Cochabamba, Bolivia, Domingo 10 de abril de 2011
Ramona
ENTREVISTA CON ALEJANDRA ALARCóN, QUE ABRE UNA MUESTRA DE DIBUJOS ESTE JUEVES 14

Después del final feliz…

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Por: Alba Balderrama | 10/04/2011
Había una vez, en la ciudad de Cochabamba una mujer-niña-abuela que se llamaba Alejandra, como yo y como todo el mundo. Ella pintaba con colores, con agua y sangre, en el papel y en la piel. Pintaba cuentos imaginados por la mujer-niña.

En sus dibujos hablaba sobre  seres, sobre hombres y mujeres, sobre mujeres-hombres, sobre bestias, sobre bestias-mascotas, sobre mujeres-bestias, sobre tripas, sobre sus sexos abiertos y expuestos, sobre sus pelos y fluidos. Sus dibujos eran cuentos que la mujer-niña había devorado con la ferocidad y el gruñido de un lobo y que la mujer-abuela nos contaba en las noches sentada al borde de la cama o hundida en un sillón.

Pero estos dibujos que la mujer-niña-abuela construía nunca terminaban, estaban inconclusos y dejaban una inquietante sensación de secreto. Alejandra revivía en sus dibujos esa sensación de duda y sospecha que nos queda luego de haber terminado un cuento con final feliz.

Irreverente como la niña Juana del libro Cerca del Corazón Salvaje de Clarice Lispector, que al escuchar “… y vivieron felices para siempre”, Alejandra se pregunta con la misma legítima insistencia que Juana: “- ¿Qué  es lo que se consigue cuando se es feliz? (…). - Haz de nuevo la pregunta, Juana, no te he oído. - Quería saber qué pasa después de que se es feliz. ¿Qué ocurre después? – repitió la niña con obstinación.  

La profesora ponía cara de sorpresa.

-¡Qué idea! ¡No entiendo qué quieres decir, vaya una idea! Haz la misma pregunta con otras palabras a ver…

-Uno es feliz, ¿para qué?”

Como si el “final feliz” fuera un tapón en la boca y en la consciencia y no se pudiese cuestionar más nada de la historia que acabamos de leer o de ver.

Los dibujos, los objetos y videos que Alejandra construía se han convertido en cuentos y fábulas de ella misma y de todo el mundo, al menos del que cree ser feliz.

Me pasa siempre con Alejandra Alarcón* que cuando coincidimos en persona o en sus cuadros, me siento inmediatamente impelida a sentarme con ella en un mullido sillón y decirle: cuéntame un cuento, esos cuentos que sabes que me aterran, con esos monstruos que llevamos dentro y que nos devoran poco a poco y nos cortan la piel por dentro como las aves dentro el huevo que con su pico rompen la cáscara para salir al mundo, sólo que estas aves siempre están en medio de hacerse, están todavía babosas y pegajosas, con sus plumas pegoteadas de sangre y sal. Siempre construyéndose, haciéndose.

Así que, aprovechando la cercanía de la inauguración de una muestra de sus dibujos y videoartes, denominada “DOMÈSTICO”, que se realizará en el Centro de Exposiciones del Centro Simón I. Patiño el jueves 14 de abril, decidimos juntas, Alejandra Alarcón y yo, sentarnos en el sillón carnoso de la mujer-niña-abuela y hablar sobre su historia, sobre sus finales y personajes.  Ojo que este sillón es grande, cómodo y acolchado pero ardiente.
- Ale, juguemos. Digamos que yo soy la princesa, ¿quién eres tú?

No lo sé. Un devenir, entre lo que creo que soy, y lo que soy, entre lo que quiero ser, y puedo ser. Estoy en la búsqueda.
- ¿Y el príncipe azul? ¿Existe el príncipe azul? Nunca lo vi en tu obra.

El príncipe azul no existe o no vendrá mientras esta cenicienta siga fingiendo que está incompleta, mientras siga esperando que Otro (príncipe, sapo, hombre, joven) la complete. Creo que la posibilidad de construir en pareja es a partir de la completitud, no de falta. Dos seres completos que se encuentran. Ver a un hombre completo (no una versión idealizada) tiene  que ver con la completitud de ella misma.

Alejandra nos enfrenta con su obra a la idea de identidad y de construcción personal. Construcción que se ha dado a través del imaginario de los cuentos infantiles clásicos (“Caperucita Roja”, “Blanca Nieves”, “La cenicienta”, “Rapunsel”) y otros menos clásicos como las telenovelas, los concursos de belleza, las películas, etc., que en definitiva son los mecanismos por los que se perpetúan los roles de hombres y mujeres en el mundo hoy y que Alarcón desmitifica, despedaza hasta hacerlos sangrar, aunque luego se lave las manos ensangrentadas (como en su video arte “Amorte”).
-En tu obra tú propones que la realidad es una ficción, entendida como construcción a partir de roles aprendidos y asimilados. ¿Cómo sería la ficción de nuestra realidad en un mundo ideal?

Los imaginarios que nos construyen tienen implícito un deber ser, que a veces constriñe nuestro actuar. Me interesa rasgar estos límites, hacerlos difusos, para que este ser humano (a) pueda reflejarse más entero(a), en toda su animalidad, en toda su esquizo identidad, en todas las posibilidades de ser.
“Somos más animales de lo que creemos ser”, me dice luego.

Desde mi esquizo curiosidad quiero saber a qué otro personaje, princesa o bestia diseccionará próximamente. Por el momento tienen planeada una residencia en Barcelona con el título: “La distancia adecuada”. “Será  más bien un momento en el que quiero revisar mi producción, encontrar nuevas lecturas de la misma, trabajar de nuevo, a partir de preguntas que nacen de lo visual. Todas las series que trabajo siguen en proceso,  las vuelvo abordar, relacionar, conectar, hilar,  es un proceso en el que los caminos se van construyendo y conectando en varios niveles. En realidad, más que personajes, creo que son estados del ser en este devenir”, dice.

La mujer-niña-abuela no terminó la historia, me deja pensando y susurra algo en mi oído, que seguramente se mantendrá en mí por mucho tiempo. Mientras tanto, me acurruco en el sillón, serena porque sé que final feliz no habrá.

albex35@gmail.com  
*Alejandra Alarcón nació en la ciudad de Cochabamba, en 1976. Hizo la licenciatura en sociología en la Universidad Mayor de San Simón y en Artes Plásticas en la Escuela Nacional de Pintura y Grabado La Esmeralda (México, D.F.)  Actualmente vive y trabaja en Cochabamba. Ha presentado las exposiciones individuales: “Caperucita, la más roja”, “El Olor del Clan” y  “Amorte”. Trabaja con acuarelas, video, objetos e instalaciones.


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