Cochabamba, Bolivia, Domingo 9 de abril de 2017
Informe Especial
Teatro, estimulación e imitación son algunos de los factores claves para implementar el proceso de enseñanza aprendizaje en niños que tienen alguna discapacidad. Ellos deben, en lo posible, incluirse en la educación regular.

Guinda Linda, centro de referencia para niños con síndrome de Down

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Por: JORGE FERNÁNDEZ B. jfernandez@opinion.com.bo | 09/04/2017
Anthony (d), junto con sus compañeros, pasa clases de teatro en la unidad educativa Guinda Linda.

Anthony tiene siete años y asiste regularmente desde 2013 a la unidad educativa Guinda Linda, un centro de “referencia” para la atención de niños con síndrome de Down. El padre de este niño y sus profesoras destacan que gracias a la estimulación que recibe en el centro, él logró caminar y pronunciar “bastantes palabras” para hacerse entender.

La directora del establecimiento, Marcia de La Fuente, señala que en el caso de Anthony se trabajó con la motricidad gruesa para fortalecer sus músculos y que pueda caminar.

El niño pronuncia palabras como mamá, papá, vamos, jugaremos, entre otras, para comunicarse con su familia y compañeros en el aula. Los sonidos guturales y gestos con las manos son también herramientas que Anthony utiliza para hacerse entender.

Mateo es otro niño con síndrome de Down y el avance en su aprendizaje es “importante”. Pronuncia bastantes palabras, reconoce los colores, describe e identifica objetos y “conversa con sentido”.

Ambos niños, Mateo y Anthony, están integrados a prekínder y kínder. Llevan tareas para la casa.

El padre de Anthony, Leonel Salazar, quien lo espera a la salida del establecimiento educativo, asegura que ahora está más satisfecho con el desarrollo de su hijo, porque se hace entender y es cada días más independiente.

De La Fuente hace énfasis en el rol que deben cumplir los padres. Si ellos se involucran en el proceso de enseñanza aprendizaje, los resultados son más que satisfactorios; caso contrario, todo lo que se ha trabajado en el aula se diluye.

TEATRO

Los niños observan con detenimiento a la maestra mientras ella ejercita diferentes expresiones con su cara. Inmediatamente la imitan: fruncen el ceño, agrandan los ojos, los achican o dibujan en sus rostros una sonrisa.

“Cara de furioso, de alegre, de cansado”, repite la maestra y los niños la imitan. Se ponen de pie, encogen sus cuerpos, caminan lento, rápido y se echan al piso.

Este grupo de niños se encuentra en una clase de teatro que imparte la profesora Elena Chamaco Romero en la unidad educativa Guinda Linda.

La maestra destaca que las clases de teatro son fundamentales para que los niños con Síndrome de Down puedan socializar con sus compañeros.

BENEFICIOS

Marcia de La Fuente Bloch puntualiza que integrar a un niño con síndrome de Down a una escuela regular trae consigo más de un beneficio.

Estos niños aprenden por imitación. Repiten lo que la maestra les enseña en el aula o las actividades que realiza, además de normas básicas y hábitos.

Subraya que si un niño escucha todos los días los saludos, por ejemplo buenos días, empieza a repetir hasta que se convierte en un hábito. De esa manera aprende el lenguaje, por imitación.

"En el aula, cuando un niño dibuja, el que tiene Down trata de imitarlo, empieza a garabatear y hacer la misma actividad".

Para que el desarrollo de estos niños sea lo más regular posible, es importante que los padres, su entorno familiar, los maestros en la escuela y sus compañeros los traten con normalidad y no como a una persona con alguna discapacidad.

De La Fuente destaca que es también importante la estimulación para que estos niños vayan a la par de sus compañeros, por lo menos en los primeros años del nivel inicial.

Un niño con síndrome de Down que ha recibido una adecuada estimulación puede aprender a hablar y a ser independiente, en la medida de lo posible. Es importante que aprenda las actividades de la vida diaria: bañarse, vestirse, comer, caminar y hablar, entre algunas.

NO BASTA LA LEY

De La Fuente recuerda que la Ley 070 (Avelino Siñani- Elizardo Pérez) promueve la inclusión de las personas con discapacidad en el sistema educativo regular.

Sin embargo, advierte que la ley no es suficiente para que los niños con síndrome de Down, o con otras discapacidades, sean integrados a la escuela regular. Para que se realice un trabajo más eficiente con estos niños se requiere que se cumplan dos condiciones: maestros capacitados en la atención de esta población y condiciones físicas (infraestructura) adecuadas.

Un centro, colegio o unidad educativa requiere de rampas de acceso, para los niños que no pueden caminar, espacios grandes, mobiliario pequeño, de acuerdo al tamaño de los niños, en suma, eliminar los riesgos (puntas de los muebles) y barreras arquitectónicas.

El proceso de enseñanza, diagnóstico y evaluación, según de La Fuente, debe ser individualizado, y más aún cuando se trata de niños con síndrome de Down.

Un obstáculo con el que tropiezan las personas con síndrome de Down que logran concluir la escuela y, en el mejor de los casos, salir bachilleres es que no encuentran un espacio laboral ni profesional.

Dificultades

La comunidad no valora, a veces, las capacidades de los niños con Down.

La pedagoga Marcia de La Fuente lamenta que todavía persista la discriminación hacia estos niños, incluso en la propia familia.

Si un padre ve a un niño con síndrome de Down en una escuela, duda en dejar a su hijo en el mismo lugar.








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