Cochabamba, Bolivia, Domingo 9 de abril de 2017
Informe Especial
Alejandra, de 14 años, es amante de la pintura, la música y la pasarela. Hace poco cambió el colegio regular por un centro especializado.

Estela se enteró del síndrome de su hija después de dar a luz

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09/04/2017



Como ocurre en la mayoría de los casos, Estela Cossío se enteró que su hija Alejandra, tenía síndrome de Down pocos minutos después del nacimiento.

Los controles ecográficos que se realizó durante la etapa del embarazo no fueron suficientes para detectar el trastorno genético.

“En ese tiempo no había la tecnología que hay ahora para saber si la bebé tenía algún problema, y la noticia me fue dada por el médico cuando acababa de salir del quirófano”.

Estela reconoce que en el primer momento sintió miedo y angustia por la llegada de su cuarta y última hija, pero hoy asegura que no podría vivir sin ella.

“Es mi compañera para toda la vida”.

A las dos semanas de nacida Alejandra inició varias terapias para poder desarrollar su intelecto.

Como cualquier otra niña ingresó a taller inicial y kinder, para seguir la colegiatura hasta el sexto de primaria. Todo en colegios regulares y privados.

Hace poco su madre vio la diferencia en su desarrollo en el colegio y decidió ponerla a un centro especial, en el que pasa clases por las mañanas.

Las tardes son dedicadas totalmente a las actividades artísticas como pintura, piano y danza.

En la clase de zumba que pasa en la Asociación Sindrome de Down Cochabamba ocupa la primera fila y no pierde de vista ni un paso. Es calificada por su profesor como una chica dinámica y divertida.

“Estar con ella me ha dado grandes satisfacciones y momentos”, comenta su madre.

Una de las actividades que más le gusta hacer a Alejandra es el modelaje.

Uno de los grandes sueños de su madre es poder festejarle su fiesta de 15 años.

Hoy Alejandra, tiene 14 años, y aunque todavía no pudo desarrollar a plenitud el habla, entiende perfectamente todo lo que se le dice y basta con una mirada y sonrisa para poderse conectar con ella.

En el centro al que asiste ha aprendido a usar el lenguaje de señas para comunicar lo quiere o necesita.

Su madre cuenta que se trata de un lenguaje parecido al de los sordomudos y que le ha servido de mucho para poder entenderse.

En su casa, Alejandra es ordenada y muy disciplinada, le gusta compartir con su familia y salir de paseo.

Su madre no teme en ocultar que Alejandra es su hija favorita y que no podría vivir sin ella.

 Aceptación

“He aceptado con mucho agrado la vida de mi hija, y soy muy felíz, no sé qué haría sin ella”








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