Cochabamba, Bolivia, Domingo 8 de enero de 2017
Ramona

The last of us

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Por: Mauricio Rodríguez Medrano | 08/01/2017


Joel escapa con su hija en un cuatro por cuatro. En las afueras de la ciudad escucha por la radio sobre la muerte de hombres a manos de hombres. Se encuentra con su hermano y le dirige a la carretera interestatal. No hay paso. Delante de ellos la gente corre y grita.

Retrocede pero ya es tarde: un camión choca con el cuatro por cuatro. Cuando despierta, herido y desesperado, corre con su hija hasta una acequia y se encuentra con un militar que le dice que retroceda. «Solo queremos pasar», dice Joel. «¡Retrocedan!», ordena el militar.

«Afirmativo», dice el militar por radio a alguien que le ordena disparar. «Papá, duele», dice la hija de Joel y le muestra una herida en el estómago. «¡Sarah!», grita Joel y el militar se acerca.

«¡Sarah!».

Joel llora.

«No te vayas». «No te vayas».

«¡Ayuda!». «¡Por favor, ayuda!».

El militar se prepara para disparar, y en el último momento, cuando todo está perdido, aparece el hermano de Joel y asesina al militar. Sarah murió en los brazos de Joel y solo se escucha el sonido de una guitarra.

“The last of us”, dirigido por Bruce Straley y Neil Druckmann, es un videojuego elaborado para el Play Station 3. Pero no es solo un videojuego: es arte. Es literatura, si la entendemos como la manera de contar historias y de reflejarnos, en un espejo óvalo y distorsionado, la esencia del ser humano.

El género de inicios del siglo XX fue la novela; y la literatura se apropió de un género híbrido: el cine (y la televisión), que es el mayor de finales del siglo XX; el nuevo género de la literatura son los videojuegos (no todos, como no toda la literatura es arte) y será uno de los mayores géneros del siglo XXI.

Cumple con lo que dijo el poeta André Gide: «…una de las funciones de la obra literaria es ser testimonio de una época, de ideales y del entorno histórico en los cuales se desenvuelve. Es un documento social de su tiempo, esto es, de costumbres, de política y de la psicología de un pueblo».

Veinte años después: Joel sobrevivió, si vivir con la carga del pasado se puede llamar sobrevivir, está cansado, lleno de cicatrices (en el alma, en la vida). Se convirtió en contrabandista y vive en una habitación de un edificio abandonado, de una ciudad que se muere.

El argentino Gustavo Santaolalla es el compositor de la banda sonora de “The last of us”. También es el responsable de la banda sonora de Amores perros (2000), 21 gramos (2003), Babel (2007) (la trilogía de Alejandro González Iñarritú), Diarios de motocicleta (2004), de Walter Salles, o Brokeback Mountain (2005), de Ang Lee.

Joel (como un vaquero de una película de John Ford o un samurái de una película de Akira Kurosawa) es un paria; la civilización ha sido destruida por una infección que convierte a las personas en monstruos.

Conocerá a Ellie (que tiene más o menos la misma edad de su hija fallecida) y descubrirá que fue mordida por un monstruo infectado; pero no se convirtió (tres semanas después de haber sido herida). «Ella es la solución», piensa Joel. «Así terminará el apocalipsis». Y se le encomendará llevarla donde las Luciérnagas, un grupo rebelde que busca el antídoto a la infección; pero la única solución es que Ellie muera, que le extraigan una parte del cerebro para sintetizar el antídoto; Ellie está dispuesta a morir, Joel ve en ella a su hija y no permitirá que muera (¿?).

Periodista y escritor – zion186@hotmail.com






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