Cochabamba, Bolivia, Domingo 3 de septiembre de 2017
Informe Especial

El alimento se pierde en varias etapas hasta un 75 por ciento del total

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Por: FERNANDO SALAZAR | 03/09/2017

La pérdida de los productos alimenticios se da en por lo menos tres o cuatro niveles. El primero es en la producción misma de las frutas y hortalizas.

La falta de desarrollo tecnológico impide que se tenga un aprovechamiento máximo en las parcelas donde siembran los agricultores.

De la producción total, una buena parte no logra desarrollarse completamente por la mala calidad de la semilla o los eventos meteorológicos.

Algunos productos que cosechan los agricultores no son aptos para su venta en los mercados, porque son muy pequeños o duros. Y a ellos no les queda otra alternativa que deshacerse de los mismos.

Ese es el caso, por ejemplo, del banano, que por no alcanzar un determinado tamaño es desechado. No se lo envía a otras regiones, porque el transporte tiene un costo más elevado que el precio del mismo producto.

Según algunos agricultores, la pérdida de los alimentos, antes de ser trasladados a los centros de abasto puede llegar hasta un 25 por ciento , todo dependiendo de la época y las condiciones climáticas. Especialmente eso se ve en los cítricos que se producen en el Chapare.

Estas frutas que se desechan podrían tener otro destino, convertirse en mermeladas, como se hace en el exterior, donde existe un sistema muy eficiente de transporte.

En cambio, en nuestro medio hay todavía carreteras en mal estado, derrumbes y bloqueos, que provocan incertidumbre en los agricultores.

Cuando hay un bloqueo de varios días, los productores pueden perder hasta la mitad de su mercadería que está en el camión porque se trata de productos perecederos como el tomate o la fruta.

Hasta esta etapa se pierde el 30 por ciento de la producción agrícola.

La pérdida también se observa en los mercados primarios, donde el productor está sujeto al libre mercado. La carga de papa, por ejemplo, puede estar un día en 240 bolivianos y al otro en 120.

Y lamentablemente sigue la libre importación de alimentos de países vecinos, lo que ocasiona que se saturen los mercados y bajen los precios. Esto hace que los productores locales se queden con gran parte de sus productos y se echan a perder.

Los consumidores finales también desperdician. Las familias que compran alimentos en exceso.

A veces, como consumidores no valoramos los alimentos que llegan hasta nuestra mesa y botamos la fruta casi entera.

Considero que desde que se inicia el proceso de la producción de alimentos hasta que llega a los hogares, hay por lo menos un 75 por ciento de pérdida.

Y eso se comprueba fácilmente cuando se habla con la gente que trae cítricos desde el trópico o verduras desde Capinota.








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