Cochabamba, Bolivia, Domingo 20 de diciembre de 2015
Ramona
La cuarta antología realizada por Salvador Luis Raggio con la editorial boliviana El Cuervo ya se encuentra disponible en las librerías bolivianas. El escritor, editor y académico peruano habla de este y otros proyectos suyos en esta entrevista.

Kafkaville: Once visiones para enfrentarse con lo kafkiano

Aumentar tamaño de letra Dismuir tamaño de letra Dismuir tamaño de letra Dismuir tamaño de letra Dismuir tamaño de letra VOTAR
  • Actualmente 0
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
RESULTADO
  • Actualmente 0
Compartir
Por: María José Ferrel ANF | 20/12/2015



Ya se encuentra en librerías bolivianas Kafkaville, un libro que reúne once cuentos que hacen un tributo a Franz Kafka. El trabajo realizado por el escritor, editor y académico peruano Salvador Luis Raggio lo posiciona como un especialista en recopilaciones debido a su calidad, su atmósfera e ingenio. Ya tiene cuatro publicadas con la editorial nacional El Cuervo dirigida por Fernando Barrientos. Además de la última, están La Banda de los Corazones Sucios, La condición pornográfica y Los supremos.

“Kafka es un escritor que significa mucho para mí desde la adolescencia, uno de esos autores que marcan un antes y un después en mi vida, de ahí viene la semilla de todo esto”, señala Raggio, quien comenzó el proyecto el año 2012 bajo la idea de una revisión de la obra, de los gestos del escritor checo, para a partir de ello crear algo propio.

El compilador busca la atmósfera de un disco tributo en el libro, “donde cada músico hace su propia versión de una pieza”.

“En Kafkaville, claro, no hay nuevas versiones de textos específicos de Kafka, pero sí podemos notar la intención de reformular arquetipos o incluso de desestabilizar la manera en que Kafka narraba”, explicó.

El libro reúne textos inéditos de jóvenes autores iberoamericanos, representantes de la literatura del siglo XXI, como Sara Mesa (España), Enzo Maqueira (Argentina), Rosario Lázaro (Uruguay), Marina Perezagua (España), Eduardo Varas (Ecuador), Liliana V. Blum (México), Denise Phé-Funchal (Guatemala), Claudia Salazar Jiménez (Perú), Juan Cárdenas (Colombia) y, representando a Bolivia, Fabiola Morales y Sebastián Antezana.

- El libro es un trabajo especial y tiene muy buenas obras. ¿A qué crees que se deba?

El libro me ha dejado bastante satisfecho. Le dije a Fernando que tal vez sea el mejor trabajo que he realizado para él, pero no precisamente porque se trata de Kafka, pues siento la misma conexión y entusiasmo por los proyectos anteriores, sino porque este nuevo libro conjuga estupendamente la diversidad temática kafkiana: la burocracia, la monotonía moderna, la sombra del padre, los espacios de aislamiento, la mutación, etc., utilizando tonos y estructuras narrativas con los que Kafka nunca experimentó. En ese sentido, el libro es muy contemporáneo, no son meras fotocopias, sino visiones actuales de enfrentarse a lo kafkiano. Además, aunque parezca mentira, hay más realismo que incursiones fantásticas en el libro.

Siempre hay cierta tendencia a calificar a Kafka de un solo modo, conectarlo solamente con La metamorfosis, pero me parece que este libro demuestra que hay una diversidad importante dentro de la estética y los modos de representación que Kafka empleaba.



- ¿Cuántas antologías has realizado? ¿Cuál fue la primera? ¿Esta es la última o planeas hacer otras?

De ficción, he compilado siete antologías hasta el momento, y también edité una selección de ensayos sobre la obra del escritor Mario Bellatin.

La primera antología que preparé se llama El arca: Bestiario y ficciones de 31 narradores hispanoamericanos, para Sangría Editora, de Chile. A través de los años también he compilado compilaciones de cuentos en España y Perú.

Ahora mismo me encuentro planeando la siguiente antología, probablemente trabaje de lleno en ella a partir de marzo de 2016, se enfocará en la otredad, la pureza y la impureza orgánica: distintas representaciones de la materia. Supongo que estará en las calles a fines de 2017 o mediados de 2018, si el planeta no vuela en pedazos antes, claro.

- Algunos tenemos un gusto por antologar, seleccionar. ¿Qué es lo que más disfrutas de esto?

De todas las antologías que he publicado solamente una no salió de mis pesadillas o sueños (risas). La mayoría son proyectos que por alguna extraña razón me interesan y que luego presento a una editorial. Diría que me gusta mucho no solo explorar una temática, sino escoger autores, darles unas cuantas condiciones a partir de las cuales puedan experimentar a su manera. Me gusta también crear “catálogos” alrededor de un concepto, organizar selecciones, darles un ritmo. No se trata de convocar a quince personas y empaquetarlas donde caigan, es mucho más sofisticado que eso. Hay que crear cierta estructura y cadencia, los cuentos deben sorprender no solo por la narrativa en sí, sino por el orden y ubicación en el conjunto. Trato de imaginar las antologías como si fueran parte de mi propia obra, ¿sabes? Les pongo la misma atención que a mis cuentos o nouvelles.

- ¿Qué criterios seguiste para realizar las antologías que has hecho?

Todo empieza con un concepto, algo que ronda en mi cabeza y quiere salir de pronto. Como llevo unos quince años en el mundo de la edición y la literatura, tengo la suerte de estar en contacto con muchos narradores y narradoras de Latinoamérica y España. De ahí en más es tratar de darles la “misión perfecta”. A veces convoco autores que trabajan de una manera muy opuesta al concepto que diseño: plantearles un reto estético, digamos. Creo que eso ayuda a crear variedad y complejidad. Otra cosa que me importa muchísimo es difundir la obra de autores contemporáneos y descentralizar el foco de participación, que colaboren autores de toda Iberoamérica: tratar de expandir el campo de visión y no quedarnos con los sentidos puestos en un solo lugar.

- Sobre otras antologías que han sido publicadas estos años, ¿tienes alguna favorita?

Hay varias antologías generacionales que me gustan, que suelen darnos nuevos archivos, que forman canon, pero creo que las que me atraen más son las que giran alrededor de un tema en especial. No existe la antología perfecta, claro, porque la antología es una suerte de bazar, con textos que deben variar entre sí, y eso siempre marca una diferencia no solo en cuanto al gusto personal del editor, sino también en cuanto a la recepción de la obra. A veces el lector se enamora de textos que el editor pensaba que eran los menos atractivos, y viceversa. De antologías recientes, pues me gustan las del mexicano BEF, Bernardo Fernández: Los viajeros, por ejemplo; también algo que acaban de hacer en España unos amigos: Extraño Oeste, cuentos inspirados en la ciencia ficción y el spaghetti western, y todas las antologías de ensayo que publica Errata Naturae sobre música, cine y TV, cultura de masas.

- ¿En qué otros proyectos te encuentras trabajando en la actualidad?

Continúo con mi revista online de narrativa, Specimens-Mag.com, que se publica bimestralmente, y en lo que respecta a mi obra de ficción, pues me encuentro en un momento de bastante movimiento creativo. Actualmente vivo en una de las ciudades más heladas del mundo, Minneapolis, donde es mejor pasar el invierno dentro de casa, y eso me ha permitido tener tiempo de sobra para leer y escribir. El frío es un aliado muy fuerte de la literatura (risas). Hace poco terminé un díptico de nouvelles, en realidad solo resta hacer la revisión final del texto, y justamente aprovecharé las fiestas de fin de año para eso. A la par estoy trabajando en otros dos libros que escribo poco a poco: uno se llama Intervención voluntaria, tomando mucha inspiración de David Cronenberg, y el otro es una especie de tratado ficcional sobre la ciberguerra: Primera Ciberguerra Mundial es el título. Ambos son textos breves, prefiero el minimalismo, la verdad. Bueno, sería mejor decir que me casé con el minimalismo.

mariajoferrel@gmail.com



  • QUIENES SOMOS:



Copyright © 2003-2018 Opinión. Todos los derechos reservados.