Cochabamba, Bolivia, Domingo 19 de marzo de 2017
Ramona

Logan

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Por: Mauricio Rodríguez Medrano | 19/03/2017



Sobre la película del estadounidense James Mangold acerca del personaje del universo Marvel.

El filme continúa en la cartelera local
.

A tramos recuerdas el pasado. Duele, Logan. Duele. Despiertas con ganas de seguir a oscuras en tus sueños (¿pesadillas?). Afuera un grupo de chicanos te roban. Eres un girón de cicatrices. Eres un asesino (cuando quisiste amar, perdiste). La sangre te impregna el rostro. La peor maldición del hombre es la inmortalidad.

Logan no es una película de superhéroes. El director, James Mangold, decide alejarse del género para hacer un western. La trama gira en torno a “la redención, la camaradería, a extraños amables, terrenos inhóspitos, persecuciones, violencia sin ley, la soledad del héroe —o antihéroe en este caso— de expresión dura y leal a los suyos, capaz de cabalgar hasta el fin del mundo para hacer prevalecer la justicia”.

Mirada triste: rabiosa

Aunque el mito del pistolero solitario pertenece a Estados Unidos, el western nace en Japón con el director Akira Kurosawa. Yojimbo es un claro ejemplo de western (un samurai solitario, con leyes propias, recio y mirada triste, salva a un pueblo a pesar de su vida).

Sam Peckinpah, en la década de los 60, dotó de dolor al antihéroe del western: la mirada vidriosa y fría; lo convirtió en un perro malherido que buscaba la muerte, asediado por sus demonios. Sabía que estaba cerca su fin inmediato y trataba de redimir sus errores (aunque no le importara del todo) ayudando a extraños.

El western para Peckinpah era un documental autobiográfico. La mayoría de sus películas la rodó destruyéndose a sí mismo (sumido en el alcohol y las drogas; la realidad borrosa y un dolor en el pecho y la incomprensión de un mundo que asfixiaba).

James Mangold, entonces, homenajea (o plagia) a Kurosawa y a Peckinpah en cada escena.

Shine (con alerta de spoilers)

La sala de cine está llena (a pesar de que el film es para mayores de 17 años, rating R, hay muchos adolescentes con palomitas de maíz y refrescos, en combo). Logan aparece en la pantalla, barba descuidada, ropa sucia: es un paria, alejado de todo. El año es 2029. Pienso: los superhéroes son un espejismo. Pienso: de alguna forma también soy un paria. Pienso: pero ella, que está a mi lado y me agarra de la mano, es mi tierra.

Logan no tiene ganas de vivir. Bebe de una botella forrada con una bolsa de papel (los días se parecen: conduce una limosina y guarda cierta semejanza al personaje de Taxi Driver).

La miro de reojo: se cubre los ojos con una mano y sufre.

Logan carga a un profesor X, senil, enfermo. Escapa con él y con una niña que podría ser su hija (en realidad es su clon). A modo de road movie lleva a la niña a Edén, un territorio de salvación para los clones mutantes, tal vez otro espejismo, así es el desierto, lleno de trampas.

Dejamos de comer palomitas de maíz: la violencia (a momentos demasiado gratuita) después de ser un espectáculo se convierte en un testamento. Le pregunto si está bien. Ella me responde: “Sí”. Pero sé que no está bien.

Todos seremos polvo, es inevitable. Logan muere (también el profesor Charles: antes de hacerlo le pide a Logan que le prometa que se comprarán un bote y desaparecerán en el mar).

Ella no para de llorar. Pienso: los superhéroes no existen ni existieron (es triste, pero hay que admitirlo). La abrazo y la beso: pero pocas veces hay consuelo ante el descubrimiento de la realidad, que aplasta y que lastima.

La niña dice ante la tumba de Logan: “Un hombre tiene que ser lo que es. No se rompen moldes. Cuando uno ha matado no se puede echar atrás. Equivocado o no, es una marca. Y la marca no se borra, una marca que arde. Ve a casa con tu madre, y dile que todo está bien. Y ya no hay pistoleros en valle”. Nadie aplaude: el silencio es el mayor homenaje.

Periodista y escritor - zion186@hotmail.com








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