Cochabamba, Bolivia, Domingo 12 de marzo de 2017
Ramona

“No dejemos que los talentos se conviertan en periodistas culturales”

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Letras mARTadero | 12/03/2017

Los escritores Rodrigo Urquiola y Daniel Averanga.

Entrevista con los escritores Daniel Averanga y Rodrigo Urquiola, quienes conducirán un taller de edición literaria en el mARTadero.

Con varios libros y premios nacionales en su haber, los destacados escritores Daniel Averanga (Oruro, 1982) y Rodrigo Urquiola (La Paz, 1986) conducirán el taller de edición literaria “Destrozadero: clínica de narrativa emergente”, del 15 al 17 de marzo en el proyecto mARTadero. Los organizadores conversaron con los literatos a propósito de su perspectiva de lo que los autores bolivianos producen dentro y fuera del país. Quienes deseen mayores informes sobre la actividad pueden llamar al teléfono 72262533.

-Letras mARTadero (LM): Varios artículos y hablan de la buena racha por la que está pasando la narrativa boliviana. ¿Cuál es su opinión?

Rodrigo Urquiola (RU): Hasta pareciera que es un interesante momento para ser un escritor boliviano, ¿no? Bonita cosa, ojalá mejore mucho más para todos.

Daniel Averanga (DA): Mejor no confundir “buena racha” con “promoción de clase” en Twitter. La literatura boliviana siempre ha estado de “buena racha”, solo que también depende de a qué le dices “buena racha”, dentro de este paradigma y coyuntura nacional. Yo percibo en cierta medida sobrevaloración de ciertos hijos literarios de Carver, por gente aficionada a Netflix, que ni siquiera lee a estos autores. Si bien ha habido mucha más difusión de lo que se está escribiendo en ciertos círculos, hay también problemas de valoración de quienes logran éxito de calidad literaria (incluso fuera de nuestra fronteras), pero que no son parte de las roscas, sean buenas o malas, de escritores y escribidores en nuestro país.

-LM: En un país con una tradición oral fuerte, un campo editorial reducido y pocos espacios de formación literaria, ¿qué sentido tiene dedicarse a la literatura y/o fomentarla?

RU: Tal vez no tenga ningún sentido. Pienso que un país —un espacio geográfico cualquiera— sin libros es una cosa sin alma, eso sí. Pero hay gente que vive sin leer libros y parece más feliz. Así que no sé.

DA: El sentido está en seguir en la lucha. Yo de niño quería leer literatura boliviana porque, pensaba con cierta ingenuidad nacida del resentimiento de clase (que ya me recuperé de eso: se llama adolescencia), que nuestros escritores solo podrían escribir sobre movimientos sociales, amores de provincia, bohemios paceños y familias disfuncionales con Heineken por bebida oficial... Yo quería leer ciencia ficción, terror, drama, colerones literarios, y quería que alguien me demuestre que se podía escribir así, sobre esos géneros y a partir de esos géneros en Bolivia... Gracias al cielo aparecieron entre mis manos, cuando cursaba secundaria, los libros de Boero Rojo, Cerruto y De Recacoechea, y eso me impulsó a seguir en la lucha, y hacer posible un medio para demostrar que no solo nuestras generaciones podrían ser trabajadores de empresas de Doria Medina, o dirigentes del MAS, o participantes de “Bailando por un sueño”.

-LM: En este panorama poco alentador, ¿qué es lo que tiene que pasar para que un escritor sea considerado tal?

RU: No basta con tener libros publicados o haber ganado premios, eso sí.

DA: Escribir, enviar a todas partes los trabajos. Hay Facebook, correos electrónicos, medios para hacer llegar al mundo lo que uno hace. Ya sabes que hubo autores extraordinarios como Saramago o García Márquez, que fueron descubiertos por calar y perder la vergüenza de mostrar sus trabajos al mundo... Alguna vez pensé que si Camus hubiera nacido en Uyuni, no hubiera sido el Camus que conocimos a través de sus libros... Hay oficio, vena narrativa, talento... No dejemos que esos talentos se conviertan en periodistas culturales que critican lo que no pueden hacer, o tuiteros nomás... Hay que potenciarlos para el mundo, si ellos quieren, claro.

-LM: Muchos de los autores que aparecen como representantes de este florecimiento de la narrativa boliviana estudian o residen en el exterior. Independientemente de la calidad de su trabajo, ¿cómo creen que esta extranjería se relaciona con su reconocimiento como “escritores bolivianos”?

RU: Mientras más viajas conoces a más personas. Somos un país isla. Los escritores bolivianos que no tienen la oportunidad (plata, contactos) de salir afuera están condenados a no ser tomados en cuenta o ser olvidados de este “buen momento” de la literatura boliviana.

DA: Yo creo que somos desconocidos para el mundo. Muchos escritores que residen afuera lo han hecho bien, muy bien, y llena de orgullo que ellos hayan declarado su bolivianismo al exterior. Alguna vez, en medio de la bruma de la ignorancia, pensé que habían sido reconocidos, como pasó con Víctor Montoya, gracias a sus exilios inexistentes; pero al menos una mayoría hace un buen trabajo. Hay otros que no lo hacen nada bien, pero qué le vamos a hacer, son parte de ese círculo, de ese estrato... Hay que dejarles que sigan dándole duro a la tecla nomás, por ahí sacan algo bueno de verdad...

-LM: ¿Cómo creen que influye en la carrera de un escritor el alcance mediático de los premios literarios?

RU: Participas en un premio porque necesitas dinero y tienes que comer. El alcance mediático puede ayudarte a conseguir un trabajo, también. Pero no lo es todo. Al final, pienso, lo más importante en la carrera de un escritor no son los reconocimientos o demás, es la escritura.

DA: El alcance mediático no interesa en la medida que, si le haces mucho caso, incluso te puede perjudicar; uno escribe, no hace tour de fama social. Además, hay que diferenciar entre los escritores que ganan premios para ganarse la vida, y los otros que tienen su profesión aparte, arrimados a sus escritorios, ajena a los delirios de la composición, que dicen no participar en concursos pero que siempre lo han hecho sin sacar nada... Y que proclaman a los cuatro vientos que escriben sin afán de lucro. Esos escritores que critican a los premios tienen la manía de justificar que la carrera de un escritor debería ser la de regalar su trabajo. Escriben “sin afán de lucro”, dicen, pero no se dan cuenta de que es una carrera que elegimos, conscientes de que es lo único que podemos hacer.

-LM: ¿Cual es su opinión respecto al reciente experimento de Osvaldo Calatayud, ganador del Nacional de Novela en 2016?

RU: Alcé el libro y las hojas se empezaron a caer y de pronto me dio flojera leerlo. Desconfío de los artilugios, pero parece una llamativa alternativa. Tengo que leerlo para tener una opinión que no se base en simples prejuicios. Ya será.

DA: Me encantó la premisa y la forma de presentarlo, pero me aburrí muy rápidamente. A pesar del manejo impresionante de los argumentos, del sentido de la memoria y todo eso, todos sus personajes parecen Osvaldo, pero travestido. Un “Rayuela estronguista” es esa novela. La acabé entre bostezos y tristeza; quería que me gustara, en serio.

-LM: En un artículo sobre la diversidad literaria, Lorraine Berry indica que la producción está limitada por las personas que tienen el tiempo y el dinero para escribir, y que hay personas con igual o mayor talento que tienen menos oportunidades dado que tienen que sustentarse día a día. ¿Cómo ven la producción literaria boliviana y su repercusión en la sociedad?

RU: Si eres pobre (o de clase media baja, como le dicen por ahí), es una apuesta grande la escritura. Tienes que estar segurísimo de que vale la pena el tiempo que pasas escribiendo y no dedicándote a ganar plata en un trabajo. Ahora, si tienes papis que te mantienen, imagino que es más fácil la cosa. O tal vez no. Quién sabe. Sería lindo que el Ministerio de Culturas recuerde que los escritores existen y ayude con becas o salarios de acuerdo a logros conseguidos, algo así. Para escribir necesitas tranquilidad, también. Pero dicen por ahí que un escritor feliz ya no es tan buen escritor como podría serlo sufriendo. Y quizás esto el Ministerio lo sabe. Igual, los premios son una linda oportunidad.

MA: Es todo estratos, clases, roscas, pero eso de la diversidad es mejor que a que no exista nada. Me gustaría que todas las editoriales rompan un poco de sus círculos cerrados, que dejen pasar el oxígeno para que no se fermenten mucho. Y la meta, obviamente, será siempre llegar a mucha gente, y despertar el afán de lectura.

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