Cochabamba, Bolivia, Domingo 8 de octubre de 2017
Informe Especial

Roberto Coco Peredo, el contacto secreto

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08/10/2017

Roberto Peredo Echazú, hijo de Coco Peredo, durante la presentación de la revista Octubre, el 27 de septiembre.

Entre la media centena de acompañantes de tuvo Ernesto Guevara estuvo Roberto Coco Peredo Leigue, uno de sus principales contactos secretos en Bolivia.

La caída de cada guerrillero es una historia familiar individual. El legado de Coco derivó en una familia exiliada con una vida boliviano - cubana.

Este 2017 se cumplieron 50 años de la muerte de Coco, registrada en combate el 26 de septiembre de 1967. En aquella fecha, Roberto Peredo Echazú, uno de sus tres hijos, era muy pequeño y no tiene muchos recuerdos. Pero, su familia, desde su madre, heredó los ideales de su padre, aunque eso les costó el exilio.

Ernesto Guevara llegó a Ñancahuzú, oriente boliviano, el 7 de noviembre de 1966, ahí se estableció el primer campamento.

La finca que ocupaba, junto a sus acompañantes, en la zona estaba a nombre de Coco Peredo, un guerrillero nacido en Cochabamba, que se crió en el oriente y luego vivió en La Paz.

De acuerdo, a las publicaciones del periodista Carlos Soria Galvarro, cuando en mayo de 1966 José María Martínez Tamayo le pidió su colaboración para iniciar los preparativos del foco guerrillero en Bolivia, “Coco sintió una inmensa alegría”. Parte de su misión era proveer los medios necesarios para la lucha y comprar las fincas que servirán en un futuro como campamento.

Guevara lo nombró comisario político y fue asignado al grupo de la Vanguardia. Su carácter afable, valentía, sentido de responsabilidad, disposición para el sacrificio y alto nivel político llamaron la atención del líder guerrillero. El Che escribió, sobre Peredo, en su diario, en agosto de 1967: “Hay que considerar que despuntan cada vez más firmemente como cuadros revolucionarios y militares Inti (hermano de Coco) y Coco”.

Peredo murió en el combate de la Quebrada de Batán, camino a La Higuera. Su cuerpo, como el del Che, fue enterrado de manera clandestina.

Su hijo Roberto Peredo Echazú tiene pocos recuerdos de su padre.

“Yo tenía cinco años cuando falleció. De esos cinco años, creo que lo habré visto unos tres, porque antes estuvo organizando también las guerrillas en la Argentina y Perú. Además de sus viajes de preparación que realizó a Cuba (…) También estuvo en Europa”.

Sin embargo, su legado se ha mantenido vivo porque su madre inculcó en ellos el pensamiento revolucionario de Coco.

“Poco puedo mencionar de esa época. Pero, en estos momentos, me siento orgulloso y emocionado de que a 50 años de su partida, de la muerte del comandante de América, el Che Guevara. Nosotros conmemoramos sin lamentar su muerte, sino festejando su vigencia, el revivir de su espíritu”.

Al morir Coco Peredo, su familia se fue a Cuba. Roberto, el hijo, manifiesta que su madre estaba siendo perseguida y tuvieron que salir exiliados.

“Yo me críe en Cuba. Casi todos mis sobrinos son cubanos, mi esposa y una de mis hijas también”.

Estudió Ingeniería Eléctrica en ese país. Luego de que encontraron los restos de su padre, 30 años después de su muerte, Roberto llegó a Bolivia, donde venía con frecuencia.

“Sentí un alivio, porque no saber dónde estaba enterrado mi padre era complicado, sobre todo para mi madre. Fue una alegría haber salido de aquella ignorancia”.

Los restos de Coco fueron hallados antes que los del Che, también en inmediaciones del aeropuerto de Vallegrande (Santa Cruz). Luego fue trasladado, como Guevara, a Santa Clara en Cuba.

En la actualidad, Roberto Peredo, vive en Cochabamba, desde 2005.

“Volví al país porque veía la posibilidad de que Evo Morales pudiera subir al poder, al Gobierno. Pensaba, como pienso ahora, que era una mejor oportunidad para poder trabajar en función del vivir bien y del pueblo boliviano”.

Desempeña su profesión trabajando en la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE).

Su hermana Katya estudió arte y es música en Cuba. Su hermano Yuri tiene un negocio y vive en Santa Cruz.

Cuando encontraron los restos de mi padre, sentí alivio. No saber dónde estaba enterrado era complicado, sobre todo para mi madre. Fue una alegría haber salido de esa ignorancia”.








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