Cochabamba, Bolivia, Domingo 6 de abril de 2014
Escenario Político

Un robo frustrado cambió futuro de Evo, cocaleros y Bolivia

Por: René Quenallata | 06/04/2014

Evo Morales junto a sus familiares en su natal Orinoca. Imágenes tomadas de “Mi Vida. De Orinoca al Palacio Quemado”.

El futuro de Evo Morales, de los cocaleros, de gobiernos, de muchos bolivianos, en fin de Bolivia, se resume a una anécdota crucial de su vida, el robo frustrado de 10 mil dólares que llevaba en una “maletita”, como él lo llama humildemente, para comprar un chaco en el trópico de Cochabamba, donde atrincheró su vida para emerger desde ahí como presidente, tras una larga trayectoria de lucha en la dirigencia sindical.

En su autobiografía, titulada “Mi vida. De Orinoca al Palacio Quemado” se reseña un comentario de la hermana de Evo, Esther, quien recuerda dicho episodio que su padre le contó “Harta plata era (10 mil dólares), con eso compraron el chaco, si se robaban la plata, cuál hubiera sido el destino de Evo, en el campo se hubiera quedado, hubiera sido músico, qué hubiera pasado”.

El libro relata con ese estilo sencillo e inocente, a la vez sin aires de grandeza, menos de buscar ser una obra literaria de los grandes best seller, sino de constituirse en una motivación y enseñanza para las nuevas generaciones de bolivianos que con esfuerzo, dedicación, humildad, trabajo, honestidad y compromiso pueden cambiar el rumbo de sus vidas y de Bolivia.

En el texto de más de 369 páginas, investigado y editado por el exministro Iván Canelas, Morales revela varias facetas de su vida hasta llegar a Palacio Quemado. En las últimas hojas narra cómo le fueron sustraídas la medalla de reconocimiento que debían entregarle en el acto de su posesión en 2006 y la réplica del sable de Simón Bolívar, regalada por Hugo Chávez.

Incluso comenta del por qué el nombre Evo y cómo en dos oportunidades se salvó de morir.

EL ROBO

Era un martes 9 de enero de 1979 cuando salió del Estado Mayor, vestido de civil, junto a su primo Santiago Morales. “Estábamos con nuestras maletas de madera, nos fuimos a la Terminal de Buses de La Paz y subimos a un bus para irnos a Oruro donde mi papá nos estaba esperando”, cuenta.

Por algunos meses se reincorporó a la Banda Imperial porque estaba cerca el Carnaval, cumplió su objetivo e incluso viajó por algunos lugares del país como trompetista.

Tras algunos meses del año 1979 comenzó a dejar la trompeta. Luego pensó en ingresar a la Universidad o un instituto superior “quería estudiar comunicación social para ser periodista”.

Comenzó a gestarse insospechadamente su migración al trópico de Cochabamba.

Morales está convencido que cuando la gente del altiplano se va al oriente lo hace por problemas económicos, sequía, helada o granizada.

Narra que cuando perdieron toda la producción por la sequía en su natal Orinoca viajó con su padre a Cochabamba, posteriormente a Lauka Ñ donde comenzaron a buscar tierras para comprarlas e iniciar una nueva vida. Llegaron hasta Villa 14 de Septiembre, posteriormente al Sindicato Kilómetro 21 donde su padre negoció el precio para la compra de su futura propiedad, pero en un tiempo determinado debían llevar el monto acordado.

Tras retornar a Orinoca lograron prestarse 10 mil dólares de sus familiares para comprar esas tierras en el trópico. Pusieron en una pequeña maleta el dinero y retornaron al trópico.

Previamente en Cochabamba pasó un “gran susto” porque le intentaron robar el dinero, lo que hubiera cambiado el futuro presidencial de Morales y nunca se hubieran ido al trópico para comprar esa propiedad.

“Mi papá me dijo que lo espere en una esquina porque él no sé dónde fue. Yo estaba paradito y puse mi maletita con el dinero adentro, cerca de mis pies, pero en ese momento una persona se acercó y me dijo “quién hurgó este puesto de ventas”, instantes en el que otra persona agarró la maletita para darse a la fuga”, relata.

Confiesa que se le “heló el alma” porque un individuo corría tomando la maletita e inmediatamente se dispuso a perseguirlo para recuperarla porque en esa humilde valija pequeña iba la ilusión de cambiar su vida y la de su familia, de ser agricultores andinos a cosechar coca y frutas, pero sin pensar que algún día llegaría a ser el Presidente de Bolivia.

“Grité un ‘ajazo’ y corrí detrás del ladrón y antes de doblar la esquina soltó la maletita, si el ratero daba la vuelta no lo hubiera encontrado. Recogí la maleta (…) mi papá me preguntó por qué estaba asustado y le conté todo”.

“Si hubiera perdido el dinero, no solo que no habríamos tenido chaco, sino no hubiera habido dirigente ni Presidente de Bolivia”, dice.

Tras el susto llegaron al Chapare y se fueron directamente al kilómetro 21 del Sindicato San Francisco Bajo, donde cancelaron el dinero y compraron 10 hectáreas. “Yo me quedé y mi papá volvió a Orinoca a darle la noticia a mi mamá, además de traer una garrafa de gas, lámpara y otras cosas para vivir en el nuevo hogar porque no teníamos nada”.

­­Antiimperialista desde el inicio

Tras una pausa de algunos meses por la muerte de su papá, Evo retornó al sindicalismo para defender los derechos de sus compañeros. Llegaron varios dirigentes a su casa del kilómetro 21 para convencerlo que retorne a ser uno de ellos.

Para ser partícipe de una asamblea en Villa Tunari comenzó a pensar en una fórmula para enfrentar a los viejos dirigentes y esbozó el nombre de Frente Amplio de Masas Antiimperialistas (FAMA).

Le plantearon ser candidato a la secretaría ejecutiva de la Federación y aceptó el reto, pero previamente debatieron el nombre del frente, en el que se observó que el término antiimperialista era muy político y plantearon FAM (Frente Amplio de Masas), pero al final se quedaron con FAMA.

Con esa consigna se fueron a las elecciones en Cochabamba y perdieron por un estrecho margen.

En esa primera experiencia electoral cocalera, se vieron dos posiciones políticas, por un lado los jóvenes que propugnaron el cambio con una propuesta antiimperialista y por el otro los viejos con la visión proimperialista.

Esta primera experiencia dio a los antiimperialistas de Evo un impulso para continuar con ese principio y el argumento de defender los derechos de los afiliados y no beneficiarse del cargo.

“No nos hemos desanimado, teníamos mucha fuerza, más ganas pero teníamos que prepararnos”, asevera. Recuerda que en esa oportunidad se fue con una sola polera y le prestaron una chamarra para enfrentar el frío.

De retorno a sus tierras retomó la dirigencia sindical y amplió su base social y tomaron la Central más grande, eran 21 sindicatos y Villa 14 de Septiembre tenía 18 sindicatos.






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