Cochabamba, Bolivia, Domingo 1 de enero de 2017
Ramona

[Chenk’o total] Regalo de Navidad

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01/01/2017

El Papirri

Este 2016 tuve un solo gran regalo de Navidad, uno que contuvo muchos adentro. Cuando destapé el regalo el 24 de diciembre a las 12, vi que estaba repleto de fe, de certeza, de creer y creer, pese a que las condiciones “objetivas” no cuadraban, pese a que los números no daban, pese a una supuesta inferioridad material. La fe no se compra, pues. No se paga a plazos. La fe no es marketing ni calculo; la fe no es inversiones. La fe llegó de la manito de su amiga, la esperanza. Salieron a mi encuentro cuando abrí el regalo y ambas alegraron mi corazón curtido de injurias y traiciones, mi corazón que había perdido la capacidad de admirarse, mi corazón que palpitaba últimamente sin emoción.

En otro compartimento del regalón estaba nada menos que el coraje. El coraje que ejerce con firmeza la voz de la fe y se lanza sin miedo, de frente, a vencer enemigos cotizados, que portan Rolex y tecnología de punta, que cotizan en la bolsa, y que además juegan sucio, con violencia, con la soberbia del poder que ofende. El coraje se sostiene con la fe hasta el final total de la batalla, superando a los derrotistas y su normalidad, a los que perdieron antes de tiempo por creer en los cómputos, superando sobre todo a los que gritan el triunfo antes de que acabe la cruzada, porque su seguridad se sustenta en las sumatorias, en la automatización del pecho frío: “Ya hemos ganado, chancho pelado. Somos los mejores porque mi papá es millonario”.

El coraje y la valentía están alimentados además por el trabajo consciente, el ensayo preciso, la práctica en equipo. Son lo consciente, lo preciso con una gran noción de responsabilidad, de administrar correctamente los recursos austeros sin derroche; un vivir bien que avanza paso a paso, ahorrando lo que se puede, con responsabilidad y constancia, mucha constancia. Ya ven, mi regalo también tenía trabajo consciente en equipo y manejo responsable de la realidad.

Mi regalo asimismo tenía historia, respeto por la memoria, por los mayores, y esto fecunda reencarnaciones vitales, vidas coherentes. Y desde el alma nos brotan y se actualizan nuestros héroes fidedignos que triunfaron en batallas imposibles, heridos de sed, con los pies descalzos, todo por la fe y por el coraje de defender el territorio vital, la patria, la familia.

Entonces, erguida y serena, aparece la dignidad, que brota llena de luces desde el paquete de mi regalo y me obsequia un baño de energía que hace levantar la frente y enciende el motorcito de la lucha, de la acción con ideas y tradición. Y, cuando se juntan y cocinan todos estos mis regalos -que son valores-, mediante la conducción de líderes honestos, repletos de bravura, historia y trabajo, la realidad real calculada cambia súbitamente y, contra todo pronóstico, se llega al triunfo total. Ahora sé: los verdaderos líderes nos hacen líderes a todos, hasta a los soldados más anónimos.

Pero más allá del triunfo, he recibido este año el grandioso regalo renovado de una manera de ser repleta de solidaridad, la renovación de una cosmovisión que tanta falta nos hace, una cualidad de afrontar la existencia con esperanza, responsabilidad, fuerza, pundonor, comunidad, respetando las posiciones que nos toca desempeñar, pensando como Holon: unito es el equipo. Este regalón navideño lo llevaré por siempre calado en mi pecho y en mi frente, como un tatuaje de vida, como una forma de ser y hacer que seguro ayudará a levantarme feliz y radiante de los tropezones que se vienen, con garra y gloria, porque el pueblo nos nombró Derribador.

Gracias por este enorme y multiplicado regalo navideño, mi amado club The Strongest. Gracias por este sacudón de fe, por renovar a este corazón apaleado, por la cátedra de cómo debemos afrontar el 2017 y los próximos años. Porque el Tigre del pueblo no es solo un equipo de fútbol. Es una manera de ver y hacer la vida abundada de los valores que estaban contenidos y descritos en mi regalón navideño.

Por este y los próximos años, celebremos las fiestas con la humildad serena y apasionada que rebalsa de negro y amarillo, con la sencillez de nuestro orgullo atigrado, por la pasión con trabajo, porque no tenemos precio. Por nuestros héroes de Cañada Strongest, por esta familia mundial, nuestra nación atigrada, que seguro gritará conmigo y por siempre: ¡Stronguistas: Warikasaya Kalatakaya! ¡Hurra hurra! ¡Viva el poderoso Strongest! ¡Que viva, carajo!

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*El Papirri, personaje de la Pérez, también es el cantautor paceño Manuel Monroy Chazarreta.

Músico - papirri@hotmail.com






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