Cochabamba, Bolivia, Domingo 1 de enero de 2012
Ramona
DOMINGO DE CH´AKI

En New Jersey

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Por: *El Papirri | 01/01/2012


Era una mañana radiante de Washington cuando partimos con alegría colegial hacia New Jersey, en un auto dilatado tipo americano. Surgimos de Silver Spring cruzando puentes arcaicos con bosques otoñales que desfilaban vertiginosos por la ventana. Los gringos correteaban en su perfección de músculos sometiendo al colesterol, algún ciervo despistado nos saludó, ingresamos a un barrio medio alterado con un afro delirante que lanzó un volapié a la maletera, nos hizo saltar, che.

Entonces llegó la carretera con su imperecedera línea de cemento y su paisaje minimalista, dormí sin querer, despertando en un restaurante para almorzar carne de ñandú con vino chileno. Iván, generoso, pedía y pagaba con sus tarjetas de colores, su esposa preguntaba quién era Ciro, nuestro anfitrión en New Jersey. Conté que lo conocí como regente/músico del Taller de Música Arawi , que tenía 10 años de migrante en EE. UU., buen mandolinero, voz de kaluyo, este Ciro.

Llegamos a New Jersey sin pasar ningún puente, ni bosque, ni río. Me pareció una ciudad sin gracia. Sin embargo la casa de Ciro era amable, con su living de toreros, su olor a llajua picante, sus zampoñas colgadas y manteles de aguayos, me hizo recordar a aquella casita de Bristol de la infancia de Lennon, que ocupé años atrás en UK. Cariñoso, me mostró el cuarto donde descansaría, cama matrimonial dadivosa con un afiche formidable de Bob Marley en la cabecera, y en el techo dibujada a mano una monumental hoja fosforescente, de esas que le gustaban a Bob. -Es el cuarto de mi hijo Jesús, dijo sonriendo en sus bigotitos cantinflescos.

Entonces apareció Jesús, cochalo moreno de unos 17 años, fornido, 1.80 metros, parecía salido del cachaskan. Hablaba apenas español, manso como nadies me abrazó diciendo que le gustaba mi canción “Sacudite”. Luego llegó la esposa de Ciro regalándome unas muestras de Yanbal -Para tu esposa, dijo sonriendo en sus lunares. Los cuatro caminamos unas diez cuadras hacia el pub El Payador, donde tocaría esa noche.

Probamos un sonido modesto, dos uruguayos de bigotes que parecían los dueños secaban con malhumor vasos y platos en la barra, no me respondieron al saludo. Luego del asunto de los micrófonos, apareció Iván y esposa, nos fuimos a cenar unos hot dogs gigantescos bañados en salsas. Iván contó que un compañero de curso del colegio los alojaría, el gordo Méndez, vive en Queens, dijo siempre en su sonrisa.

Antes de la actuación les pedí descansar un poco para concentrarme, ordenar las letras de las canciones y preparar los discos para la venta. Ya en el cuarto me lancé a la cama y la espalda rugió, cargaba varios conciertos en EE. UU. Como un deseo mortal, apareció Jesús con un vaso de mocochinchi. -Oye, ¿no querer un poco de lo del techo?, dijo. -¿Una guacataya?, sonreí… of course.

Sacó del cajón unas ramitas verdes olorosas. Llegué al pub muy adecuado tarareando “No women dont cry”, habían unas 40 personas comiendo choripan, -Ya llegarán más, dijo Ciro en su metro 50.

Entonces cuelgo la guitarra en su mástil y me dirijo al baño saludando reincidente y con sonrisa de reggae a los uruguayos. Uno de los bigotudos responde gruñendo: ¡Bolita de mierda! -Y vos quién te crees, sangre de buey, digo rápido entrando al baño. Luego de jalar la cadena, el bigotón aquel me viene a confrontar siendo interceptado súbitamente por el bueno de Jesús que lo agarra del cuello. El gil se resiste, forcejean, entonces brota una llave magistral y 100 kilos platenses golpean la baldosa, mientras los 90 kilos del joven cochalo le caen encima con trucos musculares virtuosos. Tuve que pasar por encima de los dos pues Ciro presentaba a los gritos al Papirriiiii…

Pese a todo, el recital transcurrió con normalidad, lo gracioso era que yo anunciaba una canción, por ejemplo “Del amor su bailecito”: es una metáfora del amor, el amor es como un cristal… y el Ciro paradito a mi lado con otro micrófono “traducía”: the love es como glass, ante la sonrisa de los latinos presentes. Luego supe que transmitía el concierto en vivo para su programa radial Pachamama Live, vía Internet.

Terminé la primera parte con las palmas eufóricas de mi huayño “Hasta ahurita”, y para evitar problemas salí a la calle a mear. En un boliche contiguo unas mulatas brasileñas movían las nalgas acaloradamente, la luna de New Jersey no era en inglés, tenía una aureola de concordia y huellas de gaviota.

En el medio de la segunda parte, vi cómo el bigotón aquel me mostraba un cuchillo de asador recién lavado y lo pasaba por el cuello. Le contesté dedicándole una canción de Zitarrosa alojada 30 años en mi memoria que brotó intacta, decía al inicio: “Vidalita, acordate de José Artigas, y jugate el pellejo cuando lo digas”.

Terminamos el concierto con la traducción indefinida de Ciro de la canción “Popular Metafisic”, todos teníamos haaarto trago en la cabeza, la euforia sopleteaba humo de cigarros, habían llegado más latinos de diversas pronunciaciones que jugaban con la canción final.

Entonces se acercó el otro bigotón uruguayo a pedir prestada mi guitarra, le dije que no: -Comprenderás, es mi instrumento de trabajo, mañana toco en Washington, en la Embajada de Venezuela, le dije palmeándolo, adormecido por el singanito de Ciro.

El tipo se puso furioso, me contestó: -Sos un payyyaso. Vinieron los empujones, aparecieron tres charrúas con poses de pugilismo, se armó una linda trompeadura latina con vasos voladores, las sillas crujían, los espejos bramaban, las mujeres aullaban. Iván se reveló como un gran gladiador, Ciro quería separar todo y solo recibía más piñas, Jesús fue la estrella total interceptando aquel cuchillo amenazante.

Ya en la casita, la noche crujía en nuestros cuerpos, seguimos con los últimos brindis, comentando la faena. Ciro sumaba preocupado la cuenta de las cosas rotas, su esposa me ponía cáscara de huevo en una pequeña rajadura cercana a la ceja alta, hecha por un candelabro uruguayo. Saboreando el calmoso chuflay, comenté: -Que huevada, y yo que los quería tanto a estos, por Galeano, Quiroga, Benedetti.

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*El Papirri es el popular cantautor paceño Manuel Monroy Chazarreta, quien escribe sus crónicas desde Quito, Ecuador.

papirri@hotmail.com






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