Cochabamba, Bolivia, Domingo 9 de julio de 2017
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Noah Hawley: la cabeza en la que nace el éxito de Fargo

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Por: Ismael Marinero Elmundo.es | 09/07/2017



Es el último gran showrunner tras liar a los hermanos para hacer una serie con Fargo.

En los 15 minutos que dura nuestra entrevista telefónica, Noah Hawley (Nueva York, 1967) podría haber escrito medio capítulo de una de sus series, planificado el rodaje del día siguiente o acabado de corregir su próxima novela. Sin despeinarse. Tal es el ritmo endiablado con el que trabaja este novelista, guionista, director y productor cuyo mayor logro hasta hace bien poco habían sido cuatro libros de escaso impacto comercial y crítico, los guiones de una veintena de episodios de Bones y un par de series canceladas tras su primera temporada.

Ahora, el creador de Fargo y Legión recibe entusiastas aplausos a propósito de su última novela, Antes de la caída (Random House Mondadori), mientras prepara el guión de la película basada ella. También tiene firmados los contratos para hacerse cargo de otra serie para FX (basada en Cuna de gato, de Kurt Vonnegut) y el de su primer largometraje como director, Man Alive.

Su vida dio un brusco acelerón en 2013, cuando este hijo y nieto de escritoras -que iba para guitarrista de rock y acabó estudiando Ciencias Políticas- escribió un tratamiento de guión de 21 páginas y se lo envió a los hermanos Coen. Su disparatada idea consistía en adaptar a la televisión el espíritu de Fargo con nuevos personajes, localizaciones y tramas en cada temporada. Para su sorpresa, los Coen dieron su aprobación. Y el resultado fue una de las irrupciones televisivas más sorprendentes de los últimos años, sólo comparable a la de Nic Pizzolatto con True Detective.

Hawley tiene alma de kamikaze y su punto de partida se basaba en el puro riesgo: contar una historia retorcida, violenta, divertida y a ratos surreal, que guardaba las distancias con la película original, pero reproducía fielmente su atmósfera y sus imprevisibles giros de guión. ¿Cómo consiguió algo tan difícil? «Supongo que veo el mundo de manera parecida a como lo hacen los Coen. El mejor ejemplo es el de Javier Bardem y el corte de pelo de No es país para viejos. Ethan y Joel le pusieron esas pintas y se rieron en su cara durante 20 minutos, pero en la película no hay nada gracioso al respecto. Es un detalle muy específico y desconcertante, y creo que eso, casi más que cualquier otra cosa, ejemplifica la diferencia entre una película suya y otra que no lo es. Todo tiene que ver con entender ese extraño equilibrio». Su propuesta no es tanto un sucedáneo como un destilado de sus esencias.

Ahora, la tercera temporada de Fargo (ya disponible en el mercado local) vuelve a manchar la nieve de Minnesota de sangre con un nuevo caso basado en hechos reales totalmente ficticios (ahí está el chiste coeniano). Cuenta, como las dos anteriores entregas, con una sagaz agente de policía y una serie de fatales casualidades relacionadas con un préstamo envenenado y el robo de un valioso sello. De momento no hay ovnis a la vista, pero ojo, con Hawley nunca se sabe.

“El éxito de Fargo es la tensión entre la comedia  y la tragedia”

Ewan McGregor es el encargado de dar vida a los hermanos Stussy: Emmit, el hombre de negocios que viste esmoquin blanco y luce sonrisa falsa, y Ray, el agente de la condicional que viste como un vagabundo y sufre de alopecia. Hawley sabe lo que se trae entre manos: «Las disputas familiares suelen ser irracionales, puramente emocionales. Incluso cuando sabes que deberías parar, no puedes. Fargo siempre ha basado parte de su efectividad en la tensión entre comedia y tragedia, y la parte más dramática siempre está relacionada con esa incapacidad de comunicarse con los más cercanos. Si Jerry Lundegaard (William H. Macy en la película) le hubiera pedido dinero a su padre, nada hubiera pasado. Si Lester Nygaard (Martin Freeman en la primera temporada de la serie) hubiera sido capaz de decirle a su mujer cómo se sentía, no la habría asesinado...».

No sólo de festines referenciales al cine de los Coen vive nuestro héroe. Legión (emitida por FOX) ha supuesto la primera incursión en el universo Marvel de este fanático de los cómics de X-Men. Cuando se trata de subvertir el canon marveliano, la palabra riesgo se queda corta. A pesar de todo, Hawley se ha ganado la confianza de los directivos de la cadena FX, y tiene lo más parecido a una carta blanca con que un showrunner puede soñar.

Asegura que no consumió alucinógenos mientras escribía los guiones, pero es el responsable de una de las series más laberínticas, lisérgicas y desconcertantes de los últimos años. «Fargo tiene un estilo muy clásico de puesta en escena, un ojo objetivo. La cámara es testigo de los eventos, no los comenta. Mientras en Legión cada plano es subjetivo, está sujeto al estado mental del personaje. Hemos tenido que inventar muchos recursos sobre la marcha para dar con el tono que buscábamos. Lo divertido de esto es que después de dos años haciendo Fargo haya podido hacer algo tan liberador como Legión». Si el espectador es paciente, le falta añadir, en los dos últimos capítulos de la temporada encontrará todas las respuestas a este viaje psicotrópico al fondo de la mente plagado de guiños a Alicia en el país de las maravillas, Kubrick y Pink Floyd.

Dada su hiperactividad, Hawley confiesa que a veces se siente como el protagonista de Legión: oye las voces de sus personajes dentro de su cabeza. «Creo que tengo la habilidad de contar diferentes historias al mismo tiempo, pero hay días en los que me es difícil cambiar el chip. Ayer acabé el guión del último capítulo de Fargo y hoy se supone que debería zambullirme en otro proyecto nuevo. Es antinatural. Lo único que quiere mi cerebro es tomarse unos días de descanso y resetearse. Veremos cómo salgo de esta».

Periodista - @ismarmed








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