponerlo en masculino.

El periodista tonto, también porque es una tontería trabajar horas, días, meses, años, como periodista, si no se tiene el conocimiento, la pasión y el profesionalismo para serlo.

Esta colección de textos no es precisamente un análisis sociológico del periodismo, ni mucho menos. Sin embargo, detrás de los rasgos sarcásticos de la profesión, está contenido un trasfondo mucho más vasto que la mera anécdota, el político-social-económico-cultural.

A propósito del periodismo como profesión, de rato en rato emerge la discusión de si un periodista debe tener título académico —en provisión nacional— para ejercer. Hasta ha aparecido un Colegio de Comunicadores (en tiempos en que desaparecen estas obsoletas instituciones) que, entre otros objetivos, tiene el de exigir que sí lo tenga. Los argumentos en contra son ejemplos de periodistas que no han cursado ninguna carrera y han pasado a la historia del periodismo como grandes “profesionales”; y los a favor, se refieren a los que carecen de las herramientas científicas para comunicar como es debido.

Lo científico y lo empírico tienen en este oficio una frontera muy delgada, casi invisible, tanto, que quizás no existe.

Como notará la amable lectora, algunos temas de este antimanual insisten en inmiscuirse en ámbitos que no son los suyos o a los que no han sido llamados, pero que consideran que debían estar presentes. Este comportamiento de las palabras e ideas que quieren vivir su vida independiente, manumitidas de la férula de este servidor, le causan un cierto malestar, pues tratándose de una exposición crítica, y por lo tanto, mirada con minuciosidad por los “damnificados”, teme que estas intromisiones y algunas ausencias, finalmente dejarán la puerta abierta a sus seguros detractores para juzgarlo como un… escritor tonto.

Periodista y escritor - arivera133@gmail.com






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