Cochabamba, Bolivia, Domingo 3 de septiembre de 2017
Informe Especial

EMSA recoge cada día 5 toneladas de alimentos en mercados y restaurantes

Cientos de kilos de fruta, verduras, carne y arroz se botan a la basura. En algunos casos se trata de sobras, pero también hay presas enteras de pollo en buen estado que los comensales dejan en sus platos.
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Por: JORGE FERNÁNDEZ B. | 03/09/2017
Miriam (c) es una migrante potosina que llega hasta los mercados de la ciudad para buscar alimentos.

Juan Heredia asegura que ha logrado alimentarse en los últimos cinco años gracias a las "sobras" que recoge de las montañas de fruta que se arrojan en los centros de abasto y de la comida "en buen estado" que encuentra afuera de los restaurantes, en el denominado Casco Viejo de la ciudad de Cochabamba.

En la otra orilla, Mario Terrazas es un auditor que, según su testimonio, deja, casi siempre en su plato, parte de la comida que pide en el restaurante al que va todas las noches.

Afirma que siente un "leve remordimiento" cuando no termina toda su comida, pero argumenta que "no deja mucho" y el plato que pide tiene más cantidad de lo que él puede comer.

En su plato deja, principalmente, bastante arroz, parte de la papa y alguna vez una que otra presa de pollo o pedazo de carne. Y estas sobras, posiblemente, sean de utilidad para personas como Juan Heredia, quien consigue alimentarse de esa manera.

La Empresa Municipal de Servicios de Aseo (EMSA) recoge cada día, como promedio, un poco más de cinco toneladas de alimentos o sobras de comida de mercados, supermercados y restaurantes de la ciudad.

El gerente general de EMSA, Raúl Gutiérrez, asegura que en esa cantidad de basura que se desecha cada día están incluidas las frutas, verduras y los desechos de las diferentes actividades económicas que hay en el medio.

Gutiérrez agrega que para evitar el desperdicio de comida en los restaurantes, por ejemplo, la iniciativa debería partir de los que atienden, es decir, advertir a los clientes que de un plato pueden compartir dos personas, o más.

Informa que la mayor parte de los desperdicios de alimentos es verdura y fruta, unas cuatro toneladas, y el resto sobras de comida de restaurantes y del mercado, un poco más de una tonelada.

Gutiérrez recuerda que en el municipio de Cochabamba funcionan 3.145 actividades económicas gastronómicas que se dedican al rubro de la comida.

En lo que se refiere a las frutas que se desechan en los centros de abasto de la ciudad, Gutiérrez afirma que la mayor parte es mandarina y naranja, una mínima porción plátano, además de verduras como tomate y lechuga.

"Otras verduras que se descomponen en los mercados son los coliflores, zapallos, que son los más perecederos".

Y de estas frutas y verduras aprovecha Miriam, una mujer que ronda los 65 años y que llega hasta la avenida República, frente al Mercado Chino, en la zona sureste de la ciudad.

De muy pocas palabras, esta potosina, que llegó hace siete años a Cochabamba, afirma que no tiene trabajo, por lo que debe subsistir buscando restos de fruta en la basura para su consumo.

En algunas oportunidades tiene que, incluso, apartar a los perros que escarban entre la basura, en busca de restos de comida.

Respecto al desperdicio de alimentos, el papa Francisco aseguró, en junio de 2013, que "la comida que se tira a la basura es el alimento que se roba al pobre, al que pasa hambre".

Bergoglio señaló en esa oportunidad, según la agencia española de noticias EFE, que en el mundo se impone "la cultura del desecho, del descarte, que nos ha hecho insensibles también al derroche alimentario, que es aún más despreciable cuando en todas partes del mundo muchas personas sufren hambre y malnutrición".

No obstante, para Juan Heredia es un alivio poder encontrar en la basura un pedazo de pan para llevarse a la boca y no irse a dormir con el estómago totalmente vacío.

En Bolivia, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), a 2015, el 38.56 por ciento de la población es pobre.

Las proyecciones del INE señalan que el número de habitantes era de 10.881.124, en el año 2015, y en la línea de la pobreza habían 4.195.407 personas.

Una década antes, según datos del INE, en el país el 59.63 por ciento de las personas se encontraba en algún nivel de pobreza. De los 9.366.312 habitantes que había ese año, un total de 5.584.772 era pobre.

FALTAN INCENTIVOS

El secretario general de la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Cochabamba, Pedro Quiroz, calcula que desde el transporte del producto hasta su comercialización en los mercados se pierde, por lo menos, el 20 por ciento del total de los alimentos, por diferentes factores.

Entre algunas causas mencionó el mal estado de las carreteras, los bloqueos y el ingreso de alimentos del exterior, que se ofertan a menores precios e inundan los mercados de la ciudad, relegando a los que se cultivan en el país.

Quiroz, quien forma también parte del Comité de Desarrollo Productivo de la Federación de Campesinos, afirma que los agricultores piden al Gobierno y a la población que valoren lo que se produce en el país y que se deje de importar tantos alimentos.

El dirigente campesino abunda que los centros de abasto de la ciudad están inundados con papa, cebolla, zanahoria, chirimoya, tomate y camote, entre otros, cuya venta hace que los precios de los productos nacionales bajen hasta el mínimo.

Añade que sus compañeros están molestos y por eso decidieron controlar en los mercados para verificar si se vende fruta importada, "porque nuestras autoridades no dicen nada hasta ahora".

"Nadie se pregunta cómo pueden sustentarse las familias de los agricultores con tan bajos precios, porque no se gana ni para reponer la semilla. El último fin de semana, por ejemplo, la carga de papa (100 kilos) se vendió hasta en 150 bolivianos, que no compensa ni la mano de obra que se invierte".

Advierte que el arancel que se paga por los productos importados es casi cero, apenas un boliviano por carga.

Uno de los pedidos de los agricultores es que se construyan en el país, y especialmente en Cochabamba, silos de acopio, para preservar los alimentos que se producen.

Además, el dirigente campesino recuerda que en 1952, época de la Revolución Agraria, la mayor parte de la población estaba concentrada en el área rural, y ahora solo queda un 30 por ciento del total, porque los jóvenes prefieren migrar a la ciudad y trabajar de albañiles, antes que seguir como agricultores, porque no les conviene seguir en ese rubro.

Quiroz señala que el agricultor invierte desde la semilla, los insumos, la mano de obra y no le queda ganancia.

Explica que en Perú, el Estado ayuda con seguros agrarios y otras subvenciones a los agricultores, además de créditos blandos, de tal modo que están en ventaja con relación a sus pares bolivianos.

En Bolivia se sigue manteniendo una agricultura orgánica y solo en un 10 por ciento de los cultivos, de los pequeños productores, se utilizan químicos.

“Cochabamba se alimenta gracias a los pequeños agricultores”.

SE PIERDE Y DESPERDICIA

Un tercio de todos los alimentos que se produce en el mundo se pierden y se desperdician en sus diferentes etapas, desde el transporte hasta su consumo final, situación que también sucede en "nuestro medio", asegura la responsable de Swisscontact Cochabamba, Carola Ortuño.

Señala que los alimentos que se producen en determinadas zonas deben ser llevados hasta los centros de abasto de las ciudades y se pierden en un porcentaje importante porque en el transporte no se utilizan frigoríficos, por ejemplo, que permitan mantenerlos en buen estado el mayor tiempo posible.

Y los alimentos se pierden también en los mercados porque muchas de las vendedoras no tienen las condiciones para conservarlos en buen estado.

Los alimentos también se desperdician cuando llegan a los restaurantes, en algunos casos porque estos establecimientos tienen altos estándares de calidad y botan los que tienen imperfecciones.

Estos alimentos, que podrían servir para alimentar a cientos de personas, porque todavía se encuentran en buen estado, están irremediablemente destinados a ser echados a la basura, afirma Ortuño.

La dificultad es, según Ortuño, que no hay una persona, entidad u organización que pueda reunir estos alimentos para entregarlos a la gente.

Señala que en algunos países de Europa se han implementado programas de voluntariado en los que grupos de personas se dedican a acumular alimentos para hacer llegar a la gente que los necesita.

En Alemania, por ejemplo, se cuenta con el proyecto Food Sharing (compartiendo el alimento). Los miembros de este programa tienen contacto con administradores de restaurantes para que ellos puedan acopiar los alimentos que están en buen estado, en vez de botarlos a la basura, los puedan transferir inmediatamente a lugares donde está la gente beneficiaria.

Estos alimentos pueden llegar especialmente a la gente que no tiene recursos económicos para adquirirlo, de modo que no se desperdicie más.

Pero eso, según Ortuño, no significa entregar las sobras, sino “alimentos potenciales” que pueden ser aprovechados por otras personas. Este programa puede ser implementado en Cochabamba.

“Por ejemplo, considero que los bufets grandes podrían estar conectados con alguna organización que reúna esta comida para entregársela a la gente que necesite”.

Cuando, por ejemplo, Swisscontact realiza eventos grandes y no se consume una parte de los alimentos, se los empaca y se lleva a algún hogar para ayudar a los que residen en ese lugar.

Otra opción, para no desperdiciar los alimentos que se sirven en los restaurantes, es que los comensales se lleven lo que les ha sobrado para comer más tarde, para la cena, y de esa forma se evita botar esta comida a la basura.

En los mercados se puede observar a gente indigente que busca entre los promontorios de basura comida que le sirva para llevarse al estómago.

Para evitar el desperdicio de los alimentos, especialmente la fruta, los vendedores pueden utilizar estrategias como la disminución de precios al final de la tarde o entregar dos por uno.

Y pérdida de alimentos se puede también considerar cuando en los restaurantes se sobrecarga los platos con mucha comida, de manera que los comensales no terminan porque se sobrepasa la capacidad de los estómagos.

DISPOSICIÓN

Los desperdicios que recoge EMSA cada día de los diferentes distritos del municipio de Cochabamba se llevan hasta el botadero de K´ara K´ara para la disposición final a cargo de la empresa Colina.

El gerente general de EMSA, Raúl Gutiérrez, afirma que la empresa Colina dispone gran parte de los alimentos desechados junto con la basura común porque la gente todavía no separa los residuos sólidos, por lo que los desechos orgánicos, entre ellos los alimentos, no se pueden aprovechar.

Señala que en vez de botar los restos de comida a la basura, se podría utilizar estos para alimentar a las mascotas, por ejemplo.

Sin embargo, Gutiérrez lamenta que muchos vecinos en el municipio todavía no tengan esa cultura de segregar los residuos orgánicos para darle el uso correspondiente a cada uno de ellos.

La basura, cuando no está seleccionada, se entierra en el relleno sanitario de K´ara K´ara, tal como dispone la norma.

Gutiérrez afirma que cuando recogen la basura de los domicilios y la misma no está separada, muy poco se puede recuperar si hay frutas, por lo que la mayor parte se dispone junto con la basura común.

Cuando la basura es separada, como aconseja EMSA, los residuos orgánicos, frutas, verduras o sus restos, pueden ser utilizados para hacer abono orgánico, después del proceso correspondiente.

La ventaja de recoger los residuos sólidos de los mercados, según Gutiérrez, es que ahí están acumulados los restos biodegradables como las verduras y frutas y se puede hacer directamente el proceso de compostaje.

SE DESTRUYE

Los productos que tienen fechas de vencimiento expiradas son recogidos por EMSA, destruidos y enterrados para que no sean utilizados y así velar por la salud de la ciudadanía.

Para proceder a la destrucción de los alimentos vencidos, la dirección de Medio Ambiente de la Alcaldía de Cochabamba notifica a EMSA y esta es la instancia encargada de hacer la destrucción en el relleno sanitario. Se convoca a Impuestos Internos, un notario de fe pública y un representante del supermercado.

Los productos caducados se destruyen con un rodillo, se recoge los desechos y se los entierra mediante la empresa Colina que está a cargo del cierre técnico del botadero.

Los supermercados tienen la obligación de reportar ante la Dirección de Medio Ambiente de la Alcaldía cuando tienen alimentos vencidos para su respectivo recojo y destrucción en el botadero.

Según Gutiérrez, los productos que se vencen en los supermercados representan entre un 8 y 10 por ciento de toda la mercadería que tienen, "porque lamentablemente no todo se vende".

La destrucción de la mercadería vencida no es tan frecuente, se lo hace cada tres o seis meses y se trata de dos toneladas como promedio.

LOS RIESGOS

Consumir alimentos en mal estado, dañados o con la fecha vencida es altamente peligroso para la salud de las personas, advierten especialistas y organizaciones que trabajan en este campo.

Las consecuencias más graves de consumir estos alimentos son, según la nutricionista Catalina Miranda, entrevistada por tl.cl, “contraer una enfermedad de transmisión alimentaria, desde una reacción alérgica, problemas gastrointestinales, hasta la muerte”.

La especialista recalca que se debe observar siempre las fechas indicadas por los fabricantes de los alimentos, porque sus ingredientes se descomponen y se contaminan”.

Los alimentos más peligrosos de consumir son los que tienen líquidos como la leche, yogur, queso, carnes y todo tipo de pescados.

El sitio web Fuente Saludable advierte que muchas de las enfermedades son causadas por la ingesta de alimentos en proceso de descomposición.

Los alimentos en mal estado pueden causar vómitos, náuseas, diarrea, cólicos, pérdida del apetito, fiebre, dolor de cabeza y debilidad, entre algunos.

200 ENFERMEDADES

Los alimentos contaminados por bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas causan más de 200 enfermedades, desde diarreas hasta cáncer, según un último informe de la Organización Mundial de la Salud.

La salmonelosis, las enfermedades gastrointestinales y la infección por Escherichia coli, entre otras, enferman a más de 582 millones de personas en el mundo y matan a más de 350 mil cada año, puntualiza este informe de la organización de salud.

38.5 por ciento

Pobreza

Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) señalan que la pobreza en Bolivia estaba en el orden del 38.5 por ciento en 2015.

De un total de 10.881.124 habitantes, 4.195.407 se encontraban inmersos en este grupo.

La tercera parte

“Un tercio de todos los alimentos que se producen en el mundo se pierde y se desperdicia en diferentes etapas, desde el transporte hasta su consumo final, situación que también sucede en nuestro medio”.

Carola Ortuño

RESPONSABLE SWISSCONTACT COCHABAMBA





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