Cochabamba, Bolivia, Domingo 22 de abril de 2018
Informe Especial

Descendientes de árabes en Bolivia piden frenar el autoritarismo en Siria

Miles de familias tuvieron que huir en resguardo de sus vidas. Llegaron a las minas de Oruro, en Bolivia, pero la mayor colonia la formaron en Chile, según cuentan hoy descendientes de palestinos.
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BETTY CONDORI ROJAS Twitter: @becor2002 | 22/04/2018





Jazmín Sabag Asfura no conoce Palestina, pero considera que pasa por un momento desesperante y más si piensa que parte de su familia, de su sangre se quedó en el oriente.

“Son nuestras raíces y es como un sentimiento de impotencia. Tenemos un tío que vive con su familia en Belén, a donde también llega la violencia. Hasta hace dos años había comunicación, pero ahora se ha perdido. Hasta hemos llegado a pensar que ha muerto”.

Todos los demás de su familia han fallecido o se han ido del país. Han perdido contacto con quienes se quedaron en Palestina. La comunicación se interrumpió desde hace dos años. “Quisiéramos ir allá, pero en este momento sería muy conflictivo y da mucho miedo”.

Así se resume el sentimiento que tienen dos descendientes de ciudadanos palestinos. Jazmín Sabag Asfura. El segundo ciudadano prefiere que no se revele su nombre. Nacieron en Cochabamba. Sus abuelos llegaron a este país hace casi 70 años huyendo de las guerras y los asedios de países cercanos a los que les interesaba apropiarse la tierra palestina.

En Cochabamba, Jazmín y el otro descendiente son parte del Club Palestina. Se trata de un espacio al que le dedicarán tiempo e interés para hacer que se mantengan las tradiciones, principalmente gastronómicas. Abrirán pronto un restaurante para quienes quieran conocer los platillos y dulces árabes, pero también para intercambiar experiencias y mantener su cultura.

Jazmín dice que sus padres y abuelos intentaron mantener algunas costumbres, como los casamientos solo entre palestinos, pero que hoy esa práctica es difícil y hay una mezcla con bolivianos.

Quizá prueba de aquello es el nombre de la descendencia: Jazmín Sabath Asfura.

Él y Jazmín conocen Palestina a través de los ojos de sus abuelos y padres.

“Mi familia llegó hace 70 años a Bolivia. Escaparon de la guerra y fueron los primeros en llegar a Oruro por el auge de las minas y de ahí llegaron a Cochabamba”, dice Jazmín.

Otros grupos siguieron rumbo a Chile donde finalmente se conformó la colonia más grande de palestinos.

Sus abuelos contaron a Jazmín que escaparon de la guerra buscando todos los medios para hacerlo: “Salieron en barco, en camello, en burro...”.

Se han agrupado por familias, con su gente, con su círculo para darles un mejor futuro.

Palestina sufrió por años el asedio de otros grupos, como los judíos, que empezaron a apropiarse del lugar con el pretexto de la religión. “Es como decir que los evangélicos quieren apoderarse de Bolivia y que el país se llame Evangélicos”.

De inicio, Palestina era una tierra muy grande, pero poco a poco los pueblos aledaños, como Israel, fueron invadiendo.

“Es un genocidio. Es un abuso constante, aprovechan porque Palestina no tiene las armas suficientes como para defenderse. Es como atacar a un niño, a un bebé no tiene el armamento suficiente para poder defenderse contra los de Israel”, dice Jazmín.

El otro descendiente de palestinos asegura que siempre hubo interés por el petróleo. Los recursos hidrocarburíferos son explotados por el Estado, cosa que no pasa con otros países que han transnacionalizado la producción de sus mayores reservas de petróleo.

Se anoticia de lo que sucede en Siria por la televisión y el internet. Sabe que existe el presidente Bashar al Assad y que su Gobierno es resistido por mucha gente que no lo quiere y sale en marchas. “Pero él amenazó con armas químicas para disolver las manifestaciones. Su advertencia se cumplió y atacó a su propio pueblo”.

Cree que es el típico Gobierno autoritario que aplasta a todo el que se pone en su camino.

Explica que Estados Unidos atacó porque no está de acuerdo con que se usen armas químicas, y que por el otro lado está Rusia respaldando al Gobierno de Siria y ayudando a disolver las manifestaciones alegando que pelea contra el terrorismo.

“No se dan cuenta de que en realidad es como un pueblo. Es como si fuera Bolivia con dos frentes, uno que apoya al Gobierno y otro que está en contra. Allá (Siria), Al Assad cree que los que están en contra, tienen que morir. Ese es el gran problema”.



AYUDA

La organización Aisec, un movimiento de liderazgo joven internacional y presente en más de 130 países, está en Cochabamba y tiene un proyecto para ayudar refugiados de tierras palestinas en Egipto.

Jóvenes bolivianos se van hasta Egipto para participar del proyecto "Refugees" donde imparten sesiones y talleres a fin de enseñarles habilidades para otorgarles seguridad y estén listos para implementar lo que aprenden en su vida cotidiana.

Aisec otorga alojamiento y una comida diaria en Egipto.

Para mayor información comunicarse al 65395750.

Se van 3 por cada uno que vuelve

Cientos de miles de sirios corren el riesgo de verse obligados a regresar en 2018, a pesar de que se mantiene la violencia en ese país, advierten las ONG, que cuantifican que por cada sirio que regresó a su hogar el año pasado hubo tres nuevos desplazados.

Acción contra el Hambre y Save the Children han presentado el febrero el informe "Terreno peligroso: los refugiados de Siria se enfrentan a un futuro incierto", en el que alertan del peligro del retorno de aquellos que huyeron de la guerra -que cumple 7 años- y que son empujados a regresar "por una reacción global contra los refugiados".

"No se dan las condiciones para volver a Siria, no se puede obligar a la población a regresar; más de 13 millones de personas se encuentran en una situación crítica de ayuda humanitaria", ha asegurado Manuel Sánchez Montero, de Acción contra el Hambre.

Hace dos años que ya no sabemos de mi tío abuelo que vivía en Belén. La comunicación se cortó y tememos lo peor, tenemos miedo de que haya muerto.

Jazmín Sabag Asfura descendiente

Los que huyeron

La guerra ha provocado la huida de más de 5 millones de personas, según cifras del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).



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