Cochabamba, Bolivia, Domingo 6 de agosto de 2017
Informe Especial
En el Estado de Virginia, según los bolivianos, “si ves un sauce llorón en el jardín de una casa, puedes sospechar que ahí vive un compatriota, pero si hay un batán o una rayuela, ya sabes que seguro es la casa de un cochabambino”.

La cultura de Bolivia deja huellas y gana espacio en Estados Unidos

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JOEL VERA REYES. Especial para OPINIÓN JORGE FERNÁNDEZ B. | 06/08/2017

Los caporales universitarios de San Simón Virginia, durante su participación en una Entrada, Estados Unidos. 

Baile, gastronomía, fiestas religiosas, oficios, costumbres ancestrales, núcleos familiares y organizaciones comunitarias de ayuda mutua son solo algunos de los elementos de la cultura nacional que los residentes bolivianos han logrado transportar, cultivar y hacer florecer durante las últimas tres décadas en Estados Unidos.

Es así que, desde celebraciones fastuosas como la festividad de la Virgen de Urcupiña hasta elementos tan sencillos y tradicionales de la comida cochabambina, tal es el caso de la quilquiña para coronar la llajua que acompaña en la mesa de los bolivianos, se han podido replicar gracias al empeño de algunos inmigrantes por mantener sus costumbres y hacer de la vida en el área metropolitana de Washington, Maryland y Virginia, un lugar familiar que permite respirar un aire amable gracias a básicos, pero profundos elementos culturales bolivianos que ya son parte del cotidiano en Estados Unidos.

Pero la cultura boliviana, en su más amplio sentido antropológico, no solamente ha logrado reproducir y trasladar costumbres de generación en generación en Estados Unidos, sino, que ha conseguido alcanzar espacios institucionales en la administración estatal del país del Norte, logrando impulsar hasta la cúspide a destacados maestros, médicos, docentes universitarios, autoridades políticas, agentes del Servicio Secreto, policías, militares y funcionarios públicos.

PROFUNDAS HUELLAS

Emprendimientos particulares de todo orden en el ámbito de la construcción, así como restaurantes de comida boliviana, celebraciones de aniversarios en calles principales, canchas deportivas y teatros dando paso a las entradas folclóricas nacionales, son parte de las profundas huellas que dejan los bolivianos.

Asimismo, se destacan, aunque en solitario, empresarios, artistas, técnicos, constructores, vendedores, trabajadores en limpieza, transportistas, jardineros, servicios de gastronomía como banquetes y un sinfín de oficios formales y temporales, que marcan el cotidiano de los bolivianos quienes, además, han conseguido convertirse en una de las nacionalidades más reconocidas por su carácter emprendedor, en medio de un mosaico tan amplio como diverso de nacionalidades como lo es Estados Unidos.

EL QUECHUA

Pero esta “resistencia cultural”, como la califica la maestra y especialista en estudios antropológicos Julia García al cotidiano de los nacionales que persisten en su afán por reproducir sus espacios de origen a miles de kilómetros de Bolivia, no podría completar su configuración sin la presencia de un elemento que permite afirmar un sentido de pertenencia o de nacionalidad, y fortalecer aún más la identidad del boliviano frente a otros inmigrantes, “una transversal que te marca, te diferencia del resto, que te deja desenvolverte con libertad y te dota de una fuerte carga de lo tuyo más allá de tus fronteras”: el idioma quechua.

Pese a que gran parte de los 500 mil bolivianos que, según cifras que maneja el consulado de Bolivia en los EEUU, son cochabambinos, también es cierto que un gran porcentaje de ellos no ha desarrollado el quechua como su lengua materna, al igual que bolivianos de La Paz o Santa Cruz que -según la misma fuente- son los departamentos con más inmigrantes en ese país, después de Cochabamba.

Sin embargo, todo aquel que trabaja en los oficios más populares entre los bolivianos como lo son la construcción, el servicio de banquetes y la limpieza sabe que el quechua puede ser fundamental para engranar entre los compatriotas, sobre todo los del Valle Alto de Cochabamba.

“Uno no sabe, pero con el tiempo comienza a entender el idioma y hasta a hablar un poco. La verdad es que cuando uno sabe que hay dos cochabambinos en un trabajo, inmediatamente va a comenzar a escuchar el quechua”, explica Ana María Céspedes, una reconocida especialista en catering, que es de origen cruceño y vive hace 18 años en EEUU.

NATURALEZA

Otro elemento que ha hecho de los estados de Virginia y Maryland el ambiente ideal para reproducir los espacios socioculturales cochabambinos en EEUU es el geográfico. Salvo en la época de invierno, cuando la nieve y el frío que pueden alcanzar los 60 centímetros y los 25 grados bajo cero que son la constante que acompañan una puesta del sol a las 16:00, la geografía puede ser muchas veces una réplica casi exacta de algunos sitios del valle de Cochabamba. Sauces llorones, ceibos, pinos, pastizales, entre las viviendas de apariencia campestre; calles angostas, arboledas y bosques están en medio de riachuelos, ríos caudalosos, lagunas y represas que marcan los “barrios” y le dan un descanso al vértigo de la maraña de autopistas que rodean el área metropolitana de Washington.

“Si ves un sauce llorón en el jardín de una casa, puedes sospechar que ahí vive un boliviano, pero si miras bien y hay un batán o una rayuela, ya sabes que seguro es la casa de un cochabambino”, apunta Iván García, un constructor de origen tarateño que es “ciudadano americano” y vive en el país del norte desde mediados de la década de los ochenta.

La llegada de la primavera ofrece un verdadero festival de colores en Virginia y Maryland; los árboles retoñan y la vegetación parece cobrar vida hasta el punto de transformar hasta volver irreconocibles algunos lugares, como según se sabe también ocurría en la Llajta.

“Esto también pasaba en Cochabamba. Hasta principios del siglo pasado, se sabe que la nieve llegaba hasta la zona del Temporal, la parte alta de Tupuraya y el Frutillar, pero después todo florecía con la primavera. Los abuelos siempre decían, y quienes tenemos más de 50 años de edad sabemos que era una costumbre afirmar que ‘en Cochabamba hasta las piedras florecen’. Y no era mentira, porque incluso los tejados y los postes de luz se llenaban de musgo y florecían por la humedad”, cuenta David Vera, arquitecto urbanista cochabambino.

SOLIDARIDAD

La reciprocidad, la ayuda mutua, la reproducción de las comunidades fuera de Bolivia y el ayni, también están presentes en Estados Unidos.

Familiares y amigos siempre ayudan a los recién llegados ofreciéndoles vivienda, transporte, trabajo, e incluso algún dinero, para que el inicio de las nuevas familias de inmigrantes en Estados Unidos no sea tan duro. Pero, esto no solo ocurre entre las familias de las comunidades campesinas, sino también entre la gente de la ciudad, pues siempre existe una mano amiga que ayuda con lo que puede a los recién llegados.

Las kermeses solidarias son parte de la vida en fin de semana entre los bolivianos. Siempre hay una causa por la que se debe recaudar dinero y ayudar a los enfermos, accidentados o personas con dificultades económicas.

Es así que, además de los restaurantes de comida nacional, las kermeses también ofrecen un menú variado para el almuerzo de los domingos, por lo que un chicharrón, chorizo, fricasé, sajta de lisas, ají de fideo, anticuchos, sopas de maní o chairo, son habituales, tal como en Bolivia, siempre con una llajua, humeantes choclos con quesillo y el infaltable pan de Arani. De tal modo que como se suele decir en las reuniones, “no se extraña ni el moq’onchinchi”.

FESTIVIDADES

Pero todos los elementos culturales que replica Bolivia, y particularmente Cochabamba en EEUU, se completan con las costumbres religiosas que año tras año ocupan a los bolivianos con las fiestas patronales de la Virgen de Urcupiña, San Severino y Santiago, entre otras, así como los carnavales valluno y cruceño, que ya son una tradición en Virginia.

El 14 y el 24 de septiembre, entre otras efemérides departamentales; así como el 6 de agosto, son fechas en las que los bolivianos celebran por lo alto en lujosos hoteles y centros de eventos sociales reconocidos y dan rienda suelta a su alegría mediante las entradas folclóricas con las más de 35 fraternidades del área y 1.500 bailarines registrados, carnestolendas, wallunk’as, corsos, mascaradas, q’oachadas y procesiones, buscando aquello que quizá muchos no vuelvan a ver, pero que llevan siempre adentro: su patria Bolivia.

SU ECONOMÍA SE FORTALECE

Los bolivianos en Virginia, Estados Unidos, han consolidado su posición económica, social y política, concluye el economista y docente universitario Pablo Cuba.

Agrega que los flujos migratorios fueron tan intensos en las últimas décadas que han consolidado una colonia urbano boliviana, con hijos y nietos, que ya forman parte integral de esa comunidad.

El analista económico explica que ese flujo migratorio tan importante tuvo que ver con la inestabilidad política y la crisis económica y social en Bolivia en el siglo XX.

“Para los bolivianos migrantes al Norte fue una gran oportunidad y los beneficios de acceder a mejores oportunidades de trabajo. Las redes sociales que se fueron construyendo se consolidan a través de los años”, puntualiza.

Refuerza que hay iniciativas económicas que emergen, oportunidades de trabajo y, sobre todo, una colonia boliviana que empieza a consolidarse, donde las costumbres culinarias y culturales se enraízan de manera tan fuerte “que uno parece estar sintiendo un poco de cada pedazo de Bolivia en ese territorio”.

Cuba subraya que lo que más les entusiasma a los residentes bolivianos en Virginia es la calidad de vida, las compras en los supermercados, que es parte de la cultura en las grandes ciudades, las inversiones que se realizan en el desarrollo urbano y la mayor seguridad.

“La posibilidad de lograr un ingreso seguro y tener un consumo promedio de aproximadamente 50 dólares por día, hace sentir a una mayoría como parte de la clase media urbana norteamericana. Tener posibilidades de contar con un vehículo o una vivienda propia y escuelas con buen nivel académico les ha permitido cumplir con su sueño americano”.

Además, según el economista, desde hace muchos años dejaron de ser los habitués de centros de abasto como los que se tienen en Bolivia (la Cancha o espacios abiertos) para realizar las compras diarias de los alimentos de primera necesidad. “Las zonas donde se ubican los supermercados o los importantes centros comerciales formaron parte de esa modernidad que vivieron desde el siglo pasado, pero no era todavía parte integral de nuestra realidad”.

Cuba apunta que la presencia de los bolivianos en Virginia ha tenido un efecto muy positivo en sus condados, porque ha generado un gran impacto en actividades vinculadas a los servicios de la construcción, el comercio, alquiler de departamentos, además de haber impulsado la aparición de nuevas expresiones culturales y otras recreativas.

CULTURA Y DEPORTE

Los residentes de Virginia tienen diferentes actividades deportivas que los mantienen muy unidos, aunque sin separar occidente de oriente de sus lugares de origen.

“Las danzas y fiestas religiosas han logrado consolidar a esos grupos humanos y mantener una estrecha relación con nuestro país a través de los medios de comunicación, el envío de remesas, que después de Europa y Argentina, tiene una influencia muy importante para la dinámica local en términos de mejoras o compras de vivienda, vehículos o calidad de vida de muchas familias bolivianas”, señala Cuba.

Por tanto, prosigue el economista, la fuerte vinculación entre los residentes virginianos y su lugar de origen, en el caso de Bolivia, es muy fuerte.

“No existe la compleja dinámica ideológico-cultural de un componente antiimperialista, como se observa desde discursos muy radicales. Aun cuando nada está completamente predeterminado, en la esfera de las significaciones, el papel de las tradiciones y sagas simbólicas es de la mayor importancia en Virginia. Son tradiciones sensibles, integrados por lo moderno y nuestras costumbres”.

Cuba puntualiza que los bolivianos residentes en Virginia tienen una sensibilidad subyacente o como un gran telón de fondo, en la mayoría de las familias que se han ido consolidando a través del tiempo en ese país. Un imaginario particular e, incluso, más ampliamente, como una de las dimensiones socio culturales más importantes que es la fuerte integración y solidaridad que se ha desarrollado y consolidado a través del tiempo, manifestándose en la mayor parte de las actividades laborales y sociales que desarrollan los residentes bolivianos.

REMESAS

El país recibió entre enero y mayo de este año 493.9 millones de dólares por concepto de remesas familiares enviadas desde el extranjero, según un informe el Banco Central de Bolivia (BCB).

Este monto, según el comunicado del BCB, representa un incremento del 2.9 por ciento con relación a similar período de 2016, cuando se captaron 479 millones de dólares en remesas, informó la Agencia Boliviana de Información.

Estados Unidos, por país de origen, ocupa el segundo lugar en el envío de dinero, después de España, con el 17.6 por ciento del total. Desde la nación ibérica, los bolivianos mandan el 30.1 por ciento del total de las remesas.

Las remesas llegaron principalmente a los departamentos de Santa Cruz (40.4 por ciento ), Cochabamba (31.8 por ciento ) y La Paz (14.3 por ciento ).

3 de septiembre es la fecha prevista para la realización del Festival Boliviano, uno de los más grandes eventos folclóricos en Estados Unidos.

Logros

“La cultura boliviana, en su más amplio sentido antropológico, ha logrado reproducir y trasladar costumbres de generación en generación en EEUU, y ha conquistado espacios institucionales en la administración estatal del país del Norte”.

Joel Vera Reyes

PERIODISTA-RESIDENTE EN VIRGINIA








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