Cochabamba, Bolivia, Domingo 8 de enero de 2017
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Zombis coreanos al estilo Hollywood

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Por: Juan Sardá El CulturalJuan Sardá El Cultural | 08/01/2017


Hace cuatro años, el joven filósofo Jorge Fernández Gonzalo quedó finalista del premio Anagrama de ensayo con Filosofía zombi, donde reflexionaba sobre el boom de los muertos vivientes en la cultura popular, de películas como Guerra mundial Z (2013), a series como The Walking Dead, videojuegos como Resident Evil o incluso versiones de los clásicos, como Orgullo + Prejuicio + Zombis (2016), que primero fue una exitosa novela. ¿Por qué nos gustan tanto los zombis? Según Gonzalo, representan a una sociedad como la nuestra en la que hemos perdido “la capacidad de reconocer al otro como un ser humano”, así como una forma de cristalizar nuestros miedos a una globalización “que nos vuelve a todos iguales”, así como el temor latente a un apocalipsis que arrase con todo y que en los tiempos modernos no sería consecuencia de la ira divina, sino de los peligros de los avances de la tecnología.

Lo vemos en la película Estación zombie (Train to Busan), que se ha estrenado en el país y en Cochabamba se exhibe en el cine Center. Precisamente esa falta de reconocimiento del otro en una sociedad cada vez más individualista es el tema de fondo en un filme que también pone de relieve el miedo ante el imparable avance de la biotecnología al situar el origen de los zombis en un virus propagado por un laboratorio. Película superexitosa en su Corea natal y dirigida por Yeon Sang-ho, autor de dos filmes de animación (The King of Pigs y The Fake) que debuta ahora en el campo de la ficción con actores de carne y hueso. Lo mejor que se puede decir de Estación zombie, y no es poco, es que uno disfruta como un enano viéndola y que tras la diversión propone interesantes y ricas lecturas.

La película no evita ninguno de los clichés del cine de Hollywood. El protagonista es un treintañero exitoso en lo económico que se dedica a las finanzas (lo que es motivo de chanza toda la película porque ya se sabe que tienen mala prensa) con una hija pequeña a la que no tiene tiempo de cuidar y que padece por ello, situación que vemos prácticamente en todos los títulos familiares creados por Estados Unidos. En este caso, da la impresión de que Sang-ho parte del cliché para ser, precisamente, más libre, como si el hecho de plantear una situación arquetípica le permitiera ser más creativo a la hora de explicar lo que de verdad le interesa, una historia sobre cómo las personas reaccionamos en grupo ante la amenaza y la forma en que el heroísmo y la miseria conviven a la vez en nuestra condición humana.

Todo ello lo hace con un ritmo trepidante en el que un tren en marcha infestado de zombis y que avanza enloquecido hacia un destino incierto (un recurso que hemos visto en distintas películas, de un clásico como El puente de Casandra (1976) a Alerta máxima 2, con Steven Seagal) se convierte en símbolo de una civilización tan rápida, ultramoderna y sofisticada como carente de dirección y sentido.



Periodista






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