Cochabamba, Bolivia, Domingo 1 de enero de 2017
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Strangers Things

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Por: Mauricio Rodríguez Medrano | 01/01/2017


Will Byers desapareció. Fue en la noche, después de un juego de “Calabozos y Dragones”. Lo último que se supo de él: tomó su bicicleta y se adentró al bosque para cortar camino. Con una pequeña linterna alumbraba el sendero de tierra, hasta que escuchó un gruñido y algunas hojas se movieron. Pedaleó con fuerza y después de un rato llegó a su casa. Luego desapareció.

“Robo mis ideas de otras películas que me hayan gustado”, dijo el director Quentin Tarantino. Esa es la tendencia de las miniseries y películas de Estados Unidos en estos últimos cinco años: el homenaje (¿o plagio?). Strangers Things es un homenaje al cine de los 80 (¿o un plagio al Steven Spielberg de los 80?).

Etimología de un Demogorgón: proviene de “demonio” (obvio) y de “Gorgona” (en la mitología griega: medusa, mitad mujer, mitad monstruo, tiene cabellos de serpientes). También es el monstruo final de “Calabozos y Dragones”. En Strangers Things, se parece al monstruo de La Cosa (The Thing, en inglés), de John Carpenter (Quentin Tarantino lo puso otra vez vigente en su película The Hateful Eight).

El cine y la televisión crearon su propia mitología y se alimentan de ella (así como la literatura se alimenta de sí misma). El director más vigente, aunque el menos taquillero en la actualidad, es Steven Spielberg. Strangers Things se nutre de Spielberg (también de las películas de la productora de Spielberg, Amblin): Encuentros cercano del tercer tipo, E.T., el extraterrestre, Poltergeist, Twilight Zone: The Movie, The Goonies.

Mike Wheeler, Dustin Henderson y Lucas Sinclair son amigos de Will Byers (recuerdan a los personajes de dos películas, The Goonies y Stay by me); y perdedores en toda regla. Se dan a la tarea de buscar a su amigo desaparecido. En la búsqueda conocerán a una niña (Eleven) que tiene poderes sobrenaturales (una mezcla de jedi con la niña de Poltergeist; en uno de los capítulos, incluso se viste como ella: cabello rubio, vestido rosa).

Strangers Things también debe mucho a Steven King (escritor de mayor éxito en los 80). Eleven, la niña, se parece mucho a Carrie. El Demogorgón tiene mucho de IT; Y también debe mucho al videojuego “Silent Hill”: el espacio donde ocurre la serie es el pueblo de Hawkins, pero tiene un doble, un Hawkins oscuro al que solo se puede acceder por ciertas puertas (el ambiente se parece al pueblo de Sillent Hill, envuelto en niebla y cenizas; el mismo infierno).

Winona Ryder y David Harbour son igual de convincentes en sus roles de padres sufridos, pero de lejos son lo más destacado de los ocho episodios. Noah Schnapp, que hace de Will Byers, se roba completamente el primer episodio. La escena antes de su desaparición es tan convincente, que su cara de terror te pone los pelos de punta.

Joyce es madre de Will y la gente del pueblo cree que está loca. Compró foquitos de Navidad y los armó en toda la casa, como una red caótica; y espera que Will se comunique con ella. Luego pintará un alfabeto en la pared, como una tabla de ouija, al lado de cada foquito que se encenderá. La palabra que descubrirá la madre de Will será: “Corre”.

Stranger Things es un cuento que sigue el patrón de las producciones ochenteras de ciencia ficción fantástica, aquellas que tenían ese halo oscuro que las emparentaba con el terror con solo cruzar una puerta. Es un producto que no oculta su cebo, sino que se dedica a azuzar dicho factor nostálgico ante los morros del espectador que nació al final de los 70 y consumió la cultura popular de la década de los 80, aquellas personas que merendaban con “He-Man” y se iban de aventuras con Steven Spielberg, Richard Donner o George Lucas, y acampaban debajo de las sábanas con una linterna y la prosa sangrienta de Stephen King. Y tal vez todo homenaje es un plagio o viceversa.



Periodista y escritor - zion186@hotmail.com






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