Cochabamba, Bolivia, Domingo 1 de enero de 2012
Ramona
UNA ENTREVISTA AL COREóGRAFO URUGUAYO MARTíN INTHAMOUSSú

 Sobre historias del cuerpo y Tinelli

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Por: Ida Peñaranda | 01/01/2012


“Los bailarines hoy no pueden cerrarse a decir yo sólo bailo esto. Tienes que estar preparado y abierto para todo” me dice, entonces se me sale la pregunta: ¿Y qué es lo contemporáneo? Martín pacientemente me responde: “Sigo cuestionando mucho el concepto de la danza contemporánea, no sé dónde ponerlo. Nunca te voy a decir estos dos son de danza contemporánea, éste no, éste un poquito. ¿Quién soy yo para decir que es lo contemporáneo? Lo contemporáneo es todo lo que vive conmigo, contigo y basta”.

Al parecer la delgada línea que separa las diversas artes escénicas, sus escuelas, tendencias y las maravillosas indefiniciones de la danza contemporánea terminan en búsquedas “multidisciplinarias”. Para Martín estos nuevos desafíos lo han llevado a involucrarse en proyectos de artes visuales, teatro y el muy reciente montaje de un ballet en puntas “contemporáneo”, con el Ballet Nacional Sodre en Montevideo (Uruguay). Para este último, trabajó junto a su compatriota Jorge Drexler (ganador del Oscar por la mejor canción original “Al otro lado del río”) en la composición musical de la obra, logrando una alianza artística que al parecer “va dar para rato”.

Martín Inthamoussú (docente, coreógrafo y performer) dirigió en Cochabamba la Residanza, organizada por la fundación Imaginea, en el mes de diciembre para la creación de propuestas coreográficas, mediante procesos intensivos de experimentación, composición e investigación. Aquí algunas de sus impresiones en este su segundo año de trabajo en Bolivia.

-¿Cómo se animó a involucrarse en este proyecto en Bolivia?

Me gusta mucho dar clases en Latinoamérica, creo que hay mucho por hacer, hay muchísimo talento y creatividad. Doy clases en Europa y realmente siento la diferencia en la motivación, en las ganas, en los temas que se abordan, en el compromiso de la gente.

-¿Qué puede decirnos de la segunda versión de Residanza?

Este año quería volver a trabajar con el mismo grupo, ya que el año pasado se originó algo que estaba bueno seguir. Entonces, me preparé para trabajar con un grupo de personas que conocía, sabía sus intereses e inquietudes, y a partir de eso pude sacar material concreto. Me da pena que haya sido tan corto, al final recién comenzaron a salir esos materiales con los cuales uno puede trabajar. Pero bueno, la idea de la Residanza es que el artista después siga creando, estoy como facilitador de un camino que después cada artista decidirá cómo tomarlo o dejarlo. Acabo de proponer venir una tercera vez para ya hacer un montaje, que sea algo más concreto, performático pero llegando a la concepción global de un espectáculo, creo que así cerraría un ciclo.

-¿Cómo es trabajar con bailarines bolivianos?

Me encanta lo diverso del panorama de la danza, estilos propuestas, lenguajes, y me encanta que eso conviva, eso no es común. Un ejemplo, en Venezuela existen estilos diferentes, muy marcados y nunca se conectan. El aceptar que el otro existe, el aceptar y respetar esa diversidad es lo que hace rico el paisaje, nunca lo había visto en otro lugar y me parece muy valioso, creo que la deberían cuidar.

-En la primera Residanza trabajó en dar contenido al movimiento, ¿cuál ha sido su propuesta ahora?

El año pasado trabajé en la creación de personajes, un contenido externo que, si bien lo creaba cada intérprete, eran historias inventadas. Este año quería trabajar con historias reales, es un camino que estoy siguiendo ahora, es el teatro de la verdad, viene de las experiencias vivenciales, autoreferenciales. Cuando la historia la crea uno a partir de hechos concretos y personales no quiere decir que vaya a compartir su vida con el público, no es ese grado de exposición, me refiero a que una historia cargada con experiencias personales genera un cierto grado de verdad en el intérprete que es muy lindo ver, la honestidad es muy apreciable. Entonces quería probar eso: “Historias del cuerpo”, así se llamó el taller, historias que cada uno tuviera con su cuerpo y a partir de eso generar movimientos, es decir un estado. El trabajo del coreógrafo es ver la propuesta de los bailarines y comenzar a editar, a hilar más fino. Los que participaron en la Residanza tienen el material en crudo, la materia prima, hay que pulir para encontrar el diamante.

-El año pasado decía que Uruguay se está “tinellizando”. ¿Qué piensa del éxito del programa “Bailando por un sueño”?

La gente está viendo danza y hablan de ello. Mi padre me dice: “No estuvo bien en los giros”, me hace comentarios y no es bailarín, es decir, en ese grado ha llegado la danza a popularizarse. Ahora lo que me cuestiono es si ese público verá otros espectáculos de danza o solamente consume el producto Tinelli. Me parece que es un genio el tipo, ha logrado un imperio, el trabajo que él propone lo hace bien. Pero qué bueno sería que el público también consumiera lo otro ¿no? Entonces, puede ser un arma de doble filo ese programa. Es muy sorprendente el fenómeno Tinelli, por las personas que se vinculan a él, a veces te sorprende. Este año vi gente bailando ahí que antes trabajaba en el under, en la danza no convencional. Y bueno, lo hacen porque también llegan a otro público, lo interesante es que siguen en su trabajo under. Hay que ver lo que pasa, me llama mucho la atención, hay mucho para estudiar por ahí.

idalejandra@yahoo.com






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