Cochabamba, Bolivia, Domingo 9 de julio de 2017
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FERIA LIBRE

Canción cebolla

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Por: Bartolomé Leal | 09/07/2017
A mi amigo Mauro Yberra, que se autodefine como escritor en retiro y vejete amargado, le vienen de repente ondas notables, bizarroides sin duda. ¿Será por la llamada demencia senil? Lo encuentro para un café, tras varias semanas en que anda sumido en problemas domésticos de los que se niega a contar detalles y me dice: explícame algo Leal, ¿por qué crees tú que le rendimos tanta pleitesía vergonzosa a cualquier mierda que producen los gringos? Atrás, le digo, ¿te refieres a mí o a otros? A todos, replica, a veces leo tus columnas, me repugnan. Me sorprendes Yberra, retruco, ¿no te gustaban tanto el jazz, el cine negro, el expresionismo abstracto? Qué asco, brama, ahora no soporto el jazz. ¿Y qué música escuchas entonces?, lo pincho. Dos cosas, responde: nada y canciones cebolla. A ver larga tu rollo, me pongo condescendiente. Yberra es de esos carcamales que se ponen al borde de la apoplejía cuando se enfurecen.

La canción cebolla en realidad más que un género es un modo, un mohín, una metástasis si quieres, murmura Yberra, más para sí que para mí. También le han llamado canción cebollera o cebollenta, con ánimo peyorativo. ¿Por qué? Porque hace llorar, tan simple como eso. Trata de los más hondos sentimientos de las personas, aquellos que son paradojalmente los más complejos y difíciles de asumir, como el amor, la tragedia, el dolor, las pérdidas y frustraciones. Aprovecho un suspiro de mi amigo para encajarle la pregunta: ¿a quién se le ocurrió el término, se puede saber? Dicen que a Antonio Skármeta, el escritor, responde. No lo creo, replico. Pues él mismo lo niega, responde Yberra, que usó el término en alguna entrevista y se popularizó, pero que no lo inventó.

Se popularizó en forma negativa, para denigrarlo, sigue indignado Yberra, sobre todo por parte de los aficionados al rocanrol en inglés, esa peste de gente que se adueñó de los gustos juveniles. Y por los intelectuales esnobs, los chilenos son campeones para creerse superiores, ¿con qué ropa digo yo? Tranquilo, amigo, trato de aplacarlo, dame ejemplos. Mauro Yberra se anima: la canción cebolla es un modelo de integración latinoamericana, carajo, de amor a la patria grande. ¿Sabes quién es uno de sus héroes precursores? Pues Raúl Shaw Moreno, boliviano, grande entre los grandes del bolero. Y entre los más queridos por la gente del pueblo, pues el peruano Lucho Barrios y Julio Jaramillo, ecuatoriano. Y el mexicano Marco Antonio Solís, mexicano. Lucho Barrios es el padre del llamado “estilo cantinero”, derivado del vals peruano y otros elementos formativos del fertilísimo crisol de la canción cebolla, tan ricos en agudos casi femeninos, escucha a Lorenzo Valderrama... Leal, veo que por dentro te ríes.

Despliega sapiencia Yberra. Oye qué dijo Ramón Aguilera: “Mientras reciba la platita que estoy ganando no me importa qué nombre de tubérculo me pongan”. Entonces se trata de boleros, lo molesto. No, boleros, valses peruanos, corridos mexicanos y lo que quieras. Lo que importa es el sentimiento, coño. ¿Cuál es el mejor para ti, Yberra?, trato de calmarlo. Los mejores, me corrige, son los incomparables Ángeles Negros, la gran banda chilena de los 70, ídolos latinoamericanos como no ha habido otros. Amores fatales, huidas, engaños, promesas incumplidas, corazones rotos, todo ese tesoro está en la canción cebolla. Música para buses, barriadas, fondas, quintas de recreo... “Cariño malo” cantado por Palmenia Pizarro, chileno-peruana, es mi himno, musita Yberra.

*Escritor chileno - www.bartolomeleal.cl






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