Cochabamba, Bolivia, Domingo 13 de julio de 2014
Ramona
[LECTURAS SABROSAS] HOMENAJE AL ESCRITOR Y LíDER SOCIALISTA ASESINADO EL 17 DE JULIO DEL 80

Juan Rulfo admiraba a Marcelo Quiroga Santa Cruz

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Por: Walter Gonzales Valdivia | 13/07/2014


El escritor mexicano Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, universalmente conocido como Juan Rulfo, sentía una profunda admiración y respeto por Marcelo Quiroga Santa Cruz, el líder socialista boliviano asesinado el 17 de julio de 1980, durante la cruenta dictadura militar de Luis García Meza Tejada.

“Nos hemos quedado sin Quiroga Santa Cruz como también sin San Martín, sin Sucre y sin tantos otros que murieron sacrificándose por esta pobre América”, expresó Rulfo el 17 de noviembre de 1980, en un acto de homenaje en el auditorio Justo Sierra de la Universidad de México.

El autor del célebre libro Pedro Páramo (1955), considerado como una de las obras maestras de la literatura mundial del siglo XX, en esa oportunidad no solo expresó su congoja e indignación por el asesinato, sino que recordó los gratos momentos de tertulia sobre literatura, asuntos sociales, reforma agraria y las permanentes asonadas militares en Latinoamérica.

“De los asistentes al último Encuentro de Escritores Latinoamericanos efectuado en Chile del 18 al 21 de agosto de 1969, me impresionó gratamente la persona de Marcelo Quiroga Santa Cruz, tanto por la solidez de sus intervenciones en dicho coloquio, así como la seriedad y certeza con que participaba en los foros de Valparaíso, no solo frente a estudiantes, sino ante todo obreros y los campesinos más pobres de Chile. Era quizá también entre los participantes, uno de los más ecuánimes. Por eso no me extrañó que en su condición de Ministro de Hidrocarburos fuera quien expropiara el petróleo de Bolivia”, indicó Rulfo.

Al rememorar su amistad con Quiroga Santa Cruz, dijo que lo sabía político, además de escritor, pues tuvo la oportunidad de conversar con él en numerosas ocasiones en la terraza del hotel O’Higgins y posteriormente en Santiago. Su fraternal relación posteriormente se profundizaría en el segundo exilio de Marcelo en México.

“Del grupo boliviano, como antes decía, me pareció el más consistente. Además el conocimiento geográfico e histórico que tenía de su país era asombroso, y sus conversaciones casi siempre iban orientadas no a cuestiones literarias, las cuales aparentaba eludirlas; en cambio, su interés era completo cuando se trataba de asuntos sociales, sobre todo referente a la reforma agraria que, al igual que la de México y quizá por seguir los mismos patrones, había fracasado”.

Durante su intervención, recordando su afecto por el escritor y político boliviano, reiteró que fueron muchos los momentos y las oportunidades que tuvo para llegar a mantener una relación bastante cercana. Desde entonces, dijo, “no dejé de enterarme de su ascenso político y de su posterior destierro en la Argentina y, más tarde, de su llegada a México”.

En el Encuentro de Escritores Latinoamericanos que se desarrolló en la casa de Pablo Neruda en Isla Negra, junto al gran Juan Rulfo se encontraban, solo por citar, las afamadas figuras literarias universales José María Arguedas, Camilo José Cela, Juan Carlos Onetti, Mario Vargas Llosa, Ernesto Sábato, Antonio Cisneros, Jorge Edwards, José Hierro, Herberto Padilla, Carlos Pellicer, Ángel Rama, Gonzalo Rojas y Francisco Urondo, y los bolivianos Marcelo Quiroga Santa Cruz, Yolanda Bedregal, Oscar Cerruto, Augusto Céspedes, Juan Quirós y Walter Montenegro.

Marcelo y Rulfo

Cuando Marcelo entabló amistad con Rulfo también gozaba de un prestigio internacional, ya que en 1962 su famosa novela Los deshabitados, escrita en 1957, había ganado el Premio William Faulkner como “la mejor obra hispanoamericana escrita desde la Segunda Guerra Mundial, y que es hoy un clásico de la literatura boliviana, que figura en las listas de sus libros más representativos”.

Su pasión por la literatura y el arte iba a la par de su entrega política, pues en 1952, a sus 21 años, escribió su primera obra poética, Un arlequín está muriendo, inédita hasta hoy.

Respecto de su producción literaria, el escritor Juan Siles Guevara, autor de Las cien obras capitales de la literatura boliviana, destaca que, hasta Los deshabitados, la novela de Bolivia “había transcurrido, fundamentalmente, por las cauces de la novela de acción”, mientras que en esta “lo importante es el estudio psicológico de cada una de las criaturas”.

Esta “narración sin acción alguna y referida sólo a lo que sucede en la conciencia de los personajes, sin descripciones de paisajes ni ambientes, pero atenta a los problemas y el destino del hombre sobre la tierra” marca, para el profesor Carlos Castañón Barrientos, un nuevo hito en la literatura de Bolivia.

Los biógrafos coinciden en que Quiroga no publicó en vida más obras de ficción. Su segunda novela, Otra vez marzo, inconclusa, apareció póstumamente en 1990. Incursionó en el campo cinematográfico, con los cortometrajes “La bella y la bestia” y “Combate”, ambos de 1959.

Pero también concuerdan que la pluma de Quiroga incide con más pasión en sus escritos políticos, principalmente periodísticos, que serán reunidos en diversos libros: La victoria de abril sobre la nación (1960), Desarrollo con soberanía (1967), El gas que ya no tenemos (1968), Lo que no debemos callar (1968), Acta de transacción con la Gulf (1970), Hablemos de los que mueren (1982), El saqueo de Bolivia (1973), Oleocracia o patria (1976) y Hablemos de los que mueren (1982).

La trayectoria literaria y política de Quiroga Santa Cruz no era ajena al conocimiento de Rulfo, quien en el acto de homenaje, enfatizó que “concurro con toda mi congoja y mi tristeza, para decir unas cuantas palabras en honor de ese gran compañero y hermano que fue para mí Marcelo Quiroga Santa Cruz, martirizado y muerto por la oscura camarilla que asaltó el poder en Bolivia en julio de este año, otra fecha aniquiladora de las ya tan siniestras etapas que vive aquel martirizado país”. Muy conmovido, agregó que Quiroga Santa Cruz, desde el exilio político, retornó a Bolivia en busca de una esperanza, por el gran cariño que le tenía a su patria, por encontrarle un mejor y más permanente porvenir; “pero los bastardos lo exterminaron. Y lo exterminaron porque su vitalidad y su rectitud intelectual eran peligrosas para los que veían en él al certero líder del sistema progresista”.

“Tenía que ser él, el joven entusiasta de una causa justa la víctima de la injusticia que hoy se ha apoderado, esperamos momentáneamente, de esa tierra a quien Bolívar dio su nombre”, concluyó.

joal_2111@hotmail.com



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