Cochabamba, Bolivia, Domingo 1 de enero de 2017
Ramona

Las mejores películas bolivianas de 2016

Aumentar tamaño de letra Dismuir tamaño de letra Dismuir tamaño de letra Dismuir tamaño de letra Dismuir tamaño de letra VOTAR
  • Actualmente 0
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
RESULTADO
  • Actualmente 0
Compartir
01/01/2017


Juana Azurduy, guerrillera de la Patria Grande

(Bolivia, 2016)

Jorge Sanjinés

Estrenada en salas

No sería descabellado pensar en Juana Azurduy, guerrillera de la Patria Grande, el más reciente largo de Jorge Sanjinés, como una película-cueca o, si se quiere, una cueca cinematográfica. Un filme que, al igual que ese género musical-danzístico mestizo, se debate entre la euforia y la melancolía, entre la lejanía y la intimidad, entre lo público y lo privado, entre el vértigo y la quietud, entre la furia y la resignación, entre la victoria y la derrota.

A su manera, Juana Azurduy encarna esa otra nación clandestina que, subsumida solo en el discurso por la nación oficial, fue en la práctica desterrada por los “doctorcitos” que echaron mano de la política para apropiarse de la independencia conquistada por otros. Si en La nación clandestina, el Jacha Tata Danzanti era el baile de la redención, el ritual indígena que consumaba la reintegración del sujeto a su comunidad; en Juana Azurduy, la cueca funciona como el baile de la derrota, el ritual mestizo-criollo que consuma el olvido al que está condenada la heroína. Siendo así, lo más probable es que la redención de esta Juana Danzanti no esté en la historia ni en la nación, sino en esta película, en esta cueca cinematográfica que le ha compuesto el maestro Jorge Sanjinés. (Santiago Espinoza A.)



Nana (Bolivia, 2016)

Luciana Decker

Estrenada en el Festival de Cine Radical y exhibida

en la Cinemateca

Es la empleada de la casa, le dicen nana, pero es la empleada -cama adentro-. Le dicen nana y se llama Hilaria Huaycho. Ha trabajado para la familia de la joven Luciana por más de 40 años en La Paz y la ha criado como a una hija, su “hija postiza”. La hija postiza es la directora del documental Nana, se llama Luciana Decker y ha filmado a Hilaria en la intimidad de su casa, de su territorio. Luciana, sin quererlo, como muchos estos días, ha hecho política.  Nana es un documental íntimo y conmovedor que cuenta la silenciosa y recelosa lucha de dos hijas -una legítima y una postiza- por el amor de una madre, la madre Hilaria, la nana. Una lucha que no se ve, solo se oye, se intuye. Es la versión minimalista de la lucha de clases representada en la relación entre criados y señores. Una lucha librada, en la película, a plan de lenguaje.

El cine como instrumento de lucha en nuestro país tiene una larga tradición y no solo ha servido para registrar esa lucha, documentarla y denunciarla, sino para reflexionarla. Siguiendo esta tradición, Nana se instala en la historia del cine como instrumento de lucha a modo de una pequeña granada rellena de ají picante. En apariencia, esta película delicada y sensible, con una edición afilada, teje una mantilla que lleva las figuras de las palabras no dichas: papá, amor, mamá. Amorosas palabras.   (Alba Balderrama)



Sol Piedra Agua (Bolivia, 2016)

Diego Revollo

Estrenada en el Festival de Cine Radical en La Paz

Como suele ocurrir con las óperas primas, Sol Piedra Agua es una película que se erige como una declaración de principios de su realizador, Diego Revollo. La obra testimonia la forma en que el director concibe el mundo y el cine. Del mundo le interesan las manifestaciones de la naturaleza y del paisaje como metáforas de las relaciones humanas y, en particular, de los lazos que se tejen entre padres e hijos. La cinta asume la paternidad como un trance onírico y existencial, no exento de un ímpetu autodestructivo. Ese mundo tiene una localización concreta: la ciudad de La Paz y sus inquietantes paisajes aledaños, que el filme contempla y explora, de la mano de su protagonista, inspirado/guiado por la poesía de Guillermo Bedregal, y deslizando también una suerte de manifiesto generacional.

Del cine, Sol Piedra Agua reivindica su capacidad para capturar la intimidad cotidiana, a partir de una (com)pulsión vital por registrarlo todo; pero también su vocación por experimentar con las imágenes hasta dar con las formas que permitan cifrar estados del mundo irrepresentables. Así, el filme funciona como un artefacto que revela los encuentros y desencuentros a los que, al igual que las relaciones paterno-filiales, están sometidas las imágenes en movimiento que mutan y multiplican sus formatos. (SEA)



Viejo Calavera (Bolivia, 2016)

Kiro Russo

Estrenada en salas

No por nada promocionado como “un viaje a la oscuridad”, Viejo Calavera ensaya, en efecto, una inmersión en las tinieblas que visualmente se materializa en las minas, pero que también cobra otras formas: la borrachera, el silencio, la muerte y, por supuesto, la noche. De hecho, bien podría asumirse la trama del filme como un “concierto conflictivo” de noches, un escenario en el que diferentes nocturnidades se encuentran, colisionan y explotan. El protagonista, Elder Mamani, es un joven intratable que llega a trabajar a la mina de Huanuni (Oruro), obligado por la muerte accidental de su padre y arrastrado por su tío/padrino también minero.

Una lectura narrativa de Viejo Calavera podría permitirnos emparentarla con una suerte de “Divina Comedia minera”, que desciende al infierno oscuro de la mina, donde se desarrolla la mayor parte de su metraje, para luego ascender al purgatorio de los Yungas y finalizar en una carretera que parece rozar el cielo/paraíso.

De la suma de las cualidades formales de Viejo Calavera se desprende una puesta en escena de la oscuridad que es capaz de descubrirnos una belleza que desconocíamos o habíamos olvidado: esa que se detiene en la superficie oscura, accidentada y endurecida de la materia, y brilla solo en la medida en que su entorno permanece en la sombra, un destino al que esa fracción iluminada ha de también volver más temprano que tarde. Se trata de una oscuridad que nos remite, cómo no, a la propia condición primigenia del cine: la promesa de un rostro por iluminar, de un paisaje por ver, de un mundo por descubrir. (SEA)






Copyright © 2003-2017 Opinión. Todos los derechos reservados.