Cochabamba, Bolivia, Domingo 6 de agosto de 2017
Informe Especial
Muchas de las inmigrantes que llegaron a Virginia, Estados Unidos, en décadas pasadas, actualmente llevan la batuta de una infinidad de emprendimientos económicos exitosos y son reconocidas por la comunidad.

Las bolivianas son madres y mujeres valerosas “for export”

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Por: Marcela YÉpez | 06/08/2017
Julia García (d) recibe un reconocimiento por promover el quechua en Estados Unidos.

Emprendedoras, líderes, luchadoras, madres y sinónimo de fortaleza, son algunos de los rasgos que históricamente han caracterizado a las mujeres cochabambinas, en su Llajta y fuera de ella, hasta el punto de ganarse el apelativo de “valerosas”.

Aquella moldura “made in Cochabamba”, que parece ser parte de un código genético que las vallunas llevan desde siempre y que quedó inmortalizada gracias a las Heroínas de la Coronilla y Nataniel Aguirre, en su libro “Juan de la Rosa”, ahora se ve reflejada en Estados Unidos.

Y esta moldura ha pasado a ser una característica de las bolivianas en general, por los innumerables emprendimientos personales, familiares y empresariales de estas mujeres que parecen no dar un solo paso sin dejar una profunda huella.

Quizá sea por eso que cientos de empresas en Virginia, Maryland y Washington DC marchan bajo la batuta de mujeres bolivianas y prosperan o nacen cada día en rubros como la gastronomía, la limpieza, el comercio, el cuidado personal, la moda, la construcción. Al igual que los emprendimientos personales, que han derivado en un reconocimiento colectivo de las instituciones de la sociedad norteamericana en áreas como la educación, el arte, la moda, el deporte e incluso la milicia.

Posiblemente se puede concebir aún en estos días que la maternidad es algo natural y obligatorio para las mujeres. Pero, además de destacar por sus cualidades personales o los emprendimientos personales, gran parte de las bolivianas también es madre de tiempo completo y jefa de familia en un país extraño y con un idioma distinto al materno. Doble esfuerzo, o quizá triple, pero con frutos que saltan a la vista en casi cada espacio que se puede observar en el área de la capital de EEUU.

LAS VALEROSAS

Ejemplos como el de la maestra Julia García, que llegó con sus dos niños y no tenía ni dónde pasar la noche; la joven diseñadora de modas Edith Cary, que arribó sin conocer a nadie y casi escapando de su casa hasta EEUU; Benita Cáceres y Marta Ortiz, propietarias de dos de los emprendimientos gastronómicos de comida nacional más populares; o la cantante Jiancarla Tizzera en Nueva York, son solo un puñado de muestras entre las decenas de miles de emprendedoras y exitosas en el país del Norte. Pero también son la inspiración y encarnan los sueños y desafíos de otras miles de bolivianas que actualmente comienzan, o que han hecho su vida y construido su familia, un hogar, trabajando casi anónimamente limpiando viviendas y oficinas, sirviendo en banquetes o cuidando a niños y ancianos.

Un factor común de la mujer boliviana que emigra es el firme propósito que tiene de poder, a corto o largo plazo, traer consigo al resto de la familia.

En la década de los 80, Adela Claros pisó suelo norteamericano en condiciones adversas. Había dejado en Cochabamba a una hija y un hijo, ninguno mayor de 10 años. “No conocía a nadie, no sabía inglés y no tenía dónde llegar”.

Con deudas para costearse el viaje, comenzó trabajando en limpieza para ir pagando, sobreviviendo y de a poco ahorrando con el objetivo de estabilizarse y poder reunirse con sus hijos en el nuevo país.

“Al principio trabajaba en lo que había para ganar para el alquiler y mandar dinero a Bolivia”, asegura.

Una vez que pudo demostrar capacidad, familiarizarse con el idioma y generar confianza en sus empleadores, comenzó a cuidar niños, sostiene.

“Pero, para mí, nada estaba completo sin mis hijos. Unos años después los pude traer y de ahí todo empezó a mejorar. Con la ayuda de ellos y su empuje me trasladé a una casa más grande y comencé a recibir más niños para cuidar”, cuenta.

Hoy, Adela dirige una sucursal de un “DayCare” o guardería en Maryland con su hija y pudo ser el pilar de toda su familia, hermanos y madre, que ahora viven en lo Estados Unidos.

Actualmente lo “valeroso” de las cochabambinas es solo el estandarte simbólico para englobar a cientos de miles de mujeres bolivianas, de todas las latitudes de la Patria, que emprenden una lucha en busca de días mejores en ese país. Y que en todas las jornadas muestran ese carácter emprendedor, de responsabilidad y trabajo con el que ya se han ganado un lugar de respeto en una sociedad tan multicultural como la estadounidense.

Por esas humildes luchadoras que día a día pasan incluso por la Casa Blanca, por esas celebridades que brillan ante el mundo con luz propia como la boxeadora cruceña Jennifer Salinas o la periodista paceña Silvana Quiroz, entre muchas otras que desde el anonimato trabajan en el Ejército, la Policía, en las escuelas, las universidades, los medios de comunicación o el mundo de la moda.

Apuntes



Esfuerzo

Muchas de las mujeres bolivianas que migraron a Estados Unidos llegaron a ese país con la ropa que tenían puesta, según los testimonios de varias de ellas. Años, o décadas después, lideran exitosos emprendimientos en varios rubros.

La familia

Si bien la mayor parte de las mujeres migrantes viajó al país del norte sola, con el transcurso de los años muchas lograron llevar a su familia, especialmente a sus hijos, con quienes, afirman, cobraron más fuerza para trabajar y seguir adelante.

Desde abajo

Las mujeres y madres de familia bolivianas, en Virginia, no se amilanan ante ningún reto, y menos en el trabajo.

Ejercen desde el cuidado de los niños y ancianos, tareas en la gastronomía, el comercio, la limpieza, la moda y trabajos pesados como la construcción, entre algunos.

Asimismo, las mujeres cumplen el rol de madres, jefas de hogar y, en muchos casos, son el único sustento de sus hogares y familia.








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