Cochabamba, Bolivia, Domingo 10 de septiembre de 2017
Informe Especial

Los bolivianos migran a España con sus rituales

El uma ruthuku, el t’ipanaku y el padrinazgo son algunas ceremonias que realizan los bolivianos en el país ibérico, y también algunos españoles.
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Por: ÁLVARO SALAZAR Especial para OPINIÓN | 10/09/2017


Cuando se habla de los bolivianos y las bolivianas que migran al extranjero (casi siempre en busca de mejores oportunidades laborales), se piensa que han dejado atrás todo: la familia, los amigos, el lugar donde nacieron y la seguridad de lo cotidiano.

Sin embargo, de vez en cuando los compatriotas logran "recuperar" algunas de sus tradiciones, más aún cuando están lejos de su patria.

¿Pero, cuál es la vía para lograr eso? Mantener las tradiciones y costumbres allá donde vayan, replicando las actividades y formas de relacionarse culturalmente con los demás, como lo hacían en su lugar de origen.

Los bolivianos que migran a España son inseparables de sus tradiciones que les permiten mantener la identidad en otro entorno, lejos de casa.

PRIMER CORTE DE PELO

Sin ir muy lejos, en España se recuperan rituales como el uma ruthuku (primer corte de pelo), la q´oa, o el t´ipanaku (billetes que se cuelgan a los novios o personas a quienes se festeja, y que también es bienvenido en las fiestas de 15 años, comuniones y graduaciones.

En la Región de Murcia, al sureste de la península ibérica, se realizan estos eventos, por lo menos una vez a la semana, y en cada uno se guarda el apego a estas costumbres, en mayor o menor medida, según lo permitan las circunstancias y las posibilidades de cada quien.

Antes de "entrar" a nuestra primera fiesta, lo hacemos recordando que un corte de pelo o una boda no solo es un evento privado, sino una actividad que moviliza al entorno social de los organizadores y compatriotas que prestan sus servicios en rubros como el transporte, el acompañamiento y animación musical, la fotografía o el video, la confección de recuerdos, el preparado de la comida o el arreglo del salón de eventos. Es decir, que muchas actividades sociales-tradicionales conllevan un movimiento económico de mayor o menor medida.

COMO EN LA LLAJTA

Solo en la Región de Murcia se llega a realizar un corte de pelo cada semana, o dos. Los padrinos quedan invitados y avisados con tiempo, pues el aporte de cada uno hará posible el festejo.

El día de la fiesta, y debido al cuidado de los detalles por parte de las comadres y compadres, uno podría jurar que se ha transportado a la Llajta.

Apenas se llega al salón de fiesta, sin importar la nacionalidad del invitado, este debe cumplir con una costumbre, “cascarle” (tomar) una tutuma o piña con chicha o garapiña.

Caso contrario, si el asistente no acepta esta invitación, puede ser que demore un poco más en llegar hasta la mesa que le tienen reservada los anfitriones. Es de ley aceptar esta primera tutuma.

Ya en sus sitios, los invitados se preparan para ser tratados como en sus ciudades o pueblos de origen. La cerveza no falta y tampoco un buen plato con el que podrá hacerle frente a la noche y a la madrugada.

Tras un tiempo prudente de espera, el contingente de padrinos y madrinas, acorde con la "hora boliviana", da inicio a la celebración. La bienvenida queda a cargo de un integrante del conjunto, portavoz oficial desde ese momento de los anfitriones.

Será el líder de la orquesta que se encargue de poner orden y agilidad a la fiesta del uma ruthuku.

A la voz de "atentos padrinos y madrinas por favor, que les vamos a ir llamando para bailar la cueca y dejar sus presentes", comienza el programa, en el que se van sucediendo las parejas que han aceptado el honor de colaborar con los distintos aspectos de la fiesta.

Padrinos de local, de banda u orquesta, de foto- video y mosaico, de sorpresa, de comida, de bebida, de conteo, de invitaciones, de recuerdo... todos bailarán al son de la cuenca.

Incluso madrinas y padrinos españoles, que suelen aceptar el honor de presidir el bautizo o la comunión del niño o niña, darán dos pasos al frente para ondear el pañuelo en alto, sin haber practicado nunca el arte del dulce e infatigable ritmo de la cueca, con la mejor de las voluntades.

En algunos casos, los padrinos nativos son empleadores de los padres del niño o niña que celebra el uma ruthuku, y, en otros, ya son parte de la familia debido a la unión entre una persona boliviana y otra española.

Y cómo no, a la mitad de la cueca, el golpe de bandeja de rigor, a cargo del experimentado garzón, quien se anima a lanzar alguna broma a la usanza, siguiendo el "aro, aro, aro". Se retoman las fuerzas con un seco (tomar el trago de un solo golpe) porque aún falta el acto principal, el corte de pelo.

Tras el paso certero de los padrinos, y después de haber disfrutado de un plato bien servido, se prepara la mesa para el primer corte de cabello.

Como en Bolivia, en España no faltarán el aguayo, la mixtura, la cerveza, los recuerdos y la cesta en la que se irán dejando los billetes.

Al paso de los padrinos y familia, le siguen los invitados, cada uno con el cariño que el bolsillo le permite. Pero ojo con el maestro de ceremonias de turno, no vaya a ser que le pregunte en voz alta cuánto va a dejar para el niño o niña, mejor preparar con antelación el billetito de 20 o 50 euros y quedar bien.

El resto es fiesta, aplausos y romper el piso con el desenfreno de los tinkus, salay, caporales, morenada y lo que haya preparado la banda de música.

Entre los detalles se destacan la entrega de recuerdos; figuras pequeñas, portarretratos diminutos, botellines primorosos, botellas de vino personalizadas. El decorado del local con cintas, cobertores para las sillas, manteles a juego, globos y adornos de mesa.

EL T´IPANAKU

Si el cuerpo aguanta, puede ser que al día siguiente quede físico para hacer las franjas de billetes del t´ipanaku más largas y llegar a los 3.000 euros o más en el conteo. Habrá que esperar.

Así como el uma ruthuku encierra varias costumbres, algunas de orden cultural y otras estéticas, prácticas como el t´ipanaku se realizan en cumpleaños, bautizos, comuniones, bodas o graduaciones.

Esta costumbre, que refleja un carácter comunitario, es frecuente en la comunidad boliviana y los montos que se llegan a reunir van desde unos cientos de euros hasta varios miles. Fuera de Murcia, en ciudades como Madrid o Barcelona, las sumas aumentan acorde con el número de invitados y con su nivel salarial.

Las tiras multicolores que van prendidas de alfileres o ganchos quedan a cargo de los padrinos de conteo. Al final de la fiesta, ellos serán los encargados de redondear el monto.

Uno por semana

Solo en la Región de Murcia se organiza un corte de pelo cada fin de semana. Los invitados dejan su regalo para el niño, dinero en euros, después de cortar un pequeño mechón.





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