Cochabamba, Bolivia, Domingo 10 de septiembre de 2017
Informe Especial

Los rituales qhochalas resisten el tiempo y superan las fronteras

El uma ruthuku, el t’ipanaku, la q’oa, los mast’akus y las festividades de santos y vírgenes son prácticas culturales que cobran fuerza en países como Estados Unidos, España, Italia, Argentina y Brasil.<BR>
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Por: JOEL VERA REYES Especial para OPINIÓN JORGE FERNÁNDEZ B. | 10/09/2017


José Mendieta asegura que ni la distancia ni el tiempo han logrado que él se olvide o deje de lado las costumbres y tradiciones que practicaba en su tierra natal, Cochabamba. Vive una década en Virginia, Estados Unidos, y desde que llegó a ese país asiste a bautizos y bodas en los que se practican el uma ruthuku (primer corte de pelo) y el t’ipanaku (colgar billetes en las prendas de vestir de los novios).

La profesora Julia García, quien vive en Virginia desde hace 29 años, explica que la mayor parte de los bolivianos que migran a esta ciudad de Estados Unidos se llevan consigo sus ritos, rituales y tradiciones costumbristas.

Y, en esa misma línea, Mendieta añade que ya tiene dos ahijados de uma ruthuku y asistió a varias bodas en las que la parte central de la fiesta fue el colocado de billetes a los novios.

García destaca que en varias ciudades de Estados Unidos, y con énfasis en Virginia, los cochabambinos, en especial los vallealteños, han migrado con sus tradiciones y forman comunidades para seguir perpetuando las mismas.

“Ellos señalan que esa es una manera de seguir conectados con lo que dejaron (en su tierra) y de mostrar al mundo su cosmovisión, sentirse con identidad propia”.

Bautizos, uma ruthukus, t’ipanakus, ch’allas, q’oas, wallunk’as, misa chicos, fiestas patronales, religiosas, paganas, misas de salud, de bendición y hasta de nueve días son solo una parte de la amplia variedad de tradiciones culturales que los bolivianos practican cotidianamente en Estados Unidos.

Y es que los residentes bolivianos en el país del Norte se las han ingeniado para que todas esas prácticas ancestrales o recientes, que hacían su cotidiano en sus lugares de origen, ya sea en barrios de las ciudades o el campo en las provincias, permanezcan prácticamente intactas, pese al tiempo que llevan fuera de Bolivia y a los miles de kilómetros que han recorrido en busca de días mejores.

Pero ese proceso de replicar las costumbres nacionales fuera de las fronteras no ha sido fácil, como recuerda Iván García, un tarateño que vive hace 30 años en Estados Unidos, “se trata de un proceso lento que finalmente está viendo los frutos de la perseverancia y la firmeza del boliviano por no olvidar sus raíces y su empeño por llevar consigo un pedazo de su tierra hasta lugares lejanos e insospechados”.

Añade que en los ochenta no habían tantos bolivianos como hoy en Estados Unidos y no se podía encontrar muchos artículos para realizar algunas de las prácticas tradicionales culturales nuestras, era difícil. Pero ahora los bolivianos lo tienen prácticamente todo para realizar cualquier tipo de actividad tradicional”, explica.

Con este marco favorable de elementos nacionales tradicionales presentes, y al alcance de la mano de los bolivianos, es casi imposible que las tradiciones culturales más populares dejen de practicarse en EEUU, o donde se encuentren. Particularmente en Virginia, es cosa de todos los fines de semana escuchar sobre la realización de fiestas patronales, religiosas, de corte de pelo, de ch’alla de casas y autos, o de misas de muertos, sobre todo, en los días próximos a Todos Santos. “Todas las fiestas de los bolivianos se celebran con esos elementos y otros tan nuestros como la aloja, esa bebida de maíz colorado hecha especialmente para algunos acontecimientos y a pedido”.

Pero, también elementos lúdicos son frecuentes en sus reuniones. Es por ello, que siguiendo el calendario agrícola del hemisferio sur, y pese a vivir en el norte, están a la orden del día. Las wallunk’as, juegos como la rayuela o el sapo y acompañantes como los rosquetes vallunos, el refresco de moq’onchinchi, entre la infinita diversidad gastronómica y cultural boliviana, hacen posible que las costumbres ancestrales y los rasgos andinos se practiquen y se traspasen de generación en generación entre los bolivianos en EEUU.

CON FUERZA EN EUROPA

En el otro extremo del mundo, en Europa, los cochabambinos practican con igual o mayor intensidad los rituales tradicionales de su región, y han logrado que europeos y gente de otras nacionalidades se sumen y participen activamente, afirma el periodista y director de la revista Aquí Latinos Internacional, Edwin Pérez Uberhuaga.

Agrega que los protagonistas del uma ruthuku, el t´ipanaku, las q´oas del primer viernes y las festividades religiosas como Urcupiña son cochabambinos, de la ciudad y de las provincias, y mujeres que, inclusive, mantienen su vestimenta típica de polleras, en las fiestas donde también se practica el takipayanaku.

En los 16 años que reside en Europa, Pérez Uberhuaga fue testigo de celebraciones en Milán y Bérgamo (Italia), Ginebra y Zurich (Suiza), Berlín (Alemania), Estocolmo (Suecia), París (Francia), Amsterdam (Holanda) y en toda España.

Donde es posible, se hace el acullico o masticado de la hoja de coca (que no es fácil de introducir en Europa) o se toma chicha, elaborada con técnicas ancestrales y modernas, y se consume chuño, hecho en refrigeradores que reemplazan a las aguas de lagos y ríos bolivianos.

“Para nosotros es un orgullo mantener y difundir nuestra cultura”, afirma el dirigente de la Federación de Integración de Asociaciones Culturales Bolivianas (Fiacbol), Édgar Lovera Cáceres.

UN PEDAZO DE CABELLO

Pérez Uberhuaga describe que hace unos meses, en una casa del madrileño barrio de Usera (habitado por muchos bolivianos), los invitados hacían fila para cortar un pedazo de la primera cabellera de Andrea, bebé que apenas se daba cuenta de la buena energía que estaba recibiendo.

“El uma ruthuku permitirá a la familia de la bebé enfrentar la crisis económica y a quienes participaban tener algo de fortuna en base a la fe.

“En Bérgamo, el año pasado, he presenciado el t´ipanaku en una boda en la que se colgaron los billetes en la pareja de novios. Euros, dólares y algunos bolivianos flotaban cuando la pareja bailaba el zapateadito qhochala”.

Los padrinos de la novia, italianos, pusieron con temor los billetes, para no pinchar a su ahijada, pero luego de beber chicha y cerveza se integraron a la fiesta que duró “hasta que las velas no ardan”. El local contratado estaba fuera de la ciudad para no molestar a los vecinos.

Precisamente por eso, añade Pérez Uberhuaga, la ceremonia de la q´oa en Amsterdam y otras ciudades no pueden hacerse con toda la intensidad que se desea en los hogares de los bolivianos.

El intenso olor y el humo de la q’oa pueden sobresaltar a los vecinos europeos. Ya se dieron casos en los que sonó la alarma de incendios, con las molestias que ello implica. “Lo importante es hacerlo discreto, pero con fe, para que se ahuyenten a los malos espíritus”, asegura doña Juana, mientras mastica hojas “sagradas” de coca que su hijo logró introducir.

La música cochabambina también está creciendo en Europa, lo que se demuestra con la formación de grupos de baile Salay, en los que los bailarines zapatean en el asfalto, pero si estuvieran en un piso de madera su paso armónico se sentiría mejor.

En Valencia, el grupo Tradiciones de Cochabamba mostró sus bailes y su música en las recientes fiestas del 6 de agosto y Urcupiña y se alistan para las fiestas de septiembre.

LA MAÑAQA Y LA T’INKA

En los bautizos y matrimonios, que se preparan con un año de anticipación, o más, los organizadores gastan miles de dólares, pero recuperan con creces su inversión, en dólares si están en Estados Unidos, y en euros los migrantes que residen en Europa.

Para perpetuar estos rituales, la profesora Julia García señala que es fundamental la mañaqa, es decir, el pedido que se realiza a determinadas personas para que acepten ser los padrinos.

“En estos rituales estamos reproduciendo el ayni, es decir, la reciprocidad, una característica de nuestra cultura tan antigua y milenaria”.

Y para convencer a los futuros padrinos que acepten este rol, se les lleva un regalo, como ocurre en Cochabamba, que se conoce como la t’inka.

A decir de García, los que son nombrados no pueden negarse, “porque eso significaría desmerecerse a sí mismos y al niño e incumplir ese círculo de obligaciones sociales y morales que tienen con la comunidad”.

En ciudades de Argentina se realiza también el uma ruthuku, según confirma el periodista boliviano radicado en ese país, David Tejerina.

Puntualiza, en contacto con OPINIÓN mediante Facebook, que los cortes de pelo se hacen, por lo general, en las viviendas particulares, y algunas veces los organizan en los salones de fiesta.

EL T’IPANAKU

Colgar billetes en los trajes de los novios, en los vestidos de las quinceañeras y en los atuendos de los santos y vírgenes es un ritual que se práctica con mucha fuerza en países como Estados Unidos, España, Italia, Argentina y Brasil, entre algunos.

La profesora Julia García señala que gracias al t’ipanaku, los padres de los niños y las parejas que se casan logran reunir hasta 40 mil dólares, que les sirve como base para comprar una casa.

Los invitados que asisten a estos eventos sociales en Virginia, Estados Unidos, dejan como aporte para el agasajado entre 50 y 100 dólares.

La idea de estos rituales es, además de perpetuarlos, recuperar los gastos que se realizan en la fiesta, “gracias a la contribución de la comunidad”.

En las festividades de la Virgen de Urcupiña y otros santos que se celebran en Virginia, se realiza también el ritual del t’ipanaku, pero se recauda mucho menos dinero.

LA Q’OA EN ESPAÑA

Ch’allar a la Pachamama (Madre Tierra) es otro ritual que se practica en Murcia, España, “algunas veces en viviendas particulares y otras en locales públicos cuando se organizan festividades religiosas como la de la Virgen de Urcupiña o la de Santiago de Bombori”, asegura el periodista Álvaro Salazar, quien reside en ese país desde hace 10 años.

Puntualiza que algunos cochabambinos, si la ocasión se los permite, llevan a cabo la q’oa del primer viernes como una ofrenda a la Pachamama, para atraer la buena suerte, “en todos los sentidos”.

Este ritual se realiza también en fiestas típicas como una ofrenda directa al santo o a la virgen agasajados, pero se debe tener cuidado dónde se hace esta actividad, para no incomodar a los demás.

Salazar advierte que la naturaleza del humo solo la reconocen los participantes (la mayor parte bolivianos), porque otros lo pueden confundir con un incendio y, en el peor de los casos, llamar a la Policía o los Bomberos.

Para armar la mesa, con todos los elementos de la q’oa, los creyentes y practicantes de este ritual se dan modos para reunir la mayor parte de ellos.

No es extraño, afirma Salazar, que en el ritual de la q’oa se encuentre hojas de coca para pijchar, las cuales pueden ser adquiridas en algunos restaurantes o de personas particulares que logran traer un paquete desde Bolivia.

“Para preparar la mesa se disponen sus componentes, se prende el carbón y se lo aviva con paciencia con el fin de atraer los signos de la buenaventura a leerse en sus cenizas. Este ritual es exactamente igual al que podría verse un primer viernes cualquiera en la Llajta, el respeto por esta tradición es el mismo”, concluye Salazar.

La q’oa del primer viernes del mes se realiza también en Estados Unidos, pero es más familiar, según la profesora Julia García.

En Virginia, al igual como sucede en España, se puede encontrar coca, “pese a que está prohibida su internación”.

Un cuarto de libra, en Estados Unidos, cuesta hasta 50 dólares (348 bolivianos aproximadamente).

Antes de colocar la q’oa, los presentes pijchan coca y dan de comer a la Madre Tierra para pedir permiso.

MAST’AKU

La mesa para las almas, o mast’aku, se empezó a armar en Virginia desde hace por lo menos un lustro, rememora García.

La primera vez que organizó un mast’aku fue en su domicilio, en 2012.

Tres años después, en 2015, organizó una mesa en una escuela de Virginia, por pedido de la universidad del Estado. En esa oportunidad, les pidió a los miembros de esta casa superior de estudios traer también las fotografías de sus muertos recientes.

García señala que fue tal el éxito de este mast’aku que los boliviano empezaron a replicar este ritual en sus hogares en forma más abierta, sin ocultarlo.

“Los migrantes preparan el mast’aku como se lo hace en Cochabamba, e incluso mucho mejor”.

Agradecimiento

Los cochabambinos que viven en el exterior no se olvidan de agradecer a la Pachamama (Madre Tierra) y en el ritual de la q’oa del primer viernes, le dan de comer y le piden permiso para que les dé buena suerte, asegura la profesora Julia García, quien vive en Estados Unidos.

Herencia

“Estas tradiciones nunca desaparecerán porque los hijos y nietos, niños y adolescentes han recibido una herencia que perpetuarán en cualquier lugar del mundo”.

Roberto Ajhuacho

Presidente Fraternidad Artística y Cultural Salay Cochabamba-filial Madrid





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