Cochabamba, Bolivia, Domingo 9 de abril de 2017
Informe Especial
Dos unidades educativas privadas trabajan con profesores especializados y tratan de adecuar los contenidos para estos estudiantes. En el ámbito público todavía no se conoce de estas experiencias.

Colegios a paso lento se abren a la inclusión de niños Down

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Por: Jhenny Nava B. jnava@opinion.com.bo | 09/04/2017


Querido por sus amigos, amante del fútbol, la cocina y la música y un compañero excepcional en clases, así es Felipe Nava Barrenechea, un estudiante con síndrome de Down del quinto de secundaria del Colegio Alemán Federico Froebel, (CAFF) establecimiento que hace más de tres décadas se abrió a la inclusión de niños con discapacidad.

Gerson, es su psicopedagogo, que lo acompaña en clases y adapta los contenidos para su comprensión. Su curso tiene además de un maestro, el apoyo de este profesional que interactúa con todos los estudiantes y adapta a Felipe que es el mayor de sus compañeros con 21 años.

Pese a que las personas con el trastorno genético tienen un coeficiente intelectual más bajo, el colegio para él no ha sido una batalla difícil de lidiar, sino más bien un espacio en el que pudo desarrollar su intelecto y en el que se prepara para enfrentar al mundo, cuenta su madre Teresa.

Ya puede leer, escribir y realizar operaciones matemáticas gracias a la formación que recibió en el colegio.

El CAFF es una de las pocas unidades educativas que poco a poco ha ido abriéndose camino a la inclusión y tiene entre sus estudiantes niños y jóvenes con el síndrome y otro tipo de discapacidades.

Además ha optado por un método de adaptación para que los niños puedan comprender los contenidos.

Durante sus primeros años Gerson era una especie de amigo y profesor personal para Felipe, todo lo que él necesitaba debía facilitárselo, pero con el paso de los años el joven fue afianzando su independencia y ahora el trabajo con el maestro de apoyo es solamente de adaptación en los contenidos de las materias.

Su madre comenta que para lograr que él sea independiente lo inscribieron solo en el colegio. Felipe es el mayor de cuatro hijos, que están en otra unidad educativa para evitar que haya una dependencia.

Todos los días sale de su casa muy temprano, espera el bus y retorna de la misma forma a su casa. Al llegar, en algunas ocasiones se prepara solo su comida y hace sus tareas.

La disciplina con horarios es muy importante para él, virtud que aprendió cuando una de sus profesoras le cerró la puerta del curso por llegar tarde.

Al salir del colegio Felipe sueña con desarrollarse en el ámbito de la música o ser chef.

El legado que su madre le quiere dejar es la preparación y educación para desenvolverse en alguna actividad que le genere sus propios ingresos.

La convivencia con chicos de su edad y el trato igualitario que ellos le dan han sido una de las claves para su bienestar, asegura su madre.

Al igual que el resto de sus compañeros Felipe realiza todas las actividades propias de un estudiante incluyendo los viajes.

Hace un año fue una de sus primeras experiencias con una visita que su curso hizo a Toro Toro, pero también quiere participar del viaje de promoción el próximo año.

Pero Felipe no es el único estudiante con el síndrome de Down en el CAFF, otros tres niños con el mismo trastorno genético, también tiene profesores de apoyo.

La psicóloga Isabel Calatayud que ha buscado ayuda en España para poder adaptar contenidos escolares para estos niños hace ya más de 15 años cuenta que la experiencia de ese colegio con la educación inclusiva data de los años 80.

Una de las primeras alumnas que fue incluida en un curso regular fue María Maldonado, una niña española que aprendió a leer y escribir en ese colegio.

Actualmente, la joven está becada en España y vive en una residencia universitaria.

Estudió aproximadamente seis años en el colegio y se graduó en España.

Sin embargo, el CAFF también ha tenido jóvenes que han culminado estudios en sus aulas y se han graduado en los últimos años.

Calatayud recuerda que al menos son dos los jóvenes con el síndrome que salieron bachilleres de allí en los últimos cinco años.

La psicóloga destaca la importancia de llevar a los niños a un colegio regular desde nivel inicial, ya que la adaptación al ambiente con chicos de su edad y el ritmo de trabajo resulta ser más fácil.

Con la experiencia que se tiene en el establecimiento, el inicio más temprano hace que los pequeños puedan comprender las enseñanzas de los maestros solo con unos meses más de retraso en comparación al resto de los niños.

“Por ejemplo, si el curso aprende a leer en abril, un niño con el síndrome podrá hacerlo en agosto, eso es lo que hemos visto con la experiencia. Igual que el resto de los compañeros va leer y va lograr una competencia con el resto del grupo”.

Sin embargo, señala que cuando los contenidos son más dificultosos en tercero o cuarto de primaria debe haber un acompañamiento y atención más especializada.

En el ámbito privado otro de los colegios que sigue un modelo parecido es el Paulo Freire donde también hay otros tres niños con el síndrome que comparten con niños de su edad y en cursos regulares.

Hace 20 años, desde su creación este colegio ha cambiado la mirada de los padres de familia para volverse integral y recibir a niños con el trastorno genético.

A diferencia del CAFF este establecimiento se maneja con profesores que han sido capacitados para tratar a niños con diferentes tipos de coeficiente intelectual. Ellos no tienen un profesor especial por aula, pero tratan de adaptar los contenidos, señala el director académico Óscar Cavero.

“Hay un ambiente totalmente normal con los niños Down, los chicos del colegio ya los conocen y no hacen ninguna diferenciación”.

El presidente de la Asociación de Colegios Particulares de Cochabamba, (Andecop), Genaro Durán indica que muchos colegios están intentando aplicar la Ley Educativa Avelino Siñani que en su artículo tres señala que las personas asociadas a la discapacidad deben ser incluidas en los colegios sin discriminación.

Los casos de los dos colegios anteriormente mencionados demuestran que las personas con síndrome de Down responden positivamente al sistema educativo regular y más aún cuando se lo hace desde la etapa inicial, modelo que en muchos países del mundo ya se aplica con normalidad.

En el ámbito público todavía no hay colegios regulares que incluyan a chicos con el síndrome en las aulas.

Así lo asegura el director de educación regular del Servicio Departamental de Educación Jorge Ponce, quien sostiene que requieren de un tratamiento especializado que los maestros de estos colegios no pueden dar.

Esta situación condena a algunos padres que no cuentan con recursos económicos a limitar el desarrollo intelectual de sus hijos y que estos tengan que acudir a centros de enseñanza especializada.

El viceministro de Educación Alternativa, Noé Aguirre, indica que se está trabajando para que dependiendo del grado de discapacidad se incluya a estos niños en los colegios públicos, sin embargo es un trabajo que recién se está encaminando.

Por el momento los padres de escasos recursos que requieran de capacitación para sus hijos deben acudir a la unidad de educación especial del Seduca para ser evaluados y asignados a algún centro.

ASOCIACIÓN DE PADRES Con el objetivo de integrarlos a la sociedad varios padres fundaron hace más de diez años la Asociación Síndrome de Down Cochabamba (ASDC) que da apoyo a 87 niños, jóvenes, niños y adultos de todo el departamento.

Allí pequeños y grandes reciben apoyo para el desarrollo de su intelecto.

Uno de los programas es de lexicoescritura, para reforzar lo aprendido en el colegio o el centro al que asista el niño.

La estimulación visual es una de las terapias dirigidas a los más pequeños, incluso recién nacidos.

Con la ayuda de una especialista y actividades en un cuarto oscuro se trata de que el niño haga un uso efectivo de su visión.

También tienen el área de fonoaudiología una de las más importantes para que los niños aprendan a comunicarse y comprender el lenguaje.

Independencia en el hogar es otra asignatura que permite que los niños y jóvenes puedan aprender a hacer las tareas esenciales como lavar los platos, tender la cama, y ordenar sus habitaciones.

En la materia de deportes, una de las actividades que más les gusta a los niños con síndrome de Down son las clases de zumba, terapia que sirve para desestresar y divertir a los chicos.

Las terapias solamente tienen un aporte mínimo de cinco bolivianos y reciben ayuda de algunas instituciones del exterior que colaboran con las remuneraciones de los profesores.

Jovana Valdivia, vicepresidenta de la ASDC indica que los padres de chicos con el transtorno genético también reciben apoyo psicológico, sobre todo en la primera etapa que es la más difícil para los progenitores y en la que se debe aceptar y apoyar a toda la familia.

Además de la Asociación existen en Cochabamba otros centros privados que dan apoyo a estos niños, como Cereco, Arcoiris y Avanza, pero el que aglutina mayor cantidad de chicos con el síndrome es la que está impulsada por los propios padres y que funciona solamente en horas de la tarde, como una especie de apoyo.








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