Cochabamba, Bolivia, Domingo 19 de marzo de 2017
Ramona

Te voy a contar mi vida: autobiografías de película

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Por: Alba Balderrama | 19/03/2017



El Centro Simón I. Patiño abre su temporada de cine con un ciclo dedicado a las autobiografías documentales. La actividad arrancará este miércoles 22 con Stories We Tell de la canadiense Sarah Polley, seguirá al día siguiente con Los Rubios de la argentina Albertina Carri y finalizará el viernes 24 con Las playas de Agnès de la belga Agnès Varda. Todas las funciones están programadas para las 19:00, en la sala de cursillos del centro cultural localizado en la calle Potosí No 1450, casi Portales. El ingreso a cada función tendrá un costo de cinco bolivianos. La programadora del ciclo escribe en estas páginas sobre las tres cintas.

El pasado. Eso de lo único que podemos decir que es “verdad”, que existió, y aun así, solo anhelamos lo inexistente, lo tramposo, lo mentiroso: el futuro.

En el pasado han quedado los documentales que se hacían y cuya regla inquebrantable era la de no aparecer jamás en escena. Son del pasado esos documentales. Son cada vez más y más los cineastas que han abandonado en sus documentales la vieja regla que dice que deberían permanecer siempre detrás de la cámara y dejar a la realidad que se “revele”.

Y muchos de esos documentales son autobiografías, por eso es que tienen que aparecer de una manera u otra frente a la cámara. Mostrarse no para ser vistos, sino para contar su historia, su pasado, su dolor, su vida, su alegría. Cineastas que han escogido pararse frente o a lado de la cámara para contar la historia de su vida, o un fragmento de ella, en el lenguaje que más conocen: el cinematográfico. Porque en las pequeñas vidas también hay historias dignas de ser contadas, publicadas al mundo. Y el cine tiene su propia forma.

Dice el autor Efren Cuevas que “[...] el cine autobiográfico se presenta con una estructura propia, basada en una doble temporalidad que no existe en el medio escrito: por un lado están las imágenes y sonidos filmados a lo largo de un tiempo concreto, que coinciden con el presente inmediato de los acontecimientos registrados y que pueden incluir desde la vida cotidiana del cineasta hasta otras situaciones más preparadas [...]”

En el cine autobiográfico se pone en juego lo privado e íntimo, como un diario que se hace público. Lo íntimo se pone en escena, se transforma sobre la base de una variedad de formas e imágenes para indagar e investigar en lo sucedido en la propia vida. La subjetividad del realizador es un método de indagación y lo que vemos es una “versión de la realidad” que revelan los medios cinematográficos y el punto de vista de cada cineasta. En este sentido, hablar del pasado personal tiene algo de “terapéutico”.

Las películas autobiográficas son viajes al pasado en busca de la verdad, de lo que nos construyó, pero también son el reflejo de la manera en cómo contamos nuestras historias personales y familiares.

“Cuando estás en el medio de una historia, aún no es una historia, sino solo una confusión, un rugido oscuro, una ceguera; los restos de cristal destruido y madera astillada, como una casa en un torbellino, o un bote aplastado por los icebergs o arrastrado en los rápidos y donde todos los que están a bordo son impotentes de detenerlo. Es solo después de que se convierte en algo parecido a una historia, cuando te las cuentas a ti mismo o a alguien más”, dice el texto en off de la película Historias que contamos (Stories We Tell) de Sarah Polley y es el texto de su madre en la voz de su padre, el texto con el que inicia el ciclo de cine “Te voy a contar mi vida: autobiografías de película”, que abre la temporada del Cine Club Simón I. Patiño. Un ciclo destinado a los documentales autobiográficos de tres directoras de distintas geografías: Sarah Polley, canadiense; Albertina Carri, argentina, y Agnès Varda, belga.

Así que sí, se podría decir que este ciclo dedicado a la autobiografía, con sus tres películas y sus tres contadoras de historias, es en realidad un ciclo sobre el pasado.

Stories We Tell (Canadá, 2012)



Algunas de las historias más tremendas y desconcertantes suceden a unos pasos de nosotros. No hace falta ir a los países más remotos, sumergirse en los profundos mares exóticos o encontrarse con seres mega famosos o extraños; a veces basta con mirar alrededor, observar a los familiares o escuchar esas frases que se repiten constantemente en la mesa en tono de broma (o no) como: “Sarah es hija de Geoff Bowes, no de papá”. Eso hizo la actriz, guionista y directora canadiense Sarah Polley en su documental Stories We Tell (Historias que contamos) que estrenó en 2012. Esa frase lanzada al azar mientras ella crecía, con el tiempo, se transformó en vehículo, un tren que marcha hacia atrás y que catapulta a Polley a su pasado.

Sarah Polley (Canadá, 1979) es más conocida como la actriz rubia que actuó en Exótica (1994) de Atom Egoyan, Existenz (1999) de David Cronenberg, Mi vida sin mí (2003) y La vida secreta de las palabras (2005) de Isabel Coixet, entre las más conocidas. Se lanzó como una precoz directora (su faceta menos conocida) con dos películas de ficción: Lejos de ella (2006) y Take This Waltz (2011). Esta última película trata sobre una joven mujer felizmente casada que se enamora del artista que vive frente a su casa. Esta podría ser la historia, con algunas variaciones, de su madre contada con más profundidad, maestría y desgarro en el documental Stories We Tell. Sarah también es una ciudadana comprometida políticamente con el partido que representa al progresismo de su país, el New Democratic Party.

Sarah Polley es también, y como si fuera poco, la protagonista principal de Stories We Tell, junto con su madre Diane, que murió de cáncer cuando ella tenía once años. En la película, su padre, hermanos, familiares y amigos cercanos responden a sus punzantes preguntas sobre su madre. Empieza pidiéndoles: “¿Puedes contarme la historia cómo sucedió, desde el principio hasta ahora?”. Unos ríen incómodos, otros maldicen, otros repiten “¿toda la historia?”, todos saben que será difícil, doloroso. Las entrevistas son filmadas y grabadas en lugares íntimos: la casa, calles conocidas de Toronto, pequeños bares. Pero la película no es solo un ejercicio de memoria, la película termina siendo un ensayo de las maneras en que las personas recuerdan el mismo evento. En cierto momento, su hermano, mientras está siendo entrevistado, le vuelca el juego y le pregunta a Sarah: “¿De qué realmente se trata esta película?” Y la propia Sarah se tropieza con sus palabras: memoria, familia, verdad, historia.

La gran riqueza de esta autobiografía radica en los elementos que Polley utiliza para llegar a la verdad de una historia familiar que no estaba clara para ella, elementos que le dan una textura familiar y de cine casero: tomas en película Super-8, fotos pegadas en hojas de álbumes, cartas protegidas por láminas de plástico como una evidencia forense, el texto escrito de esa historia por su padre Michael Polley y testimonios sobre una misma persona que se vuelven borrosos, inciertos en el recuerdo de una familia de contadores de historias.

Ficha técnica

Director: Sarah Polley

Guión: Sarah Polley y Michael Polley

Duración: 118 minutos

Documental

Canadá



Los Rubios (Argentina, 2003)



Sonaba a reclamo, fue un reclamo, había un reclamo. Reclamo a sus padres que habían desaparecido en la dictadura argentina cuando ella tenía tres años, reclamo a la manera idealizada y romántica con que se recuerda esa época, reclamo al cine que recupera el pasado de la dictadura como una forma de mantenerse cerca del legado que dejaron casi toda una generación de argentinos desaparecidos violenta e impunemente. Ese reclamo se llama Los Rubios, la película documental autobiográfica de la directora argentina Albertina Carri (1973), estrenada el 2003. En la película, Carri es interpretada por una actriz que se presenta: “Soy Analía Couceyro y voy a interpretar a Albertina Carri” y es a la vez personaje principal como parte del equipo de rodaje. En una entrevista de Lorena García en Página 12, Carri explica: “Me parecía demasiado fuerte plantarme frente a la cámara y decir: ‘Cuando yo tenía tres años a mi mamá y mi papá los mataron’. Porque si el espectador se pone a llorar no hay reflexión posible. La historia de por sí es dramática y traumática, y yo convivo con ella”.

Los Rubios, como otras de sus películas, es un tanto inclasificable. Inteligentemente, Carri echa mano de varios géneros como el documental, la ficción, el “cine dentro del cine”, el filme de denuncia, la dramatización, la animación (recrea escenas de su infancia con muñequitos de Playmobil), para reconstruir el evento que marcó su vida: la desaparición y fusilamiento del sociólogo Roberto Carri y la licenciada en Letras Ana María Caruso, pertenecientes a los Montoneros, el momento en que se quedó sola. Carri echa mano de varios géneros para reconstruir la ausencia y dar fe de que esa ausencia es su identidad. En Los rubios, no solo trata de recordar lo que pasó esos días en que sus padres se escondían y cómo fueron desaparecidos, sino que, paralelamente, en el vacío, en las formas vagas y dudosas en que las personas recuerdan los hechos, Carri va construyendo su propia identidad. Nada está claro, es imposible reconstruir la memoria, plantea Carri.

Albertina Carri tenía 30 años cuando hizo esta película. Hizo la carrera de guión en la Fundación Universidad del Cine (FUC) y descubrió que dirigir podía ser una forma de escritura. En 2001 fue una de las trece directoras de la mítica “Historias de Argentina en vivo”. Ha dirigido las películas No quiero volver a casa (2000), Los rubios (2003), Géminis (2005), Urgente (2007), La rabia (2008) y Cuatreros (2016), con las que participó en muchos festivales internacionales. Y en 2013, el entonces subsecretario de Promoción de Derechos Humanos de Argentina, Carlos Pisoni, le pidió que organice un festival y lo llamó “Asterisco”, dedicado a la diversidad sexual como una manera de promover los derechos humanos.

Carri es una directora fascinada por el lenguaje del cine, siempre está en busca de las imágenes, sobre todo de las que marcaron la historia de su país. Las busca, las encuentra, las reconstruye para repensarlas, des-solemnizarlas y mostrarlas desde otro lugar. Dice, en uno de sus cortos llamado Restos sobre las películas desaparecidas también durante la dictadura: “Acumular imágenes es una forma de la memoria, volverlas disponibles es necesario para destrozar la huella por la que seguir andando”.

Ficha técnica:

Director: Albertina Carri

Guión: Albertina Carri y Alan Pauls

Duración: 90 minutos

Documental / ficción

Argentina

Las playas de Agnès (Francia, 2008)



De la gran directora Agnès Varda (Bélgica, 1928) se podría esperar una autobiografía sobre el nacimiento de la “Nueva Ola” (Nouvelle Vague) del cine francés, de la “señora de la Nouvelle Vague”, de su amistad tan profunda con cineastas de la talla de Chris Marker, Godard o los hermanos Dardenne, de su vida, amor y trabajo con su esposo Jacques Demy, del cine comprometido con la sociedad y la escritura, de las pioneras del cine feminista, de una de las más grandes cineastas que renovó el cine mundial y la historia del cine. Pero no, su película autobiográfica Las playas de Agnès es una memoria reconstruida sobre el envejecimiento y sobre lo que realmente es ser viejo. Varda realiza esta película al celebrar sus ochenta años y se presenta a cámara al principio de la película, mientras camina en la playa de su infancia en Bélgica, casi con el mismo gesto con que lo hiciera la actriz de Los Rubios: “Yo interpreto el rol de una ancianita gordita y habladora”. Varda, con humor, inteligencia y arte, recicla su historia de vida a través fotografías recuperadas, escenas de sus películas, sus propias fotografías (estudió arte e historia en la Sorbona y se decantó por la fotografía primero), narraciones a cámara e instalaciones. Varda nos lleva en un viaje por su vida a través de las playas en las que vivió y filmó, recordándonos a menudo que la vejez es también olvidar y que recordar es un esfuerzo a veces doloroso, imposible y, sobre todo, caprichoso. “Mi memoria a veces se hace a la loca”, le dice su amiga de la juventud, ahora una anciana de pelo totalmente blanco y de mirada un poco perdida.

El material de prensa de la película la describe como una “auto-bio-filmo-rompecabezas autorretrato” y, al verla, puede parecer que entramos en un cuadro surrealista, ese arte que tanto ama; puede parecer que estamos ante un poema surrealista, en un cadáver exquisito, escrito entre la niña, la impetuosa joven, la inteligente y vivaz anciana y una de las cineastas más cercanas al otro (“son los otros los que me importan”, dice en el documental) que dio la historia del cine.

Ficha técnica:

Director: Agnès Varda

Guión: Agnès Varda

Duración: 110 minutos

Documental

Francia

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