Cochabamba, Bolivia, Miércoles 0 de agosto de 2012
Ramona
ENTREVISTA AL REALIZADOR CUBANO-BOLIVIANO, DIRECTOR DE LA PELíCULA DE ZOMBIES JUAN DE LOS MUERTOS, EN CARTELERA DEL CINE CENTER

Brugués: “Hay que llenar La Habana de monstruos y dejar que corra la sangre”

Por: Santiago Espinoza A. | 28/10/2012


Ni Memorias del subdesarrollo, ni Lucía, ni Fresa y chocolate, ni Suite Habana. La película cubana favorita de Alejandro Brugués es Vampiros en La Habana, una producción animada de los ochenta, dirigida por Juan Padrón. Así lo revela en esta entrevista Brugués, cineasta cubano-boliviano, aunque nacido en Argentina (Buenos Aires, 1976), cuyo segundo largometraje, Juan de los muertos, acaba de estrenarse en salas bolivianas (en Cochabamba se exhibe en el cine Center). La revelación, que va más allá de la anécdota, habla, a las claras, de la que parece ser la única militancia irrenunciable de este realizador: el cine de género. En este contexto deben leerse las palabras suyas que titulan este diálogo, con las que, lejos de convocar a la sedición, al abuso de poder o al crimen burdo, lanza el desafío de hacer que las películas de zombies, vampiros u otros monstruos dejen de ser rarezas vistas con desconfianza en países como Cuba (u otros de Latinoamérica) y se les reconozca como una opción legítima de hacer buen cine en este lado del mundo. 

La apuesta de Brugués por la viabilidad del cine de género con sabor local no es caprichosa ni mucho menos. Está, cuando menos, avalada por el éxito que ha alcanzado con Juan de los muertos (coproducida entre Cuba y España y lanzada internacionalmente en 2011), que ha sido muy bien recibida por los espectadores ahí donde se ha visto, que ha participado y ha recibido premios en más de una decena de festivales internacionales de prestigio (como el de Nuevo Cine Latinoamericano La Habana, el de cine latino de Biarritz y el de Miami), y que acaba de ser elegida por Cuba para representarla en los Goya (premios de la academia española de cine). Pero, a más del buen desempeño de su segundo largometraje, la fe que el cineasta profesa por el cine de monstruos no es para nada oportunista, sino que está enraizada en su propia educación sentimental cinéfila. No por nada recuerda que con este trabajo ha procurado rendirle una suerte de homenaje a la segunda película que vio en su vida, Evil dead (San Raimi, 1981), con la que se enamoró del cine de muertos vivientes. Y es que, aunque ambientada en una Habana aparentemente contemporánea y normal, Juan de los muertos es una comedia zombie en toda regla, que narra las peripecias de Juan (Alexis Díaz de Villegas), un solterón ya maduro y bueno para nada, que se ve en la necesidad/oportunidad de montar, junto a su mejor amigo, su hija y otros curiosos personajes, una brigada de exterminio de muertos vivientes en la capital cubana, infestada de zombies por todas partes.

Del reto de hacer una película de muertos vivientes en un país como Cuba, de su audacia discursiva, de su humor políticamente incorrecto, de su relación con la cinematografía cubana y de su devoción por el cine de género habla en la entrevista que sigue este realizador de padre cubano y madre boliviana, formado en la célebre Escuela de San Antonio de los Baños, que actualmente vive en la isla caribeña, pero que recuerda con cariño su niñez y adolescencia en Bolivia, donde aprendió a leer, conoció el amor, sufrió su primera borrachera, descubrió el cine y se devoró videoclubes enteros hasta “ver todo el cine de terror que me hizo el cineasta que soy”.

-Una de las características del cine de zombies es que demanda una puesta en escena bastante compleja y costosa, por el uso especial e intensivo de extras, maquillaje, vestuario, decorados y efectos especiales. ¿Cómo han sido resueltas estas asignaturas en Juan de los muertos, en la que, en su fidelidad por el género, encontramos acrobacias de decapitación, muertos vivientes espantosos y sangre por doquier?

No lo resolvimos. ¡La puesta en escena fue bastante compleja y costosa! Quizás por la forma de trabajar de mis productores en Cuba, no fue tan costoso como hubiera sido en otros lugares, pero seguimos hablando de una película de un presupuesto bastante alto, por lo menos aquí. En la mayoría de las escenas donde ves calles desiertas y cientos de zombies, es porque cerramos calles y utilizamos cientos de zombies.

-¿Qué otras particularidades –para bien o para mal- ha tenido rodar una producción de muertos vivientes, en un medio en el que no existe una tradición filmográfica de este tipo?

Fue muy interesante, cada día era una nueva experiencia, un aprendizaje, sobre todo en el departamento de efectos. En Cuba nunca se había hecho algo con tantos efectos; tenemos unos 250 planos trabajados en computadora en la película. Pero además tuvimos cosas que no se suelen ver en un rodaje o en la vida, en general. Tuvimos que construir un auto que flotara, teníamos montones de partes humanas, cabezas, brazos, piernas, barriles y barriles de sangre, un almacén de autos para volcar y destruir. A mí me encantaba: llegaba a las locaciones temprano en la mañana y pedía que me lo destruyeran todo. Era como un niño jugando.

-Afirma usted que Juan de los muertos es la concreción de un largo deseo infantil, que se habría incubado cuando vio Evil dead, la segunda película que tuvo en su vida. ¿Cuál fue la primera película en su vida? Y si a la segunda le ha dedicado su segundo largo, ¿ha hecho ya algo por la primera o piensa hacerlo, cinematográficamente hablando?

La primera fue E.T. El Extraterrestre (Steven Spielberg, 1982), si mal no recuerdo. Todavía es de mis películas preferidas. No tengo en planes hacer algo como E.T., por lo menos en términos de género, pero me encantaría hacer una película que tuviera ese corazón, esa sensibilidad. Y además, ¡con un bicho horrible!

-Sin ánimo de revelar mayores detalles del desenlace de Juan de los muertos, ¿asume usted como propia la decisión final del protagonista de su filme, en la que se sostiene la apuesta discursiva de la historia?

Sí, esa es también mi postura. Es por eso que he hecho cine aquí y siempre he tratado de hablar de la realidad a mi alrededor. Me deprime ver a las generaciones más jóvenes, a las que no les importa nada. O a todas las demás, me parece que es un mal que se está extendiendo. Esa fue la razón principal para hacer esta película.

-En Juan de los muertos se permite hacer ciertas observaciones ácidas sobre la idiosincrasia política, social y cultural cubana. ¿En qué medida cree que este tipo de lecturas críticas pueden contribuir a cambiar el estado de cosas actual en un país como Cuba? 

En ninguna. Por más que uno quiera pensar que el arte tiene el poder de cambiar las cosas, hay que poner los pies sobre la tierra. Es una película de zombies. La puedes ver, puedes pasar un buen rato, estar de acuerdo con lo que plantea, pero dudo que nadie agarre un remo, un bate y salga a la calle a tratar de enderezar las cosas.

-Una de las apuestas mayores de la cinta es su vocación cómica, que se decanta por un humor muy políticamente incorrecto. ¿Qué riesgos y resultados supuso animarse a cargar Juan de los muertos de una comicidad a ratos tan cáustica, generosa en alusiones sexuales, políticas y familiares de elevado tono?

El único riesgo está en ofender y, como bien dices, el humor es políticamente incorrecto, así que siempre va a empujar un poco los límites de lo ofensivo. Mi idea era darle palo a todo el mundo sin ofender a nadie. Pero siempre hay quien se toma las cosas muy a pecho. Sobre todo con el asunto de la homofobia. Hay mucha gente para la que es más fácil molestarse que detenerse a pensar por qué hice así las cosas. Recuerdo una de las primeras críticas que recibimos, o quizás la primera, donde el periodista estaba indignado y ofendido por todo, y todo de lo que se quejaba eran cosas que a mí me daban risa. Fue en el Festival de Toronto, y la crítica fue del Hollywood Reporter. Pensé que el recorrido de la película se había acabado ahí. Un rato después, caminando por la calle, una persona me paró para felicitarme por la película. Me hizo recordar que uno no trabaja para los críticos, sino para el público. Y mira tú, hemos ido ya a más de 50 festivales y hemos vendido la película a medio mundo. 

-Aunque afirma que Juan de los muertos es una película deudora de algunos de los filmes referenciales del género, como los firmados por George Romero y Sam Raimi, ¿cree que beba también de la rica tradición cinematográfica latinoamericana y, particularmente, cubana? 

No. Y si lo hago, no fue intencional. Yo traté de canalizar mi amor por el cine y de rendirle homenaje a muchas películas que me han formado y me han hecho la persona que soy. Vas a ver homenajes a Spielberg, a Sergio Leone, a Bruce Lee, y a muchos, muchos más, pero hasta donde recuerdo, solo hay una referencia al cine cubano en la película. Lo siento, crecí viendo otro tipo de películas. 

-Siguiendo con el cine cubano, por su procedencia, por la apuesta por el cine de género, por la audacia humorística y por el subtexto político, Juan de los muertos nos remite a otra película cubana de género, la producción animada Vampiros en La Habana (Juan Padrón, 1985). ¿Qué tendrá La Habana como para hacerla apetecible a seres fantásticos y de terror como vampiros y zombies?

Vampiros en La Habana es quizás mi película cubana preferida, y el único referente de cine similar que se me ocurre que se ha hecho en Cuba. Pero no creo que La Habana sea apetecible para los seres fantásticos. Dos películas en 25 años no es un buen promedio. Igual espero que eso cambie. La Habana es una locación exótica, preciosa y única en el mundo. ¡Hay que seguir llenándola de monstruos y dejar que corra la sangre!

-Más allá de las limitaciones económicas y materiales, ¿cree usted que haya otras razones por las que no se haya cultivado el cine de zombies en Cuba y en Latinoamérica, al menos con el éxito que ha alcanzado su cinta?

Se han hecho películas de zombies en varios países de Latinoamérica. Me vienen a la mente Brasil y Argentina. Es cierto que no han tenido la visibilidad de Juan…, pero las razones deben ser otras. Creo que lo que sucede es que el cine latinoamericano en gran medida está modelado por los festivales, por lo que quieren y por lo que premian. Es muy difícil financiar el cine de género en Latinoamérica, porque por alguna razón la mayoría de la gente que se encarga de estas cosas quiere financiar otro tipo de cine. Cree que el cine de género es un cine menor, menos comprometido. Y por eso se terminan haciendo películas que los espectadores no pueden ver. Y eso me parece bien, tiene que haber todo tipo de cine, pero no debes sacrificar uno por impulsar otro.

Yo creo que eso va a cambiar. Creo que en Latinoamérica se está haciendo cine de género muy interesante, un cine que va a traer de nuevo a las audiencias a las salas, y que sí va a tener contenido social, que va a hablar de nuestros problemas y entretener al mismo tiempo. Eso de hacer cine que sea opuesto al de Hollywood es una tontería. En algún momento nos vamos a dar cuenta.

-¿Considera que hacer cine de género, un cine no tan abiertamente ideologizado aunque con una carga política innegable, es una señal de la apertura política e institucional que parece venir atravesando Cuba en los últimos años?

No. Todo el mundo me pregunta eso, pero no, no creo que sea señal de apertura. Creo que Juan de los muertos fue una excepción, una película que se hizo en el lugar y el momento en que tenía que hacerse. Si la quisiera hacer de nuevo hoy, no sé si podría. Lo dudo. Cuando veas que hay varias películas así haciéndose cada año, entonces vamos a hablar de una apertura.

-¿Cómo ha sido recibida la película en Cuba, tanto en términos de público y de crítica como a nivel institucional y político?

Pues muy bien, no me puedo quejar. La película ganó el Premio del Público en el Festival de La Habana, y me parece que la ha visto todo el mundo aquí, incluso varias veces. Hay mucho cariño por la película, la gente se divierte mucho con ella, se ven identificados. 

La crítica fue bastante buena, en su mayoría, sobre todo considerando que es una película de zombies. 

A nivel institucional y político no tengo la más mínima idea. Aunque eso, de por sí, debe ya decirte qué opinan.

-Se afirma –en el dossier de prensa preparado para su estreno en Bolivia- que Juan de los muertos ha sido la primera producción cubana independiente autorizada por el Gobierno de ese país. ¿Qué ha supuesto rodar una cinta “independiente” en Cuba y cuál será la importancia de haber obtenido la autorización de las autoridades cubanas?

Mis dos películas han sido independientes. No conozco otra forma de hacer cine aquí, así que es difícil responder esta pregunta. Uno se va acostumbrando, aunque es cierto que el presupuesto de Juan de los muertos (de unos 2,5 millones de euros, equivalentes a unos 3,2 millones de dólares) fue 100 veces más que el de mi primera película, Personal belongings (2007). 

Sobre la importancia de la coproducción (cubano-española), me gustaría creer que es una puerta que se abre para el cine independiente en Cuba. Pero, como te dije anteriormente, mientras no vea que más cineastas pueden hacer cine así, no voy a alegrarme realmente.

-¿Qué lugar cree que ocupe Juan de los muertos y, en conjunto, su trabajo cinematográfico, como director y guionista, en el panorama actual de la cinematografía cubana?

Esa es una pregunta que te va a responder el tiempo. Sé que hay mucha gente a la que le gustaría que no ocupe ningún lugar, que sea un divertimento que la gente olvida y ya. Pero la verdad es que es la película cubana que más exposición ha tenido a nivel internacional. Para mucha gente ha sido su primer contacto con el cine cubano (para bien o para mal). Sería lindo que hiciera que más gente quisiera ver nuestro cine. Ojalá tengamos cosas para mostrarles.

-Siendo usted un cineasta cubano perteneciente a una generación más contemporánea, ¿cómo valora el estado del cine cubano actual?

Está en una etapa de transición, como todo lo demás. Está en un momento donde hay muchos cineastas haciendo todo tipo de películas. Creo que nunca hemos tenido tanta variedad como ahora. No creo que la calidad sea pareja, ni que todas las producciones alcancen mucha difusión, pero es cuestión de tiempo. De todo esto saldrá un cine cubano nuevo y fortalecido.

-Háblenos de Personal belongings, su primer largo. ¿De qué se trata? ¿Qué conexiones encuentra entre ese primer largo y Juan de los muertos?

Personal belongings es lo opuesto a Juan de los muertos. Una película pequeña, intimista. Un drama con toques cómicos sobre una pareja: un muchacho que se quiere ir de Cuba y una chica que se quiere quedar. 

A pesar de eso hay varios puntos en común con Juan... Temáticamente, hay una preocupación por el dilema de irse o quedarse. En el trabajo de personajes hay cierta similitud: tanto Juan como Ernesto, el protagonista de Personal…, son gente aislada: Juan vive en la azotea de su edificio, Ernesto vive en su auto. Y formalmente también hay algunas cosas comunes, como el uso de la cámara en mano, aunque en Juan… fue más una obligación que una elección estilística. 

-Es inevitable hablar de su origen boliviano, de lo que poco o nada se sabía en nuestro medio hasta antes del anuncio del estreno de Juan de los muertos. ¿Qué significa para usted ser boliviano, además de cubano? ¿Conserva aún vínculos con Bolivia, pese a que ya lleva buen tiempo viviendo y trabajando en Cuba?

Bolivia siempre ha sido muy importante para mí. Ahí crecí, ahí me formé. Ahí fue donde aprendí a leer y empecé a leer literatura de terror. Ahí fue donde pude verme videoclubs enteros en mi infancia. Creo que si hubiera crecido en Cuba en los ‘80, sería otra la historia. En esa época no había internet y aquí estábamos mucho más aislados que ahora. En los ‘80, en Bolivia, empecé a ver todo el cine de terror que me hizo el cineasta que soy; ahí de alguna manera aprendí a disfrutar así de las películas que no se encontraban en Cuba en esa época. Además, es un lugar lleno de misticismo, donde de cualquier rincón sale una historia de fantasmas o algún tipo de leyenda que te pone los pelos de punta. Eso no sucede así en Cuba, ni lo he visto a ese nivel en otros lugares. Creo que ahí le agarré el gusto a escuchar una historia y sentir de verdad el miedo.

Además de todas las otras cosas que implican crecer en un lugar. Tengo muchos amigos y mucha gente que quiero allá. En Bolivia fue la primera borrachera, el primer amor, esas cosas que uno recuerda para siempre.

Y tengo mucha familia, la familia más loca y encantadora que se pueda tener. A ellos les debo haber podido hacer mi primera película. Podría hacer una filmografía entera sólo con mi familia. Pero no lo haré solo para ahorrarme las discusiones de quién tiene la razón.

-¿Qué significa para usted poder estrenar este largo en Bolivia?

Es muy lindo por todo lo que te dije. Me hubiera gustado estar ahí para poder verlo. Hace mucho que no voy. Ahora sé que me espera una andanada de e-mails de la familia y los amigos con sus críticas. ¡Me muero de los nervios!

-En Cuba el cine boliviano está asociado a la obra de Jorge Sanjinés, muy querido y respetado allá. ¿Conoce usted su cine y la cinematografía boliviana más contemporánea, posterior a Sanjinés? ¿Se ha planteado, en algún momento, hacer cine en y/o sobre Bolivia?

Sí, conozco el cine de Sanjinés, aunque debo reconocer que no es lo mío. Conozco algo del cine boliviano más contemporáneo, aunque no soy ningún experto y la verdad llevo los últimos años algo desactualizado. Antes veía todo lo que se hacía en Bolivia cuando llegaba al Festival de La Habana. Ahora se me hace más difícil, casi siempre estoy trabajando, y hace tiempo que no voy al cine durante el festival.

Sobre hacer cine en Bolivia, claro que me lo he planteado. Hay historias allá que me parecen fascinantes, que son cosas que solo podrían suceder en Bolivia. A veces me cuentan algo o veo una noticia y no entiendo cómo no hay alguien filmándolo inmediatamente. Y tengo amigos españoles que han filmado películas allá como Blackthorn (Mateo Gil, 2011) y También la lluvia (Iciar Bollaín, 2010), que me matan de envidia cuando me cuentan lo bien que se la pasaron. Definitivamente es una asignatura que tengo pendiente, pero ya llegaremos a ella, lo prometo. 

-¿En qué proyectos se encuentra trabajando actualmente?

Estoy trabajando en un par de guiones originales míos, viendo también algunos proyectos que me envían. Todavía no sé cuál será la próxima película, pero espero poder definirlo pronto. Mientras tanto prefiero no comentar mucho. Soy muy supersticioso. Cuando haya contratos firmados, ya te

contaré.

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