Cochabamba, Bolivia, Domingo 6 de agosto de 2017
Informe Especial
El guionista de cine Juan Cristóbal Ríos Violand narra detalles del documental “La Virginia de los Bolivianos”, en el que describe las tradiciones como el umarrutucu, las entradas folclóricas y las celebraciones festivas.

“Hay comunidades que mezclan el inglés con el quechua en Virginia”

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Por: JORGE FERNÁNDEZ B. | 06/08/2017

Una escena del documental la Virginia de los Bolivianos.

“Porque es la Virginia de los bolivianos”. Así de contundente es la respuesta del guionista de cine Juan Cristóbal Ríos Violand al referirse a su documental que narra la vida de la comunidad boliviana que vive en Estados Unidos.

Afirma que los bolivianos se han apoderado de ciertos espacios, simbólica y económicamente, y muchos de estos funcionan gracias al aporte de los compatriotas que ejecutan y promueven actividades, tales como lugares nocturnos y de eventos.

“Perciben fuertes importes económicos con todas las actividades que emprenden”, precisa.

P: ¿Qué refleja su documental La Virginia de los bolivianos y qué temas aborda?

R: El documental trata sobre cómo se expresa la bolivianidad en el área metropolitana de Washington. Principalmente, la relación de adaptación versus resistencia en los migrantes bolivianos, que recrean espacios simbólicos, donde permanece su identidad, una que, sin duda, es flexible, y donde se reconstruye un lugar que es una segunda Patria en Estados Unidos. Bolivia está en Virginia, es La Virginia de los bolivianos.

P: Algunos inmigrantes que viven en EEUU desde hace décadas aseguran que se ha logrado reproducir el país en Virginia...

R: Claro que sí. He visto e interactuado con muchas de las manifestaciones populares bolivianas que se expresan. Tradiciones como el umarrutucu, entradas folclóricas, celebraciones a la Virgen y los partidos políticos. Incluso existen ciertas comunidades denominadas Taratown en Arlington, Virginia. Los bolivianos de Arbieto compraron un territorio para todas las ligas bolivianas, denominado Arbieto Acres. Es un espacio comunitario donde pueden interactuar en celebraciones de diferente origen. Sirve también para hacer deportes, así vemos que el boliviano reproduce un sentido de comunidad y de pertenencia.

 

P: Sus trabajos en el cine tienen mucho que ver con la migración ¿dónde nace su interés por este fenómeno?

R: Padezco la bendición y la ansiedad profunda del migrante. Vivo entre Bolivia y Estados Unidos. Y definir ese proceso complejo de asimilación es uno que tiene muchos matices y demasiados caminos de adaptación, de resistencia, de negociación. Actualmente, el deseo de obtener la ciudadanía americana me obliga a estar lejos del país. La identidad y el proceso de comunicación entre dos países, entre dos realidades es algo que me toca expresar y compartir con el público porque preciso mostrar esta parte vivencial que es muy fuerte.

P: ¿Por qué decide filmar La Virginia de los bolivianos? ¿Cuánto influyó su familia en EEUU?

R: Mi abuelita Emma, de 99 años, es un ejemplo de resistencia. Mi demás familia materna es más gringa que el Macdonalds, apoyaron el documental en cierta forma, pero en realidad yo lo estoy haciendo de manera independiente. Más que mi familia, que tuvieron un proceso migratorio clasemediero burgués, me interesa la Bolivia popular, la que potencializa el valor de lo comunitario y lo colectivo, en contraposición a la a veces agobiante individualidad gringa.

Mi familia en EEUU abrazó esta individualidad y el American way of life. A mí me interesa otros tipos de bolivianos.

P: ¿Inició el rodaje con algunas ideas preconcebidas respecto a la migración y los bolivianos en EEUU?

R: Empecé el documental en total estado de ignorancia. Fue la valerosa comunidad boliviana la que me mostró el camino, las fiestas, la forma de ser y de estar en Estados Unidos, resistiendo, sin perder eso que nos hace celebrar a pesar de que las circunstancias sean adversas. Hay bolivianos que reproducen de manera idéntica a Bolivia y todas sus manifestaciones culturales.

Suena jodido decirlo, pero la primera vez que fui a un umarrutucu fue en Virginia. No sabía nada de la comunidad boliviana en ese Estado. Ahora que la conozco, la comprendo y la valoro, incluso me metí a cantar en un coro de una iglesia boliviana.

P: ¿Qué sucede con los hijos de los bolivianos que nacieron en Estados Unidos, reivindican la cultura de sus padres?

R: Muchos no hablan el español y se han adaptado a todas las oportunidades que EEUU ofrece, una educación escolar de primer nivel, especialmente en Arlington, Virginia. Bolivia para ellos es el silp’ancho, el baile de tinkus o caporales los fines de semana, un espacio de la nostalgia, quizá. Las nuevas generaciones tienen lo mejor de los dos mundos, y eso es una bendición.

P: ¿Está en un constante ida y vuelta entre EEUU y Bolivia, entre el inglés y el español, ¿cómo influye este movimiento en su actividad creativa?

R: Estéticamente un montón. Hay comunidades del Valle Alto que mezclan el inglés y el quechua como partyman rinquichu (ir a la fiesta) o roomenesya (mi compañero de departamento). La asimilación es muy rica, tanto así que se realizará en el documental la primera poesía visual hecha en quechua y en inglés. Un hecho inédito en la historia del cine boliviano.

 

P: ¿Cuándo se podrá ver este documental en el país? ¿Ya se lo exhibió en Estados Unidos?

R: Hacer el documental en un país extranjero es un viaje. Te podría decir que el día de San Blando (ríe). Cometí el error de crear expectativas. Debo este documental a toda mi comunidad boliviana en Virginia, pero un trabajo de estas características tarda. Si analizas estos procesos, vemos que American Visa tardó 10 años al igual que el Olor de tu Ausencia.

Si quiero presentar algo ch’api (malo), lo corto, lo muestro, aplausos, alfombra roja y punto. Se necesitan hacer escenas demasiado complejas que requieren de mucha logística y tiempo. La paciencia es fundamental en el cine, para el realizador y el público.

  

P: ¿Cuáles son sus próximos proyectos?

R: Estoy escribiendo una novela con unos cuantos cómics, parodiando al ogro naranja presidente en  gringolandia. También estoy elaborando el guión sobre un grupo de personajes, como el caracortada cochalo y la Penélope Cruz boliviana, actores de muy buen nivel que a su momento se revelarán, que luchan contra la hipocresía en la ciudad de pobres chicharrones (Cochabamba), quienes por su ética e irreverencia siempre dicen lo que piensan, sin filtro alguno (como Liar, Liar, de Jim Carrey), pero por elección personal.

Estoy iniciando un documental sobre la banda Cartel Afónico y grabando un corto sobre la inocencia del smartphone en la adolescencia, denominado “ Amor por internet”. Y también el Paseo de la Lolita.

Una historia

“El tema de la bolivianidad en el extranjero es amplio. Puede servir para filmar una película o una serie de documentales de televisión de por lo menos 10 temporadas”.

Juan Cristóbal Ríos Violand

GUIONISTA DE CINE



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