Cochabamba, Bolivia, Domingo 3 de noviembre de 2013
Informe Especial
SU APEGO A LA RELIGIóN CATóLICA ESTá MARCADA DESDE SU NACIMIENTO, LLEGó AL MUNDO UN VIERNES SANTO

Melgarejo, amado por tarateños e invocado por grupos espiritistas

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Por: zulma camacho g. zcamacho@opinion.com.bo | 03/11/2013
La calavera de Mariano Melgarejo es resguardada en el templo de Tarata. dico soliz

La memoria de Mariano Melgarejo Valencia, uno de los expresidentes de Bolivia, continúa vigente a más de 100 años de su muerte. Siendo oriundo del municipio de Tarata, su gente aún lo recuerda como uno de sus hijos predilectos, pero también existen grupos espiritistas que invocan su memoria.

Su fuerte apego a la religión católica, que a la fecha profesan sus coterráneos, fue tal vez uno de los aspectos que lo ligó fuertemente a las costumbres del pueblo.

La religión católica marcó la vida de Melgarejo, desde su nacimiento hasta su muerte, ya que vino al mundo un Viernes Santo (13 de abril de 1820 ) y luego de ser asesinado en el exterior, sus restos fueron repatriados y ahora permanecen en el templo de Tarata.

Los relatos se transmiten de boca en boca y de generación en generación. “Dicen que el General (Melgarejo) encabezaba la procesión de nuestra patrona”, explicó el vicario parroquial de Tarata, Christian Rojas.

Hasta hace algún tiempo era común escuchar misas ofrecidas al alma del expresidente. “La gente dice que les protege de las personas malas. El era muy católico”, explicó Rojas.

El libro “Dichos y hechos de Melgarejo” son un reflejo de la peculiaridad de este personaje, fuertemente cuestionado en temas estatales, pero querido entre su gente.

“Haya hecho lo que haya hecho, para nosotros es un orgullo que un tarateño haya sido Presidente del país”, expresó uno de los vecinos que prefirió mantener en reserva su identidad.

Pero, Tarata no sólo se jacta de haber tenido un presidente sino dos, con René Barrientos Ortuño (1919 - 1969), además del caudillo de la liberación, Esteban Arze (1765 - 1815).

Estando en función de gobierno, Melgarejo trasladó la Sede de La Paz a Tarata.

Su determinación no fue respetada y la Sede volvió a La Paz cuando ingresó el nuevo Gobierno.

Por muchos años Melgarejo estuvo alejado de su tierra. Murió asesinado a tiros el 23 de noviembre de 1871, a manos de su excuñado Aurelio Sánchez, en Lima, Perú.

Desde entonces sus restos permanecieron en esta ciudad hasta que un grupo de espiritistas los recuperó tramitando su repatriación.

“Yo escucho a la gente decir que espiritistas invocaban al alma de Melgarejo para sus rituales”, contó el exdirector de Cultura de Quillacollo, Carlos Vargas.

Un día, un despacho radial transmitido desde La Paz, daba cuenta de que los restos de Melgarejo habían llegado al país y serían incinerados.

“Decían que ese grupo logró hablar con el espíritu de Melgarejo y que él les dijo que no podía descansar en paz, que su deseo era volver a Bolivia y ser incinerado”, acotó Vargas.

Tal fue el cariño de los tarateños, que aún después de muerto arrebataron los restos de su paisano cuando éstos iban a ser incinerados. Se rindieron actos de homenaje cuando los huesos de Melgarejo fueron repatriados y llegaron a Tarata.

Después de una misa en su nombre, el pueblo se concentró frente al templo y con escopetas en mano reclamaron su cuerpo.

El acuerdo pacífico al que se llegó fue que sus restos puedan ser depositados en algún lugar al que todos pudieran acceder. Es así que desde entonces la calavera del exmandatario permanece en una urna instalada en el templo del pueblo.

Antiguamente, su urna de cristal permitía a todos ver la calavera pero ahora está cubierta con una tricolor nacional.

Además de todos los homenajes en vida y después de muerto, destaca uno realizado por un grupo del Centro Espirita Luz, Amor y Esperanza “Hno. Erasto”.

Una plaqueta conmemorativa queda como testimonio de su respeto y admiración a Melgarejo. “Honor y gratitud al Gral. Mariano Melgarejo. Expresidente de Bolivia. Misión cumplida”, dice la inscripción en la placa dejada por la mesa directiva del grupo Espirita en noviembre de 1995.

Cada 13 de abril, fecha en la que se conmemora su nacimiento, miembros de este grupo llegan desde La Paz a prenderle velas y dejarle flores.

“Parece una ironía, porque en una oportunidad él dijo a sus tropas ‘O me seguís o les destapo los sesos’ y murió con un disparo en la sien”, reflexionó el sacerdote Rojas.






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