Cochabamba, Bolivia, Domingo 14 de mayo de 2017
Informe Especial
En nueve años, la Comunidad Inti Wara Yassi ha recibido más de cinco mil extranjeros, entre profesionales y aficionados por la vida silvestre. A diferencia de otros proyectos, este requiere de mucho esfuerzo físico.

Ayuda a animales en el Parque Machía es la que más atrae

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Por: Jhenny Nava B. jnava@opinion.com.bo | 14/05/2017


Veterinaria de profesión, la belga Julie Baillk cumplirá en pocos días un año de voluntariado en el Parque Machía de Villa Tunari, una de las instituciones que ha recibido más apoyo extranjero en el departamento.

Desde que el programa inició en 1998 han pasado más de cinco mil voluntarios por el parque silvestre que alberga monos capuchinos, monos araña, una variedad de aves, osos hormigueros, tortugas y hasta pumas, entre otros animales.

Julie llegó a Cochabamba por referencia de otro veterinario de su país que ya había conocido el parque y que se llevó una buena experiencia del voluntariado.

Dejó su familia y amigos para conocer de manera más cercana la vida de los monos araña, animales en los que se quiere especializar.

Como Julie, otros 18 voluntarios de Inglaterra Francia, Australia, Israel y Noruega trabajan diariamente por el bienestar de los animales silvestres que son recuperados de la trata o cautiverio.

La Gobernación de Cochabamba y los municipios del Trópico entregan a estos animales para que puedan vivir libres en su habitad y recuperarse de los maltratos de los cuales hayan podido ser víctimas.

La responsable del programa Inti Wara Yassi (CIWY), Nena Balcázar, señala que sin la ayuda de los voluntarios extranjeros el parque no podría subsistir, pues son ellos los que colaboran con más del 60 por ciento de los trabajos que se requieren.

Entre las actividades que realizan están el mantenimiento del hábitat, el preparado de comida, trabajos de construcción, juegos para los animales y revisiones médicas.

Estas tareas se hacen con la colaboración de un similar número de personas bolivianas que trabaja en el parque de manera permanente, pero que recibe una baja remuneración por ello.

A diferencia de otros voluntariados trabajar con animales requiere de mucha energía, pues las actividades inician a las 7:00 horas y terminan cuando el sol termina de esconderse.

Los voluntarios que viven en una zona cercana al parque deben estar muy temprano para desayunar y comenzar a realizar sus tareas programadas.

Algunos incluso deben subir al monte para hacer los controles de los animales y quedarse allí todo el día llevando su propia alimentación.

Pero la experiencia para muchos extranjeros es tan satisfactoria que no basta con unos meses o años para compartir y trabajar por los animales.

Balcázar sostiene que los voluntarios en la mayoría de las ocasiones retornan al parque para continuar aportando o visitar a los monos, pumas u otros animales a los cuales les tomaron cariño.

Uno de los casos que más la impactó fue el de una pareja de ingleses que se conocieron haciendo el voluntariado en el parque y decidieron formar una familia.

Sara Brimble trabajaba con los monos araña y en especial, cuida de uno de nombre Octavio, mientras que Matt, su actual esposo se ocupaba de un puma de nombre Sonko. La última vez que volvieron al parque como esposos fue por un año. Es tan grande el amor que tenían por las mascotas que cuidaban, que decidieron bautizar a sus dos primeros hijos con el nombre de estas.

Su primer hijo de seis años lleva el nombre del mono araña Octavio y el segundo del puma Sonko. Octavio Brimble y Sonko Brimble ya son ademas parte de la familia de CIWY y volverán cada vez que sea necesario hacer una visita junto a sus padres.

Una historia parecida fue la que vivieron dos Suecos en el parque que, además de enamorarse, tuvieron su primer hijo en el hospital de Ibuelo, cuenta Balcázar.

En el caso de la comunidad CIWY, que también vela por animales en parques de La Paz y Santa Cruz, los voluntariados pueden realizarse en distintos plazos.

Pueden ser semanas, meses o años.

Balcázar cuenta que hubo el caso de una persona que permaneció cinco años con la institución.

“También hay voluntarios americanos que siempre vuelven durante sus vacaciones los meses de diciembre y enero”.

Rebeca una mujer de más de 60 años llega al menos una vez por gestión desde Israel para ayudar en tareas menores y colaborar con los voluntarios.

Entre los requisitos para formar parte del equipo de voluntarios está el hablar español, tener una buena salud y condición física además del deseo de interactuar con los animales.

Los voluntarios pagan sus pasajes y estadía en Bolivia y después de un periodo de tiempo pueden obtener el permiso para realizar un tour por Bolivia.

Trabajo intenso

El trabajo en el Parque Machía requiere de mucha dedicación y esfuerzo porque se debe convivir con los animales e incluso ingresar al monte para estar con ellos en su hábitat.

Nena Balcázar

Directora Parque Machía








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